Donde hay voluntad, hay un camino: Si puedes soñarlo, puedes hacerlo

A los jóvenes se les enseña que pueden lograr cualquier cosa que se propongan. Donde hay voluntad, hay un camino. Si puedes soñarlo, puedes hacerlo.

Cuando somos jóvenes, lo creemos. El mundo parece lleno de promesas y posibilidades.

Pero, luego, crecemos y la vida pasa, con todas sus decepciones y duras realidades.

Henry David Thoreau, lo describió de esta manera:

“Un joven reúne sus materiales para construir un puente a la luna, o tal vez un palacio o templo en la tierra y, al final, un hombre de mediana edad decide construir un cobertizo de madera con él”. (Véase, “The Writings of Henry David Thoreau: Journals, 1 de mayo de 1852 – 27 de febrero de 1853”).

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Por supuesto, no hay nada de malo en una dosis de realismo, en conocer nuestras limitaciones y nuestras fortalezas. Pero, ¿qué pasa con ese puente a la luna? ¿Es el propósito de la vida hacernos entrar en razón, enseñarnos a reducir nuestras expectativas o frenar nuestros sueños? ¿Es esa alguna forma de vivir?

El poeta William Wordsworth, al describir lo que llamó sus “recuerdos de la primera infancia”, habló de “una época en la que las praderas, las arboledas, los arroyos, la tierra y toda vista común, parecían vestidos de luz celestial”. (Véase, “Oda: Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood”, en “The Collected Poems of William Wordsworth”).

Wordsworth indicó que los niños ven el mundo de esta manera no porque sean ingenuos o inexpertos, sino porque están más cerca de Dios, de nuestro hogar celestial.

La experiencia en este mundo no necesariamente nos abre los ojos. En algunos casos, los nubla.

No hay duda de que el mundo actual se nos viene encima y puede consumir nuestro pensamiento, de tal modo que nos inclina al pesimismo, incluso la desesperanza.

Sin embargo, el cielo todavía se encuentra a nuestro alrededor, ¡si pudiéramos verlo!

Provenimos de un reino de gloria y la gloria nos espera en el futuro. Una gloria que podría hacer que incluso “un puente a la luna” parezca posible.

El optimismo brillante y alegre no es solo para los jóvenes. El optimismo es para todo aquel que esté dispuesto a elevar la vista y ver el futuro con esperanza.

En su discurso “Lo bueno aún está por venir”, el élder Holland nos anima a seguir luchando por nuestros sueños:

“Mantén los ojos puestos en tus sueños, por muy distantes y fuera de tu alcance que parezcan.

“Vive para ver los milagros […] de la confianza y del amor divino que transformarán tu vida hoy, mañana y para siempre”.

El presidente Spencer W. Kimball también nos extendió esa invitación:

“Sueña sueños hermosos y, luego, esfuérzate para hacerlos realidad”.

Por último, en su discurso “Cómo atreverse a grandes cosas”, la hermana Elaine S. Dalton nos dice:

“Esfuérzate mucho para lograr tus sueños. No dejes que el desánimo o los errores te retrasen”.

Entonces, ¿qué esperas? Aún estás a tiempo de hacer realidad tus sueños.

Fuente: Church News

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