Para algunas personas, vivir su fe mientras enfrentan preguntas personales puede significar atravesar momentos de mucha incertidumbre. Para JaQuavious, miembro de La Iglesia de Jesucristo, una de esas preguntas estuvo relacionada con su orientación sexual.

Su historia no gira únicamente alrededor de ser gay. De hecho, una de las ideas que más ha marcado su experiencia es precisamente esa: su orientación sexual es una parte de su vida, pero no es toda su identidad ni todo lo que define su relación con Dios.

Desde muy joven aprendió a reconocer el sentimiento de paz que experimentaba al acercarse al Evangelio de Jesucristo. Con el paso de los años, esa relación con Dios también se convirtió en el lugar al que acudía cuando no encontraba respuestas inmediatas.

Una fe que comenzó en la infancia

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

 JaQuavious no creció asistiendo a la Iglesia. Cuando tenía alrededor de cinco años, su familia acostumbraba leer las Escrituras en casa, pero no pertenecía a una congregación.

La situación cambió después del fallecimiento de su abuela. En medio de ese momento difícil, una de sus tías oró pidiendo más luz y esperanza para la familia. Poco después, los misioneros llegaron a su hogar y comenzaron a enseñarles el evangelio.

Cuando tenía seis años visitó por primera vez una capilla de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Lo que recuerda de aquel momento es paz y tranquilidad.

Ese sentimiento hizo que quisiera regresar. Con el tiempo, su familia se bautizó y él fue bautizado a los ocho años.

Años después, incluso tuvo la oportunidad de reconocer nuevamente esa sensación. Cuando visitaba la iglesia de su madre, que pertenecía a otra denominación cristiana, disfrutaba estar con ella, pero notaba que extrañaba la paz que había sentido en la Iglesia.

Para él, esa experiencia se convirtió en una de las primeras maneras en que aprendió a reconocer la influencia del Espíritu Santo.

Una misión que respondió a una oración

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

A los 18 años recibió el llamamiento para servir una misión en Buenos Aires Oeste, Argentina, en 2015.

Antes de recibirlo, había orado varias veces pidiendo la oportunidad de servir en otro país y aprender español. Finalmente, esa experiencia no solo le permitió servir como misionero, sino que también le dejó un idioma que años después le permitiría compartir su historia con otras personas.

Su testimonio del Evangelio parecía firme. Sin embargo, después de regresar de la misión comenzaron a surgir preguntas personales que no podía resolver fácilmente.

Cuando las preguntas comenzaron a aparecer

Mano apuntando al cielo
Imagen: Canva

En 2017, mientras estudiaba en BYU, comenzó a preguntarse cómo encajaban sus sentimientos y su futuro dentro de lo que había aprendido sobre el matrimonio y la familia.

Las clases sobre familias eternas y matrimonio hicieron que enfrentara una pregunta que no sabía cómo responder: 

¿Qué debía hacer si no sentía atracción por las mujeres, pero deseaba seguir viviendo de acuerdo con el evangelio?

No encontró una respuesta inmediata. Oró, habló con su obispo y acudió al templo buscando revelación. También atravesó momentos de ansiedad y depresión que afectaron incluso su capacidad para concentrarse en sus estudios.

En medio de esa incertidumbre, comenzó a preguntarse por qué Dios lo había creado de esa manera y si todavía podía sentirse amado por Él.

No fueron preguntas que resolviera de un día para otro. Su proceso fue mucho más gradual.

“No necesito tener todas las respuestas ahora”

Imagen: Venir a Cristo

Con el tiempo, JaQuavious encontró algo que sí podía reconocer con claridad: aunque todavía tenía preguntas, seguía sintiendo el amor de Dios y la compañía del Espíritu Santo.

Comenzó a estudiar las Escrituras con mayor intención, a orar y a buscar revelación personal. Poco a poco, su fe dejó de depender de tener una respuesta inmediata para cada pregunta.

Una de las ideas que más repite al hablar de este proceso es que aprendió a avanzar “línea por línea, precepto por precepto”. Para él, tener fe no significaba entender completamente lo que ocurriría en el futuro. Significaba confiar en Dios mientras continuaba buscando Su guía.

“Dios siempre tomó mis manos”

Explicó al recordar algunos de esos momentos, y describió el sentimiento que recibió, Dios lo amaba, aunque todavía no conociera completamente Su plan para él.

Esa certeza se volvió más importante que las respuestas que todavía no tenía.

Cuando necesitó tomar distancia

Imagen: masfe.org

También hubo momentos en los que asistir a la Iglesia se volvió difícil. Jquios explicó que durante una etapa llegó a sentir enojo y conflicto interior. Por eso decidió tomarse un tiempo para buscar revelación personal y ordenar sus sentimientos antes de regresar.

No quería asistir simplemente por cumplir con una rutina. Quería volver porque realmente quería estar allí.

Durante ese tiempo buscó fortalecer su relación personal con Dios, lejos de las opiniones de otras personas. Después de una o dos semanas, sintió que podía regresar con mayor paz y con un testimonio que sentía propio.

Para él, la diferencia estaba entre asistir simplemente por asistir y vivir el Evangelio desde una convicción personal. 

También reconoció cuánto le ayudó contar con personas que lo acompañaron. Ese apoyo tuvo un impacto importante en su experiencia y le permitió sentirse más seguro dentro de su comunidad de fe.

“Ser gay es una parte de mi vida, no es mi vida”

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El Príncipe de Paz te rescatará. Imagen: Pinterest

Cuando se le preguntó cómo podía describir su experiencia siendo gay y, al mismo tiempo, miembro de la Iglesia, respondió con una idea sencilla:

“Ser gay es una parte de mi vida, no es mi vida”.

Para él, esa diferencia es importante porque no quiere que una sola circunstancia determine todo lo que es.

También explicó que sus experiencias lo llevaron a buscar más a Dios. En momentos en los que se sentía confundido o necesitaba ayuda, aprendió a acudir al Señor y a pedir Su mano.

Con el tiempo, esa experiencia también aumentó su empatía hacia otras personas que enfrentan diferentes dificultades. Dijo que cada persona puede estar atravesando una situación distinta y que todos estamos aprendiendo a caminar con Dios.

Sus propias preguntas no le enseñaron solamente sobre sí mismo; también le enseñaron a mirar con más comprensión las pruebas de los demás.

“Soy un hijo de Dios”

Imagen: Canva

Al final de la entrevista, resumió que ser hijo de Dios significa tener la oportunidad de sentir Su amor y contar con la compañía del Espíritu Santo.

También explicó que no quiere medir su valor únicamente por su asistencia a la Iglesia o por cualquier otra circunstancia externa. Su valor, para él, viene de Dios.

Por eso, su consejo para quienes atraviesan una situación similar es continuar avanzando. No ignorar las preguntas. No fingir que las dificultades no existen. Pero tampoco permitir que esas preguntas sean más fuertes que la certeza de que Dios escucha.

“Las cosas que son importantes para nosotros son importantes para Él”, compartió.

Y añadió una idea que resume buena parte de su experiencia: si estamos aquí un día más, todavía hay un propósito por delante.

Su historia muestra que está bien aceptar que algunas respuestas pueden tardar y continuar construyendo una relación personal con Dios.

Porque, para Jquios, antes de tener todas las respuestas, hay una verdad que sí puede sostener: es un hijo de Dios y quiere seguir caminando con Él.

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