¿Está empeorando el mundo? Algunos piensan que nuestros mejores días ya pasaron; otros piensan que están cerca, pero ¿cómo sabemos? ¿Con qué criterios podemos juzgar tal pregunta? Con información ilimitada en nuestras manos, podemos encontrar historias y datos que apoyan estas dos posiciones. En cierta medida, el mundo siempre está empeorando y siempre mejorando, a veces al mismo tiempo. Si buscamos buenas noticias, encontraremos lo bueno; si buscamos malas noticias, encontraremos lo malo. Quizás la mejor pregunta sea, ¿qué clase de mundo elegimos hacer?

Puede que no sea posible entender el mundo en su totalidad pero cualquier intento debe equilibrar las malas noticias con las buenas noticias. La rutina diaria de la tragedia, la catástrofe, la guerra, la locura, la corrupción y el sufrimiento pueden estimularnos a la acción, pero también pueden ocultar el progreso, la cooperación, la bondad, la inteligencia, la confianza y el amor que aún florecen en nuestro planeta. Un enfoque en lo bueno nos ayuda a juzgar mejor lo malo. No podemos ver la bondad de nuestros vecinos y ciudadanos a través del lente oscuro de la negatividad.

La esperanza es realista sobre lo malo, pero elige depositar su confianza en lo bueno. El Papa Francisco se refirió a esto en su discurso en enero de 2017 a los comunicadores de todo el mundo. En este discurso alentó a los periodistas a elevar sus miradas más allá de la neblina de las constantes malas noticias.

“Hay que romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo fruto de esa costumbre de centrarse en las ‘malas noticias'”, dijo. “Pido a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la ‘buena noticia’”.

Algunos podrían considerar esto ingenuo, pero es realmente un esfuerzo para pintar un cuadro más completo, para encontrar verdades más profundas.

En este sentido, la rápida evolución de la tecnología moderna es una bendición mixta. Un mundo cada vez más conectado democratiza el conocimiento y fomenta una mayor conciencia y una comprensión más profunda. Sin embargo, las herramientas tecnológicas también se utilizan para confundir, deprimir y destruir. Por ejemplo, la noticia de la portada de The Atlantic de noviembre de 2016 cuenta cómo se están armando los medios sociales en todo el mundo.

Mientras que algunos utilizan la tecnología como un arma, muchos otros la utilizan como una herramienta para hablar de cosas buenas, cosas que inspiran esperanza. El apóstol mormón David A. Bednar, por ejemplo, invitó a los Santos de los Últimos Días de todo el mundo en el 2014 a “barrer la tierra” con mensajes auténticos y edificantes. Desde entonces, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha proporcionado varias oportunidades para que sus miembros hablen y compartan buenas noticias.

En 2015, la Iglesia produjo una serie de videos sobre las verdaderas luchas y triunfos de aquellos que pasan por la recuperación de adicciones. En 2016, muchos mormones respondieron a una llamada de la Iglesia para ayudar a los refugiados en sus comunidades. Más tarde ese año, los Santos de los Últimos Días y otros respondieron a una invitación de Navidad para “iluminar el mundo” a través de simples actos de servicio, tanto durante la Navidad como durante todo el año.

Los individuos de otras religiones también dejan brillar su luz. Por ejemplo, en julio de 2016, el New Yorker publicó la historia de una mujer cristiana que respondió la llamada de Dios para ser una enfermera de personas con enfermedades terminales. Heather Meyerend dice que eligió esa vocación porque quería “cuidar a la persona en su totalidad”, un deseo arraigado en su creencia de que “Dios había creado cuerpos por una razón y que importaban mucho”.

Podemos ver otro ejemplo en febrero de 2017 en Los Angeles Times. Mohamed Bzeek, ​​un padre adoptivo temporal musulmán en el Condado de Los Ángeles, recibe a niños con enfermedades terminales. Actualmente cuida de una niña inmóvil de 6 años de edad, ciega, sorda, y que tiene convulsiones diarias. Aunque desafiante, Bzeek dice: “Siempre hablo con ella. Siempre estoy sosteniéndola, jugando con ella. Ella tiene sentimientos. Ella tiene un alma. Ella es un ser humano. “La clave, dice, es amarla y amar a otros niños a los que cuida como si fueran sus propios hijos. “Sé que están enfermos. Sé que van a morir. Hago mi mejor esfuerzo como ser humano y dejo el resto a Dios”.

Este silencioso ministerio ocurre todos los días por multitudes invisibles que viven en silencio para Dios sin necesidad de aclamación. Los actos de bondad nunca deben hacerse para el reconocimiento, pero saber de ellos puede refrescar la mente de un público atormentado por titulares incesantes de violencia, partidismo y pobreza.

Aunque estos ejemplos provienen de personas de fe, uno no necesita ser religioso para alcanzar o reconocer la bondad extraordinaria de nuestra época. El columnista del New York Times Nicholas Kristof escribió recientemente que a pesar de los titulares negativos, 2017 puede ser el “mejor año de todos” gracias a los importantes avances tecnológicos para mejorar la salud y erradicar la pobreza extrema.

“Lo que es infinitamente más importante [que las malas noticias]”, escribe Kristof, “es que [cada día] unos 18 mil niños que en el pasado habrían muerto de enfermedades sencillas sobrevivirán, unas 300 mil personas obtendrán electricidad y unos 250 mil se graduarán de la extrema pobreza”.

En un mundo inundado de información, lo bueno y lo malo nos ayudan a ver “las cosas como realmente son” y como podrían ser. No somos criaturas indefensas ante las fuerzas de la negatividad. Somos actores. Damos forma a la sociedad dando importancia a la información que elegimos. La esperanza engendra esperanza. El mundo no tiene que empeorar. Se puede mejorar.

 

 

 

Artículo publicado en mormonnewsroom.org. Traducido al español por mormonsud.org