Qué hacer cuando el conocimiento del mundo parece debilitar tu fe

dudas

A la edad de 18 años, Holly era muy activa en la Iglesia, pero en una especie de piloto automático. Entonces alguien la convenció de que las mujeres debían ser ordenadas al sacerdocio. Estaba tan convencida de esta idea que renunció indignada a su membresía  de la Iglesia. 

Unos años más tarde, su compañera de universidad estaba tomando las charlas misionales. Holly decidió sentarse a escuchar. Su corazón se conmovió y decidió orar por primera vez en varios años.

En cuanto dijo las palabras “Padre Celestial”, su corazón helado empezó a derretirse. Comenzó a llorar.  En ese momento sintió una tierna conexión con su Padre Celestial que, a lo largo de días y semanas, la llevó a descubrir una relación con Él que nunca antes había conocido. 

silencio de los cielos

Ella lo llamó “la cercanía”.  Unos meses después, Holly se rebautizó. Mientras seguía estudiando y orando, su “cercanía” a Él se profundizó. Su ira se convirtió en confianza.  Cuando alguien le preguntó: “¿Qué pasó con ese asunto que te hizo enojar tanto?”. Ella pensó y respondió: “Confío en        

Confío en Él. Él sabe lo que hace”.

En el capítulo dos del libro, “La simplicidad más allá de la complejidad”, los Hafen hablan sobre “el vacío” entre lo real y lo ideal, cuando nos enfrentamos a dudas y preguntas. Como descubrió Holly, este vacío puede afectar a nuestra fe y nuestras creencias de forma negativa.

Los Hafen escriben:

“Nuestra experiencia con la vida real presenta una nueva dimensión: una mayor conciencia del vacío entre lo real y lo ideal, entre lo que es y lo que debería ser. Vemos el vacío por primera vez cuando nos damos cuenta de que algunas cosas de nosotros mismos o de los demás no son como las imaginábamos.

Por ejemplo, a medida que crecemos, podemos descubrir que nuestros padres y líderes son humanos y a veces cometen errores. O aprendemos nueva información sobre la historia de la Iglesia o sus normas. O tal vez oremos pidiendo ayuda y las respuestas no lleguen cuando las esperamos.

Los misioneros experimentan el vacío entre el idealismo natural que se enseña en el CCM y las realidades de la vida en el campo misional, luchando con un nuevo idioma, un nuevo compañero y decepciones con investigadores o amigos de la Iglesia.

Cuando nos encontramos en estas circunstancias nos puede resultar difícil entender el porqué de algunas situaciones, creencias o comportamientos de otros miembros, y esto da lugar a una sensación de incertidumbre”.

A continuación, los Hafen presentan un modelo de tres etapas que nos ayudará a crecer y a aprender a través de nuestras experiencias con el vacío, tal como lo hizo Holly.  El modelo se basa en la perspectiva de un distinguido juez estadounidense, Oliver Wendell Holmes. Dijo: “No daría nada por la sencillez de este lado de la complejidad. Pero, daría mi vida por la simplicidad del otro lado de la complejidad”. 

1. La simplicidad a este lado de la complejidad 

En esta etapa vemos una fe que se basa en una creencia inocente, idealista y no probada. Los Hafen dicen que el reto para aquellos que “se aferran a la simplicidad inocente e idealista es que su perspectiva puede no haber lidiado aún con la realidad de lo que Holmes llama “complejidad”.  

Hay dos tipos de personas en esta etapa, los que simplemente no ven el vacío entre lo real y lo ideal y, por tanto, no son conscientes de las diferencias que existen entre ambos, y los que deciden ignorar dicho vacío, ya sea de forma consciente o no. 

“Cuando no vemos el vacío o sólo nos centramos en lo ideal sin prestar atención a lo real, nuestra perspectiva carece de profundidad. Si este es nuestro paradigma, nuestra fe puede ser ciega y superficial”.

Nuestra fe requiere que aprendamos a afrontar aquellas realidades que nos causan incomodidad. 

2. La complejidad, el vacío entre lo real y lo ideal

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Pasar a la siguiente etapa implica enfrentarse al conflicto y a la incertidumbre. Empezamos a ver que la realidad puede ser diferente de lo que pensábamos o de cómo la habíamos idealizado. 

Los Hafen explican que, para madurar espiritualmente, es imprescindible enfrentarse a esos conflictos. 

“Sólo cuando veamos tanto lo real como lo ideal podremos afrontar el vacío de forma constructiva. Si no luchamos con la frustración que surge al enfrentarnos con valentía a las dudas que encontramos, nos faltarán las raíces profundas de la madurez espiritual. Si no vemos los problemas que existen, no podremos ayudar a resolverlos.  

Aceptar esa complejidad no significa perderse en ella; no debemos permitir que el escepticismo tome el control de nuestras vidas. Tampoco significa dejar de lado por completo la visión ideal que teníamos sobre un determinado tema. 

dudas en la Iglesia

“La capacidad de reconocer la ambigüedad es un paso importante en nuestro desarrollo espiritual, pero no es una forma final de conocimiento, es sólo el comienzo”.

No debemos dejar que nuestras dudas nos roben las verdades que ya conocemos, al igual que debemos tener cuidado con aquellos que han encontrado la “libertad” en su escepticismo. 

Por ejemplo, las personas que se deleitan demasiado con las herramientas de la complejidad escéptica a veces las ponen a prueba en un aula de la iglesia o en conversaciones con otras personas.

Les encanta interrogar a los desprevenidos, buscando la burbuja idealista de alguien que flota por ahí para poder reventarla con su brillante alfiler de escepticismo.

mujer y el sacerdocio

Pero cuando reventamos esas burbujas, podemos perder la armonía, la confianza y la sensación de seguridad que sólo se da cuando el Espíritu está presente. Tenemos que mirar más y mejor las preguntas difíciles y las respuestas directas, pero sin pasar de la inocencia extrema al escepticismo extremo. 

El mundo de hoy está lleno de escépticos empedernidos a los que les encanta “iluminar” a los que están atascados en la simplicidad idealista, ofreciéndoles la duda y el agnosticismo de la complejidad como una forma de vida nueva y aparentemente valiente. 

No hay que perder de vista el ideal, hay que seguir avanzando para pasar a la siguiente etapa.

3. La simplicidad al otro lado de la complejidadpensamiento crítico y la fe

En esta etapa no sólo vemos lo real y lo ideal, sino que nos aferramos a ambas perspectivas, “con los ojos y el corazón bien abiertos”. Adquirimos una perspectiva firme e informada, “que ha sido moldeada y probada por el tiempo y la experiencia”. 

Sabemos que no tendremos las respuestas a todas las cosas y, por tanto, antes de sacar nuestras propias conclusiones o conjeturas, utilizamos primero las herramientas que ya tenemos, tanto espirituales como intelectuales, lo que los Hafen llaman una fe instruida o informada.

“La elección de creer en esta etapa difiere mucho de la obediencia ciega …. Es un tipo de obediencia consciente y confiada. En lugar de pedirnos que dejemos de lado las herramientas de una mente educada y crítica, esta actitud nos invita a utilizar esas herramientas, junto con nuestra confianza en el ideal, para poder mejorar la situación actual, no sólo criticarla.”

Esto, por ejemplo, nos permite seguir los consejos de los profetas y apóstoles aunque no siempre entendamos sus razones, nos permite dar “al Señor y a su Iglesia el beneficio de la duda sobre nuestras preguntas sin respuesta”.

Nuestra fe no crece y se moldea en un solo día, sigue un proceso que requiere paciencia y gran esfuerzo. Puede que no sea un conocimiento perfecto, pero a medida que crece puede “[ampliar] nuestros corazones e iluminar nuestras mentes hasta que se convierta en algo muy real para nosotros”.

Los Hafen aconsejan que en medio de esos momentos de incertidumbre y duda no debemos olvidar seguir avanzando “con los ojos de la fe” hasta que un día volvamos a la presencia del Señor. 

“Cuando alcancemos el árbol de la vida, ya no habrá espacio entre lo real y lo ideal. Habremos resuelto nuestras complejidades mediante un proceso de refinamiento difícil pero lleno de fe, a través del cual, en pura y sabia simplicidad, lo real y lo ideal se convierten en uno.” 

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La Fe no es ciega“La fe no es ciega” reconoce los temas complicados del evangelio, pero te guía clara y gentilmente a través de los pasos necesarios para trabajar en la complejidad, desarrollar un testimonio informado y llenarte de la fe que viene de conocer a Dios. 

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