Pensé que Dios no me escuchaba y me demostró que estaba equivocada

“Después de la lluvia, sale el arcoíris”, escucho a la gente decir una y otra vez, y me da un poco de escalofríos. ¡Te diré por qué!

Ese cliché se hizo realidad para mí cuando llegó una tormenta a mi carrera. Estaba en camino hacia un ascenso. Pero, finalmente, no sucedió. Sentí que mi mundo se vino abajo.

¿Por qué? ¿Qué hice mal? Me destacaba entre la mayoría de mis compañeros y me había desarrollado más rápido que la mayoría de mi equipo.

Después de un año en mi puesto, me recomendaron para un ascenso. Aprobé todas las evaluaciones y me dijeron verbalmente que obtendría uno de los puestos de supervisora.

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Aún no estaba escrito, lo que significaba que aún no era oficial. Sin embargo, sabía que me convertiría en supervisora. Eso marcaría un ascenso bastante rápido en la línea de carrera de la empresa. Me lo merecía. Trabajé arduamente por ello. Oré fervientemente muchas noches para que Dios me diera ese ascenso y no lo hizo.

Durante esta tormenta en mi carrera, recordé la experiencia de Hugh B. Brown.

Él estaba listo para un ascenso al rango de general en el ejército. Pero, en cambio, fue designado a una función diferente. Con amargura en su corazón, preguntó:

“¿Cómo pudiste hacerme esto, Dios? He hecho todo lo posible para estar a la altura [de ese puesto]. No hay nada que pudiera haber hecho, que debiera haber hecho, que no haya hecho. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?”

Me escuché decir casi las mismas palabras en mi cabeza. No entendí por qué todo resultó ser lo contrario de lo que esperaba. Estaba inmersa en la decepción y el enojo.

Pasaron las semanas y me pregunté si el Señor me estaba escuchando, porque parecía que estaba en silencio. Sin embargo, me demostró que estaba equivocada.

Más tarde, me ofrecieron un puesto que se ajustaba mejor a mis intereses y talentos, y me ascendieron.

En mi cabeza, escuché la voz del Señor más fuerte de lo que nunca lo había escuchado antes: “Confía en mí. Sé lo que deseo que hagas”.

Ese día me arrodillé en oración con el corazón rebosante de gratitud por la bendición que había recibido. Pero, al mismo tiempo, mi corazón se llenó de dolor por mi falta de fe.

Había estado tan concentrada en lo que pensaba que debía hacer y dónde debía estar que no reconocí que mi deseo quizás no era la voluntad de Dios.

Todos tenemos pruebas difíciles, experiencias que podrían hundirnos en lo más profundo.

Estas experiencias se presentan en diferentes formas y grados. Algunas de éstas significarán una batalla entre nuestra voluntad y la del Señor.

Habrá bendiciones que nos esforzaremos por recibir, como casarnos en el templo, cumplir una misión de tiempo completo, ganar un maratón, tener un bebé, ser ascendidos en el trabajo, organizar con éxito un grupo de apoyo para mujeres, etc.

Cuando no recibamos estas bendiciones cuando creemos que las merecemos, debemos confiar en que el Señor está reorientando nuestro rumbo y llevándonos a donde debemos estar.

poder del sacerdocio

Si hemos hecho nuestra parte para estar a la altura de Sus expectativas, recibiremos toda la ayuda que necesitamos mientras recorremos el camino que nos llevará al futuro que Él ha preparado para nosotros.

Someter nuestra voluntad a la de Dios no sucederá una sola vez.

Seremos probados muchas veces. Sin embargo, saber que Dios puede ver más allá de lo que nosotros podemos, debería ser razón suficiente para que confiemos en Él.

Algún día, cuando miremos hacia atrás, le agradeceremos por reorientar el curso de nuestras vidas al darnos desilusiones que al final se convirtieron en bendiciones.

Si ponemos nuestra confianza en Aquel que solo quiere lo mejor para nosotros, Él nos sostendrá todos los días de nuestra vida.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Chona Galletes y fue publicado en faith.ph con el título “I Doubted That God Knew Best And He Showed Me I Was Wrong”.

Comentarios
Así es Dios con nosotros cuando dejamos todas nuestras preocupaciones en su manos. El es el alfarero
Saul
Fe!!!!!!!! Todo lo puedo en Cristo que me fortalece......
Vane
Eso es cierto. Yo me he encontrado luchando con lo mismo y pidiéndole al padre que me ayude a aceptar las cosas que no puedo cambiar y la voluntad de él.
Josefina

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