Para los Santos de los Últimos Días, el templo y la historia familiar no son solo una tradición. Son una conexión real con quienes nos precedieron. Las escrituras enseñan que “ni ellos pueden perfeccionarse sin nosotros, ni nosotros sin nuestros muertos” (DyC 128:15).
A lo largo de los años, muchos miembros han compartido experiencias en las que el velo entre esta vida y la siguiente parece volverse un poco más delgado. Aquí reunimos algunas de esas historias:
Un momento en el templo

Helen Condon tuvo una experiencia que marcó su comprensión del trabajo del templo. Durante una visita al templo de Hamilton, Nueva Zelanda, llevó el nombre de su tío Albert para que alguien realizara sus ordenanzas. En la confirmación, vio a los dos testigos mortales presentes.
Pero al mismo tiempo sintió como si dos testigos espirituales estuvieran a su lado.
“Ese día supe que lo que registramos en la tierra también queda registrado en el cielo”.
Para ella fue una confirmación de que el trabajo que se realiza en el templo tiene un impacto real más allá de lo que podemos ver.
“No te olvides de mí”

Larry James vivió algo inesperado mientras ayudaba en los sellamientos en el templo Mount Timpanogos. Sentado en la silla de testigo, el ambiente se volvió muy silencioso. Escuchó en su mente una voz femenina decir algo breve:
“No te olvides de mí”.
La voz le resultó familiar, era la de su hermana menor, quien había fallecido años antes. Su hermana había sido bautizada cuando era niña, pero nunca había permanecido activa en la Iglesia. Durante años Larry pensó que ella había tomado sus propias decisiones respecto al Evangelio.
Una semana después, él y su esposa realizaron las ordenanzas del templo en favor de ella.
Reconciliación después de la muerte

Peter Emery siempre sintió que su relación con su padre había sido distante. Su padre era una figura fuerte y la comunicación entre ellos casi siempre había sido formal.
Tiempo después de su fallecimiento, Peter tuvo la oportunidad de realizar el sellamiento por su padre en el templo de Salt Lake. Esa experiencia cambió la forma en que veía su relación:
“Sentí que él estaba allí conmigo. Fue como si finalmente pudiéramos comunicarnos de verdad”.
Para él, fue la primera vez que sintió que realmente eran familia en un sentido más profundo. Entendió que el trabajo del templo también puede sanar relaciones aquí.
La ayuda inesperada de Matilda

Timmi Lynn Webster recuerda el día en que su hija debía rendir un examen difícil, le había pedido que orara por ella.
Timmi respondió que iría al templo y lo haría allí. Antes de entrar, miró que el nombre en la tarjeta por quien haría la obra vicaria, se llamaba Matilda. Hizo una oración sencilla:
“Matilda, voy a hacer tu obra hoy. Si puedes, ¿podrías ayudar a mi hija con su examen? Y si tú no sabes de matemáticas, quizá puedas encontrar a alguien que sí”.
Más tarde ese día, su hija llamó, sentía que alguien había estado a su lado ayudándola mientras respondía el examen.
“Aprendí que el templo puede ser una calle de doble vía. Nosotros ayudamos a quienes están al otro lado del velo, pero a veces ellos también pueden ayudarnos a nosotros.”
Antepasados cerca en momentos de necesidad

En 2017, Ailin Chacón y su esposo Lucas esperaban a su primer hijo, Juan Lionel. Con apenas ocho meses de embarazo, comenzaron las contracciones. Mientras salían a la clínica Ailin oraba en silencio.
Al llegar, su médico tardaría en llegar y ningún familiar respondía las llamadas. Entonces, Ailin comenzó a pensar en su abuela Rosa Mercado y en su bisabuela Javiera Balmaceda. Mientras recordaba sus nombres, sintió con claridad que ellas estaban cerca.
No las vio, pero sentía amor, apoyo y una calma. Para ella, fueron como ángeles ministrando en su momento de necesidad.
Años antes, su familia había realizado las ordenanzas del templo por esas antepasadas. Desde entonces, Ailin cree que esa experiencia fue un recordatorio de que a veces, la ayuda puede venir desde el otro lado del velo.
La historia del presidente Russell M. Nelson

Entre las experiencias sobre este tema está una historia contada por el presidente Russell M. Nelson. Décadas atrás, cuando era cirujano cardíaco, trató a dos niñas con una enfermedad congénita del corazón. Sus nombres eran Laural Ann y Gay Lynn.
Ambas fallecieron después de sus operaciones. Con el tiempo, los padres desarrollaron sentimientos de resentimiento hacia el médico y hacia la Iglesia. Durante seis décadas el presidente Nelson trató de contactarlos, sin éxito.
Una noche, el presidente Nelson se despertó con una impresión espiritual muy clara. Sentía la presencia de aquellas dos niñas.
“Hermano Nelson, no estamos selladas a nadie. ¿Puede ayudarnos?”
Impulsado por esa experiencia, volvió a intentar contactar al padre. Esta vez aceptó reunirse con él. El presidente Nelson relató que literalmente se arrodilló para hablar con él y contarle la impresión que había recibido. El padre comenzó entonces un proceso para prepararse espiritualmente. Tiempo después el presidente Nelson tuvo el privilegio de sellar a toda la familia por la eternidad.
Recordando ese momento, dijo que él y su esposa lloraron durante la ceremonia. Ese día se sanaron corazones.
Un recordatorio para nosotros

Estas historias no buscan explicar cada detalle del mundo espiritual. La Iglesia ha enseñado con claridad que no siempre sabremos cómo ni cuándo ocurre esta ayuda desde el otro lado del velo.
El profeta José Smith explicó que existe “un vínculo de unión” entre los vivos y los muertos (DyC 128:18). Por otro lado, el presidente Joseph F. Smith explicó que los mensajeros que ministran a la tierra no suelen ser extraños, sino personas de nuestra propia familia.
“Nuestros padres, madres, hermanos y amigos que han partido pueden tener misiones para visitar a sus seres queridos y traer mensajes de amor o advertencia”.
El trabajo del templo es parte de ese vínculo. Cuando realizamos ordenanzas por ellos, participamos en algo más que genealogía. Fortalecemos la conexión eterna entre generaciones y sentimos que el cielo está más cerca de lo que imaginamos.
Fuente: Meridian, LDS Living, LDS Daily & churchofjesuschrist.org



