Dios derrama bendiciones que sobreabundan

Todos anhelamos tener nuestras oraciones contestadas. Confiamos en Dios cuando Él dice: “Pedid y recibiréis. Llamad y se os abrirá”. Esperamos que las bendiciones del cielo sean nuestras si las pedimos fiel y persistentemente a Dios. Muchos de nosotros conocemos esta escritura (o sus verdades) de memoria:

“Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”(Malaquías 3:10).

A menudo citamos esta escritura para alentar el pago fiel del diezmo y la recepción fiel de las bendiciones de Dios para tal obediencia y sacrificio. Sin embargo, al examinar más detenidamente este pasaje de las Escrituras, podemos sorprendernos de lo que Dios promete: “…os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

¿Cuáles son las “Ventanas de los Cielos”?

Una búsqueda revela que esta frase sólo aparece tres veces en la Biblia: dos veces en Génesis 7-8 y una vez en Malaquías 3. Pero, ¿qué hay en Génesis 7-8 que es relevante para Malaquías 3 y, en última instancia, instructivo a nuestras expectativas de las promesas de Dios?

La inundación de Noé.

Después de que Dios mandara a Noé y a su familia a que entraran al arca, “las ventanas (compuertas) de los cielos fueron abiertas. Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Génesis 7: 11-12).

Todos sabemos lo que pasó. Toda la tierra estaba inundada de agua.

Si pensamos un poco, a menudo nos perdemos la grandeza de esta asombrosa promesa de Dios.

Dios promete que cuando pagamos el diezmo, Él derramará “sobre vosotros” bendición hasta que sobreabunde”. El mundo será inundado con bendiciones. La tierra estará cubierta en la bondad de Dios. Nuestras vidas serán abrumadas por la inmensidad de la magnífica gracia de Dios. No podremos retener la expansión y extensión de Sus bendiciones y fluirán por toda la tierra.

Cuando estás inundado en el agua de las bendiciones de Dios por haber pagado un diezmo fiel, estás protegido para que no seas “quemado en su venida” (Doctrina y Convenios 64:23).

Sabiendo esto, quizás podríamos pensar un poco diferente sobre si estamos o no verdaderamente preparados para recibir la inundación de respuestas a nuestras oraciones y si estamos preparados a que Dios responda nuestras oraciones en Su propio tiempo y a Su propia manera.

Una inundación de bendiciones en una crisis financiera

Tengo una experiencia personal de que Dios responde a nuestras oraciones y que esas respuestas vienen en la forma de una inundación inesperada.

Cuando era un estudiante lleno de fe y optimismo, tenía lo que parecía ser una dificultad financiera casi insuperable.

Yo estaba asistiendo a una escuela de posgrado muy cara y los costos de vida eran significativamente más altos de lo que había esperado. Aparentemente sólo había mirado el costo de la matrícula y no había calculado que para tener éxito en la escuela necesitaba ropa y un lugar para comer y dormir. Al parecer había planeado inadvertidamente ir a la escuela de postgrado como si yo fuera el gran erudito humanista del renacimiento Desiderius Erasmus, a quien se le conoce, irónicamente, por decir lo siguiente acerca de su inquebrantable búsqueda de aprendizaje, “Cuando recibo un poco de dinero, compro libros; y si sobra, yo compro comida y ropa”.

Mi peligro financiero consumió mi pensamiento, poniendo en riesgo mi habilidad de estar 100 por ciento comprometido con mis estudios de posgrado.

Ayuné y oré por la salvación financiera. Confiaba en que Dios, como mi Amigo, me libraría.

Él lo hizo. Pero yo no estaba preparado para recibir la respuesta a mi oración cuando se abrieron las ventanas de los cielos.

Yo estaba viviendo en un departamento que estaba en un sótano que tenía suficiente espacio para un área de cocina, una cama y para apilar cajas de mi biblioteca personal que contenía cientos de libros.

Una noche me desperté con un terrible trueno en medio de una terrible tormenta de Connecticut. Intenté encender las luces para ir al baño, pero la electricidad estaba apagada. “No importa”, pensé”, ¿qué tan difícil podría ser llegar al baño en mi pequeño departamento?” Cuando salía de la cama estaba prácticamente en el baño.

Sin embargo, había una sensación extraña, sentía como si estuviera caminando en un par de centímetros de agua cuando iba al baño. ¿Estaba despierto?

Luego otro terrible rayo cayó y un trueno sonó. En ese vívido destello de luz vi con horror que estaba de pie en un departamento inundado; la ventana de la puerta revelaba que el agua estaba llegando aproximadamente a cinco pies de altura en la escalera, agua que solo estaba siendo retenida por la puerta misma. El agua entraba debajo de la grieta de la puerta, luego me  enteré, el drenaje de la escalera estaba atorado.

Y sin embargo, en medio de esta inundación literal vino una inundación espiritual de bendiciones y respuestas a las oraciones.

La primera bendición que experimenté en aquella noche inesperada y llena de pánico fue un amigo en mi barrio. Bruce Hayes vivía a pocas puertas de mí. Se quedó despierto conmigo, sacando agua, limpiando mi departamento y asegurándose de que no flotara como los malvados en la historia de Noé.

La segunda bendición que experimenté fue una respuesta a mi oración buscando la liberación del peligro financiero. El propietario reconoció que el drenaje atorado en la escalera era su responsabilidad. Para compensarme por el dolor y la molestia de tener un departamento inundado, me dio dos meses de alquiler gratis. Esos dos meses superaron mi abismo financiero. Al final de ese tiempo, había encontrado un trabajo que pagaba lo suficiente para permitirme cumplir con mis obligaciones financieras.

Paciencia y fe en medio de las inundaciones físicas

Pero ¿por qué Dios me deja experimentar los peligros de la naturaleza para liberarme del peligro financiero? Porque, como Dios dijo a Job,

“¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes entendimiento … ¿Tienes tú un brazo como el de Dios?¿Y truenas tú con voz como la de él?… ¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda sujetarás su lengua?… Y respondió Job a Jehová y dijo: Yo sé que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oculta el consejo sin conocimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que no sabía”. (Job 38: 4, 40:9, 41:1, 42:1-3).

Así como Él nunca reveló completamente (al menos en nuestras escrituras) una razón exacta para el sufrimiento de Job, Él nunca me reveló Sus razones exactas para permitir que mi departamento se inundara.

Pero responde mi oración. Sé que Dios es fiel. Dios responderá a nuestras oraciones en Su tiempo y a Su propia manera. Quizás envíe una inundación para responder a nuestras oraciones.

Pídele al Señor. Expresa tus necesidades. Ejerce la fe. Sé paciente. Y ten mucha humildad y humor cuando llegan las respuestas.

El Señor es capaz de sorprenderte.

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Taylor Halverson y publicado en ldsliving.com, con el título “How my flooded apartment showed me what it truly means when God ‘pours you out a blessing”  Español ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company | English ©2017 LDS Living, A Division of Deseret Book Company