En la Iglesia, hablamos mucho de ministrar, incluir y acompañar. Pero cuando una familia vive la discapacidad de forma cotidiana, esas palabras necesitan traducirse en acciones concretas. Ahí es donde el llamamiento de especialista en discapacidades cobra un valor especial.
No es un rol nuevo. Está incluido en el Manual General desde 2010. Aun así, hoy solo una pequeña parte de los barrios y estacas cuenta con alguien formalmente asignado a este llamamiento. Y eso contrasta con una realidad clara: la discapacidad forma parte de la experiencia humana. Aproximadamente una de cada cinco personas vive con algún tipo de discapacidad, ya sea física, mental o neurológica.
Ver, conocer y ministrar

El primer trabajo de un especialista en discapacidades no es organizar recursos ni ajustar programas. Es conocer a las personas y a sus familias.
Ministrar en este contexto significa escuchar, preguntar con respeto y validar experiencias. A veces basta con que alguien diga, con sinceridad:
“Sabemos que esto no es fácil. Los vemos. Los queremos.”
Como explicó Katie Edna Steed, gerente de especialistas en discapacidades de la Iglesia, sentirse vistos puede aliviar cargas que no siempre se expresan en voz alta.
Muchas familias han experimentado la soledad de tener que salir antes de una reunión, de explicar una y otra vez las mismas necesidades o de sentir que estorban. Un especialista puede ayudar a romper ese aislamiento, creando puentes naturales entre las familias y el resto del barrio.
Incluir sin etiquetar

Uno de los desafíos más grandes es encontrar equilibrio. No asumir que todos somos iguales, pero tampoco reducir a una persona a su discapacidad. Jared Stewart, miembro de la Iglesia con autismo, lo explicó con claridad: cuando preguntamos qué ayuda en cada caso particular, las soluciones suelen ser más simples de lo que imaginamos.
A veces la inclusión no requiere grandes cambios estructurales. En una actividad navideña, por ejemplo, un especialista preguntó cómo hacerla más acogedora para un joven con discapacidad. La respuesta fue sencilla: que alguien se sentara a hablar con él de Star Wars durante unos minutos. Eso bastó para que ese joven se sintiera parte y para que su familia sintiera apoyo real.
Abogar y acompañar

Con el tiempo, el especialista en discapacidades también cumple un rol clave como defensor y mediador. Reunirse con líderes para explicar necesidades puede ser una carga más. El especialista puede elevar esas voces, aconsejar con los consejos de barrio o estaca y ayudar a que las decisiones se tomen con mayor conciencia.
Esto incluye desde ajustes sencillos, como transmisiones en vivo de reuniones o espacios sensorialmente amigables, hasta conversaciones más profundas sobre cómo integrar a niños, jóvenes y adultos en clases, actividades y transiciones importantes.
En un barrio, por ejemplo, antes del paso de un niño con discapacidad de Primaria a Hombres Jóvenes, el especialista ayudó a coordinar una reunión con el obispado. Allí se acordó llamar a un asesor adicional del quórum de diáconos, asignado específicamente para acompañarlo. Pequeñas decisiones, tomadas a tiempo, pueden marcar una gran diferencia.
El cuerpo de Cristo necesita a todos

Este llamamiento no se trata solo de ayudar, sino también de reconocer dones. Las personas con discapacidad no están en la Iglesia únicamente para ser servidas. También están para servir, liderar y bendecir.
Como enseñó la hermana Anna Rast, especialista en discapacidades de estaca, el desarrollo espiritual incluye oportunidades reales de servicio. Esto está profundamente alineado con las enseñanzas del apóstol Pablo:
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” – 1 Corintios 12:12.
Cada miembro importa. Cada diferencia aporta algo que los demás no pueden ofrecer.
Una invitación práctica

Fortalecer este llamamiento no es solo una tarea administrativa. Es una invitación a vivir el Evangelio con más atención y humildad. Cuando aprendemos a ver las diferencias como parte del plan de Dios, la Iglesia se vuelve un espacio más parecido al reino que Cristo enseñó.
Para quienes deseen profundizar, el Manual General (sección 38.8.27.9) y la Biblioteca del Evangelio ofrecen recursos específicos. Entre ellos, una serie de videos educativos desarrollados por la Universidad Brigham Young que recuerdan que la buena enseñanza bendice a todos.
Al final, el cuerpo de Cristo no necesita uniformidad. Necesita amor, paciencia y la disposición de caminar juntos, aun cuando el camino no sea igual para todos.
Fuente: Church News




Que bueno que vamos a tener un especialista para niños con desicapacidad en la primaria o en todas las ares que necesitemos.