Matrimonio eterno: Cómo escoger y ser la persona correcta para casarte

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El consejo profético nos enseña que encontrar un cónyuge requiere sensibilidad espiritual, madurez y preparación, incluso prepararse para ser el cónyuge adecuado.

El presidente Gordon B. Hinckley dijo sobre el matrimonio:

“[Casarte] será la decisión más importante de tu vida… Cásate con la persona correcta en el lugar correcto en el momento correcto”. 

Pero, ¿quién es la persona correcta? ¿Dónde está el lugar correcto? ¿Cuándo es el momento correcto?

Afortunadamente, el presidente Hinckley y otros líderes de la Iglesia nos han brindado consejos inspirados sobre estas cuestiones. Además, unos 60 años de investigación confirman la sabiduría de sus consejos.

¿Cuál es el lugar correcto?

El lugar correcto es, por supuesto, el templo.

“Casarse en el templo no tiene reemplazo. Es el único lugar bajo los cielos donde el matrimonio puede ser solemnizado por la eternidad. 

No te engañes a ti mismo. No engañes a tu compañero. No defrauden sus vidas”, aconsejó el presidente Hinckley.

¿Cómo encontrar a la persona adecuada?

A veces, las películas nos dan falsas expectativas con respecto a que existe “una sola persona” con la que estamos destinados a casarnos.

Esto significaría que encontrar pareja es simplemente una cuestión de esperar y cruzar miradas con esa persona “al otro lado de una habitación llena de gente”. Luego, ir al templo más cercano y vivir felices por siempre.

No importa cuán romántica sea esta idea, no está respaldada por consejos proféticos. El presidente Spencer W. Kimball enseñó:

“El concepto de ‘el alma gemela’ es una ficción y una ilusión.

Siempre que se busque con toda diligencia y oración encontrar al compañero con el cual la vida pueda ser más compatible y hermosa, es casi seguro que cada buen joven y señorita podrán alcanzar la felicidad y tener un matrimonio feliz si ambos están dispuestos a sacrificarse”.

La persona correcta

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Parece que muchos de nosotros tenemos el problema de la paja y la viga. Podemos ver fácilmente los errores de los demás, pero no los propios.

Así que, antes de comenzar a evaluar a los demás para saber si son dignos de nosotros. Quizás, debamos trabajar primero para convertirnos en la “persona correcta” para alguien más.

El élder Neal A. Maxwell ofreció este consejo:

“Si la elección es entre reformar a otros miembros de la Iglesia [incluidos novios, cónyuges e hijos] o a nosotros mismos, ¿realmente hay alguna pregunta sobre por dónde debemos comenzar?

La clave es tener los ojos bien abiertos a nuestras propias faltas y parcialmente cerrados a las faltas de los demás, ¡no al revés!

Las imperfecciones de los demás nunca nos liberan de la necesidad de trabajar en nuestras propias debilidades”.

Por lo tanto, cuando nos enfoquemos en encontrar a la persona adecuada, también debemos enfocarnos en convertirnos en la persona adecuada.

Las fortalezas que aportamos a un matrimonio sin duda contribuirán al éxito del mismo.

Atracción física y enamoramiento

La primera cualidad que muchos jóvenes buscan en un posible cónyuge es alguien de quien puedan “enamorarse”.

Con frecuencia, eso significa alguien por quien sientan una fuerte atracción física.

El élder Bruce R. McConkie, dijo:

“La persona adecuada es aquella por quien se siente el afecto natural, sano y normal que debería existir. Es la persona con la que se puede ir al templo de Dios y hacer convenios”.

Estar “enamorado” y atraído por una persona es un buen comienzo, pero claramente no es suficiente.

El presidente Gordon B. Hinckley y el élder Richard G. Scott, sugirieron varios otros factores que debemos tener en cuenta.

Presidente Hinckley:

“Elige a un compañero de tu misma fe. Es mucho más probable que seas feliz.

Elige un compañero al que siempre puedas honrar, que siempre puedas respetar, uno que te complementará en tu propia vida, uno a quien puedas entregar todo tu corazón, todo tu amor y toda tu lealtad”.

El élder Scott sugirió varios atributos de un posible cónyuge que contribuirá a la felicidad en el matrimonio:

“Un amor profundo por el Señor y por Sus mandamientos, determinación de vivirlos, que sea bondadoso y comprensivo, que perdone a los demás y que esté dispuesto a dar de sí mismo. Que tenga el deseo de tener una familia coronada por hermosos niños y el compromiso de enseñarles los principios de la verdad en el hogar”.

Factores que considerar antes de casarte

Más de 60 años de estudios confirman la veracidad de los consejos de los líderes del sacerdocio.

La misma confirmación recibí a lo largo de mi experiencia como maestro de buenas relaciones matrimoniales en la universidad.

La investigación sugiere que, para tener mayor probabilidad de éxito en el matrimonio, debemos considerar lo siguiente:

Primero, necesitamos saber mucho sobre la persona con la que estamos pensando en casarnos. Como sugirió el élder Scott, las creencias de la persona sobre la vida familiar son muy importantes. Las investigaciones confirman que cuanto más valora un potencial cónyuge el matrimonio y la vida familiar, mejor puede ser ese matrimonio.

Segundo, escoge a alguien con buena autoestima. Esto no quiere decir que esa persona sea arrogante, sino alguien que sepa cuál es su valor, qué valor tiene para Dios y los demás. Alguien que sepa manejar sus emociones.

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Tercero, no solo es necesario encontrar a una persona con buen carácter, sino también alguien con quien podamos tener una buena relación. La forma en que nos comunicamos en las citas y el noviazgo es clave para construir una relación matrimonial sólida.

La comunicación sincera y positiva que se practica en las citas y el noviazgo aumenta la probabilidad de un mayor compromiso, una mejor resolución de conflictos y más amor entre los cónyuges.

La buena comunicación comienza con un corazón recto. “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Por otro lado, la comunicación de un corazón egoísta generalmente es solo manipulación.

El élder Marvin J. Ashton, dijo:

“Si queremos conocer el amor verdadero y la comprensión mutua, debemos darnos cuenta de que la comunicación es más que compartir palabras. Es el compartir sabio de emociones, sentimientos e inquietudes. Es el compartir de uno mismo totalmente”.

El tiempo correcto

el ahora élder Uchtdorf

El presidente Hinckley ofreció este consejo con respecto al tiempo correcto para el matrimonio:

“Espero que no demoren demasiado el momento de contraer matrimonio; y más que a las mujeres me dirijo a los hombres, que tienen la prerrogativa y la responsabilidad de tomar la iniciativa en este asunto.

No pasen indefinidamente en el frívolo juego de [las citas]. Busquen una compañera digna, una mujer a la que puedan amar, honrar y respetar, y tomen una decisión respecto al futuro”.

Es evidente que no se aconseja esperar demasiado. Pero, tampoco se aconseja casarse demasiado rápido porque puede ser un problema.

El presidente Lee aconsejó que un joven no piense en el matrimonio hasta que pueda cuidar de su propia familia y ser independiente.

“El joven debe asegurarse de haber encontrado a la chica de su elección, considerando el tiempo suficiente que han tenido para conocerse y están conscientes de las fallas del otro y aún así se aman.

Hermanos, piensen más seriamente en las obligaciones del matrimonio para quienes poseen el santo sacerdocio en un momento en que el matrimonio debería ser la expectativa de todo hombre que comprenda [su] responsabilidad”.

Las mujeres también deben esperar hasta que sean lo suficientemente maduras para asumir las responsabilidades de esposa y madre. No deben esperar demasiado mientras se dedican a cosas menos importantes.

Tomar la decisión

Después de considerar todos estos factores con detenimiento y oración, debemos estar seguros de que la decisión que tomemos se base en la inspiración, no en el enamoramiento o la desesperación.

Mientras buscamos una confirmación espiritual, debemos tener en cuenta al menos cinco cosas.

Primero, debemos ser dignos de recibir la inspiración que necesitamos.

Segundo, debemos comprender el equilibrio entre el albedrío y la inspiración. Como enseñó el élder McConkie:

“Tomamos nuestras propias decisiones y, luego, presentamos el asunto al Señor y obtenemos su sello de aprobación y ratificación”.

Tercero, podemos buscar varios testigos si sentimos la necesidad de una confirmación adicional. A veces, es posible que tengamos dificultades para distinguir entre las impresiones espirituales y nuestras propias emociones, deseos o miedos.

Un testimonio espiritual puede volver a confirmarse de diversas formas.

En Su infinito amor, misericordia y paciencia, nuestro Padre Celestial es generoso con Su consejo y respuesta a Sus hijos.

Cuarto, podemos aprender a discernir las diferencias entre la inspiración, el enamoramiento y la desesperación.

La inspiración, como ya hemos visto, llega cuando uno vive dignamente, ejerce su albedrío con rectitud y estudia la situación con detenimiento. Puede confirmarse mediante múltiples impresiones espirituales y sentimientos de paz (véase DyC 6:15, 22–23).

El enamoramiento se manifiesta generalmente por un “amor” inmaduro que incluye gran ansiedad, posesividad, egoísmo, apego y dependencia excesiva. Esto puede ser más probable con personas que carecen de madurez emocional y espiritual.

La desesperación, con frecuencia, se asocia con circunstancias sociales o culturales que crean una atmósfera, al menos en la mente de la persona, de “ahora o nunca”. La presión de los compañeros, la familia o las normas culturales puede llevarnos a una decisión imprudente.

El deseo de alejarse de una situación familiar desagradable o el miedo al fracaso en la universidad o el trabajo pueden hacer que alguien considere desesperadamente el matrimonio como una salida a un problema.

Con frecuencia, tales temores y ansiedades hablan tan fuerte en nuestra mente que no podemos escuchar los pequeños y apacibles susurros del Espíritu Santo.

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Finalmente, la confirmación espiritual debe llegar a ambas partes involucradas. Una persona no debe sentir que, si su posible pareja recibe una confirmación, él o ella se libera de la necesidad de buscar una confirmación personal similar.

El presidente Dallin H. Oaks dijo lo siguiente sobre este tema:

“Si reciben revelación fuera de los límites de sus responsabilidades específicas, sabrán que no viene de Dios y, por lo tanto, no deben sentirse obligados.

He oído de casos en los que un joven le ha dicho a una señorita que ella debe casarse con él porque él recibió revelación de que ella debía ser su compañera eterna.

Si [la revelación] es verdadera, la joven recibirá la confirmación directamente, siempre que la busque.

Hasta entonces, ella no tiene obligación de aceptar la proposición, sino que debe buscar su propia guía y tomar una decisión.

El hombre puede recibir revelación para guiar sus propias acciones, pero no puede recibir revelación para guiar las acciones de la joven, porque ella está fuera de su jurisdicción”.

Hace poco, mi esposa Linda y yo estábamos recordando nuestro noviazgo. Tenía la impresión de que, en ese tiempo, era inmaduro e inexperto. Le pregunté cómo se atrevió a casarse conmigo. Su simple respuesta fue: “Vi potencial”.

En ese mismo sentido, mientras buscamos un cónyuge con quien podamos pasar la eternidad, haríamos bien en recordar el consejo del élder Scott de reconocer el potencial en desarrollo:

“Te sugiero que no pases por alto muchos candidatos que estén todavía en el proceso de desarrollar esos atributos por buscar a alguien que ya los haya perfeccionado. Probablemente no encuentres a esa persona perfecta, y si la encontraras, seguramente no estaría interesada en ti. Es mejor pulir juntos esos atributos como marido y mujer”.

Fuente: churchofjesuschrist.org

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