Cuando pasé mis primeras vacaciones en Provo, me sorprendí de escuchar a las personas hablar tantas veces sobre “los 5 lenguajes del amor”. Ya sea que fuera en una conversación casual, en una reunión sacramental, en un discurso o en una lección, parecía que todo el mundo conocía sobre los lenguajes del amor.

Lenguajes del amor

amor

Todos tenemos diferentes maneras de sentirnos amados o de mostrar nuestro amor, pero de nada sirve hablar nuestro lenguaje de amor a alguien que habla un lenguaje diferente al nuestro. Y sin embargo, parece que fallamos cuando se trata de amar a Dios.

Si yo le dijera a mi esposo que la mejor manera en la que puedo sentirme amada, es si él me prepara pancakes con nutella para el desayuno todos los días, pero si en vez de eso, él me prepara huevos con champiñones porque él piensa que esa es la mejor manera de mostrarme amor, entonces yo me sentiría molesta con él por no apreciar mis sentimientos y no me sentiría amada.

Algunas personas podrían decir que no tienen que ir a la capilla los domingos para mostrar que aman a Dios o que lo aman sin tener que usar sus garments ó sin tener que guardar la ley de castidad. No alcanzo a enumerar cuántas veces escuché a alguien decir, “yo soy libre de amar a Dios de la forma en la que yo creo que es correcta, no de la forma en que otros me digan”. Sin embargo, esto no es cierto.

Si me amáis…

mandamientos

“Si  me amáis, guardad mis mandamientos”. (Juan 14:15)

Contrariamente a lo que algunos pueden creer, Dios nos  ha dicho cuál es su lenguaje de amor, y si nosotros lo amamos, debemos tratar de hablar su idioma y no solamente el nuestro, porque “el hombre natural es enemigo de Dios”. (Mosíah 3:19)

En una Conferencia General, el Élder Jeffrey R. Holland dijo:

“Es una característica de nuestra época que si la gente quiere dioses, quiere que sean dioses que no exijan mucho; dioses cómodos que no sólo no zarandeen la barca, sino que ni siquiera la muevan; dioses que nos den una palmadita en la cabeza, que nos hagan reír y luego nos digan que salgamos a jugar y recojamos flores” (Conferencia General, Abril 2014).

Los invito a que puedan leer su discurso, donde el Élder Holland explica más lo que Dios exige de nosotros. Basta decir que sólo porque nuestra propia manera de amar a Dios parece fácil, no quiere decir que sea correcta.

Una profecía

la iglesia no es perfecta

Me sorprendí cuando me di cuenta de que la idea de “yo soy libre de amar a Dios de la forma en la que yo creo que es correcta, no de la forma en que otros me digan” fue profetizada en los tiempos de Nefi.

En 2 Nefi 28:8 encontramos lo siguiente:

“Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios”.

Esta falsa doctrina se describe como “vana”, lo que significa que “está vacía, sin sustancia”, y con esto me refiero a aquellos que aman a Dios con la actitud de: “hagamos lo que nos haga felices, y cualquier pecado que cometamos se borrará fácilmente”.

Para meditar

Quizás pienses, “pero nadie es perfecto, y no se pueden cumplir completamente los mandamientos de Dios, entonces ¿cómo lo podemos amar bien?” Bueno, lo maravilloso del evangelio es que ganas puntos ¡por intentar! Dios sabe que no puedes ser perfecto ahora mismo, pero si estás intentando fervientemente y estás comprometido a guardar sus mandamientos, Dios reconocerá tu amor por Él.

Sin embargo, intentar no significa que podemos hacer lo que queramos y que podemos justificarnos diciendo: “Dios sabe que no puedo ser perfecto todavía”. Intentar significa que estamos en arrepentimiento constante, buscando guía y ayuda de Dios y reconocer nuestros errores en vez de justificarlos.

A medida que hagas esto, estarás mostrando tu amor verdadero hacia Dios, y estarás obedeciendo su primer mandamiento:

“Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. (Marcos 12:30)

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por Raquel Stirlling y fue publicado en millennialmorms.com, con el título: “God’s Love Language”