En un mundo donde la información circula rápido y las narrativas cambian con facilidad, detenernos a escuchar historias reales sigue siendo una forma de aprender y también de crecer espiritualmente. Eso fue lo que ocurrió en Provo City Library, donde estudiantes y miembros de la comunidad se reunieron para escuchar a Faye Lincoln.
Su mensaje fue claro, directo y necesario sobre que recordar la historia con verdad no es solo un ejercicio académico, es una responsabilidad moral.
Cuando la historia se cuenta en casa o no se cuenta

Lincoln creció sin escuchar muchos detalles sobre lo que sus padres vivieron durante el Holocausto. Ambos sobrevivieron a campos como Auschwitz-Birkenau, pero eligieron el silencio durante su infancia.
Con el tiempo entendió por qué a veces, el silencio también es una forma de protegerse.
No fue hasta su adultez que comenzó a conocer realmente la historia de su familia. Y lo que encontró no fue solo dolor, sino decisiones, momentos clave y habilidades que marcaron la diferencia.
Ese descubrimiento cambia la perspectiva. La historia deja de ser lejana y se vuelve profundamente humana.
En el Evangelio, esto conecta con una invitación constante a recordar. En Libro de Mormón se repite una idea clave: “acuérdate”. Recordar no es solo traer al presente, es aprender para actuar mejor.
La importancia de contar la historia completa

Años después, Lincoln visitó varios campos de concentración en Europa del Este. Esperaba encontrar relatos claros sobre lo ocurrido. Pero algo le llamó la atención.
En algunos lugares, sintió que partes importantes de la historia estaban siendo minimizadas o presentadas de forma incompleta.
No se trataba de comparar sufrimientos, sino de entender algo más profundo. Cuando omitimos partes de la verdad, también limitamos lo que podemos aprender de ella.
Por eso valoró los espacios donde se mostraba el panorama completo, reconociendo el dolor de todos los afectados.
La verdad no compite. La verdad se complementa.
Esto también tiene una base espiritual. En Doctrina y Convenios 93:24 se enseña que “la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como fueron y como han de ser”. Es decir, una verdad incompleta no es realmente verdad.
“Nunca más” también implica responsabilidad personal

Una de las ideas más claras de su mensaje fue que, aunque recordar es importante, no es suficiente. Decir “nunca más” implica actuar de manera distinta hoy.
La libertad no se sostiene sola, requiere conciencia, compasión y decisiones informadas. Cuando una sociedad comienza a justificar el daño hacia otros por razones políticas, económicas o ideológicas, el riesgo no es solo histórico, es actual.
Este principio se conecta directamente con el Evangelio de Jesucristo. En el Nuevo Testamento, el Salvador enseñó:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” – Mateo 22:39.
En las Escrituras aprendemos que todos somos hijos de Dios, y que el valor de una vida no depende de su origen, cultura o contexto.
Redes sociales, desinformación y verdad

Lincoln también abordó un tema actual. El papel de las redes sociales en la difusión del odio o la distorsión histórica.
Explicó que los algoritmos tienden a amplificar contenido emocional o negativo, lo que puede hacer que ideas equivocadas se expanden más rápido que la verdad.
Su consejo fue práctico. No todo se corrige discutiendo. A veces, la mejor respuesta es aportar claridad cuando realmente podemos edificar.
Esto se conecta con un principio espiritual importante, nuestras palabras deben edificar (Efesios 4:29). La forma en que respondemos también refleja en quién creemos.
Tres formas de responder como discípulos

Lincoln propuso tres caminos concretos que encajan bien con una perspectiva cristiana:
- Conversaciones honestas. Escuchar con respeto incluso cuando hay desacuerdo. La verdad no necesita agresividad para sostenerse.
- Educación constante. Aprender y enseñar historia no como datos, sino como lecciones que nos ayudan a ser mejores personas.
- Responsabilidad social. Entender que nuestras decisiones, incluso en lo digital, tienen impacto en otros.
Como discípulos de Jesucristo, creemos en el valor de cada alma. Y eso incluye honrar la historia de quienes vinieron antes, aprender de sus experiencias y actuar con mayor luz hoy.
Recordar con verdad no solo preserva el pasado, también protege el futuro.
Fuente: The Daily Universe
