“Miembro Santo de los Últimos Días comparte su historia de conversión, como conoció el Evangelio de Jesucristo y cómo lo ayudó cambiar mientras se encontraba en prisión.”

Mientras estaba en prisión, tuve mucho tiempo para reflexionar. Pero no fue hasta que tropecé con una revista en la basura que comencé a encontrar las respuestas que estaba buscando.

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Estuve en prisión por 10 años. Durante ese tiempo, pasé por muchos cambios.

Cuando “entré” por primera vez, estaba enojado con todo y con todos, pero después de que nadie vino a visitarme, finalmente me di cuenta de que el problema era yo.

Juré que nunca me convertiría en uno de esos “fanáticos de la biblia” que encuentran la “salvación” en prisión, sólo para que la Biblia termine en la basura en el momento en que salen por la puerta. Por el contrario, empecé a reflexionar sobre los hechos de mi vida y lo que necesitaba.

Estudié budismo. Leí el Corán. Fui a los servicios católicos, a los servicios de Adventistas, a los servicios de nativos americanos, y así sucesivamente. Nada se sintió bien. En una ocasión, después de que me pusieron en confinamiento solitario, leí toda la Biblia, no tenía nada más que hacer, y quería más.

jesucristo

Entonces, un día, encontré una revista en la basura. Se llamaba Liahona. Tenía una gran imagen de Jesús en ella, y toda la revista se trataba sobre Cristo. Me enamoré de la revista, así que empecé a buscar miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Pregunté por ahí y alguien me dijo: “Sí, son los mormones.”

Encontrar mormones en prisión no fue una tarea fácil; pero finalmente, un compañero de prisión me dijo que había uno que trabajaba en la biblioteca de la prisión. Irónicamente, era un hombre que no soportaba y que no me soportaba, sin embargo dejé de lado mis sentimientos personales y me dirigí hacia él de todos modos. Él me miró y dijo de una manera no tan agradable, “¿Qué quieres?” Le mostré la revista y le dije que quería aprender sobre el tema. Él me miró y dijo “¿Hablas en serio? Será mejor que no estés jugando conmigo.”

Cuando vio que hablaba en serio, todo su comportamiento cambió en un instante. Él sonrió y dijo: “Me encantaría. Ven conmigo.”

Tomó una copia del Libro de Mormón de la estantería y comenzó a contarme al respecto. También me dio la dirección de los Servicios Correccionales en Salt Lake City.

Con los años, les escribí sobre temas que estaban en mi mente y mi corazón. Un día, solicité les un libro de estudio bíblico, y lo que obtuve fue una guía de estudio para semanario sobre el Libro de Mormón.

A medida que mi interés en el Evangelio aumentó, comencé a buscar a otros miembros de la Iglesia en prisión. Cuando los encontré y les pregunté sobre su fe, todos tenían la misma expresión en sus rostros, una expresión de pérdida, anhelo, dolor y una expresión similar a “Me equivoqué”. Yo quería lo que fuera que había causado que ellos que se sintieran de esa manera. Eso tenía que ser bueno. Tenía que ser genial. Tenía que ser real.

El Libro de Mormón no me cambió en un principio, pero siempre parecía estar allí en tiempos difíciles. Y créeme, hubo muchos momentos difíciles en prisión. El punto de inflexión para mí fue cuando casi muero  de neumonía en prisión. Llegué al punto en que sabía que iba a morir, así que hice las paces con Dios. Le dije: “Oye, hay cosas que quiero hacer en este mundo, tengo que resarcir algunas cosas, tengo que pedirle perdón a las personas a las que lastimé. Pero, Dios, si me vas a llevar, lo acepto.” Por fin me encontré en paz, y lo he estado desde entonces, gracias al Evangelio de Jesucristo.

El Libro de Mormón me ha cambiado de muchas maneras.

conversión de un hombre

Hubo momentos en prisión cuando mis penas fueron tan fuertes debido a mi culpa, por las cosas que había hecho en esta vida, que quise que Dios destruyera mi alma (muy parecido a Alma en Alma 36:12 y 15, lo que realmente me tocó). El Evangelio me hizo querer ser una mejor persona. Yo quería devolver lo que recibí. Yo quería hacer las paces. Mis padres, a quienes no les gusta las organizaciones religiosas, incluso me han apoyado mientras continúo esforzándome para poder bautizarme debido a los cambios que han visto en mí.

Cuando salí de prisión, al principio quería encontrar un agujero y quedarme dentro de él. Pasar desapercibido, ir a la iglesia, paga mis impuestos y conseguir un trabajo; cosas normales. Pero, ahora no, por el contrario, elijo salir, ayudar a otros a través de mi servicio y mi testimonio. Una vez regalé siete copias del Libro de Mormón en un centro de rehabilitación en sólo una hora.

Aunque las cosas todavía son difíciles, amo mi vida ahora porque sé acerca de la Expiación y el plan que Dios tiene para mí. Y aunque mi recorrido en el Evangelio aún no está completo, quiero inspirar a otros en el camino. Espero que mi historia te haya inspirado.

Este artículo fue escrito originalmente por Kevin Carey y fue publicado por mormonhub.com bajo el título de “How a Piece of Trash Led to My Conversion in Prison”