Tengo una confesión que hacer: a veces ser miembro de la Iglesia me hace sentir muy incómoda. Cuando me paro a dar mi testimonio, me siento un poco avergonzada. Cuando programo las visitas con mis maestras visitantes, a veces en secreto, espero que las cancelen o las pospongan. ¿Experiencias misioneras? No oro por ellas, y si lo hago, oro para que las vea llegar unos días antes para poder prepararme.

Aunque soy consciente de que la Iglesia no siempre se trata de estar cómodos [porque] se trata del cambio y del crecimiento, los cuales son procesos muy incómodos. Mi tipo de incomodidad es diferente.

La verdad es que soy una introvertida, y como miembro de una iglesia muy sociable y extrovertida, a veces me siento muy incómoda. No soy la única. Un montón de hermanos y hermanas en tu capilla son introvertidos también. Estas personas son aquellas que escuchan más de lo que hablan, son aquellas a quienes no les importa estar solos, y quienes interactúan mejor con las personas individualmente. A veces son tímidas, pero la mayoría de las veces son simplemente calladas. Para estas personas, la interacción social y la atención son como ejercicio, gratificante pero agotador.

En muchos sentidos, navegar por la propia cultura social de la Iglesia, puede ser bastante difícil para nosotros los introvertidos, más aún cuando la introversión es mal interpretada como distanciamiento o incluso arrogancia. Puede ser imposible hacer que la iglesia sea completamente cómoda todo el tiempo para los miembros introvertidos especialmente cuando nuestra doctrina enfatiza la obra misional y se extiende a través del serviciosin embargo, hay muchas maneras de reconsiderar tus actividades, hábitos y métodos para hacer que los miembros como yo se sientan más a gusto. Aquí hay algunas cosas que puedes hacer:

1. Entiende nuestros límites y no nos sorprendas.  

A la mayoría de los introvertidos no les gusta ser sorprendidos, así que si pasas por nuestras casas inesperadamente para hacer visitas o nos agarras desprevenidos en la Escuela Dominical, podemos sentirnos bastante incómodos. Esto no significa que no nos guste o que no queramos contribuir. Simplemente preferimos tener tiempo para prepararnos. Si quieres pasar por nuestras casas, háznoslo saber. Si quiere nuestra ayuda en clase, llámanos a un lado de antemano y pregúntanos si estaríamos dispuestos a ayudar. Si quieres saber qué es lo que pensamos, habla con nosotros personal e individualmente, y lo más importante, trata de conocernos y averigua con qué nos sentimos cómodos para que nuestra experiencia en la iglesia no sea incómoda, sino satisfactoria.

2. Deja que compartamos nuestro testimonio a nuestra manera.

Para muchos introvertidos, compartir un testimonio puede ser muy incómodo. La mayoría de nosotros creemos y amamos profundamente el Evangelio de Jesucristo, pero a veces luchamos por vocalizarlo de una manera tan pública. A veces, nuestros testimonios se comparten en silencio, en los trazos de una pintura o las palabras de un poema. El hecho de que alguien no comparta un testimonio vocal no significa que no tenga uno.

3. Planifica actividades individuales, no sólo actividades centradas en grupos.

Una cosa en la que somos excelentes como Iglesia es la planificación de actividades sociales. Desde las noches de enriquecimiento hasta las despedidas de la misión, a los mormones les gusta jugar, hablar y trabajar juntos. Eso no es malo, pero a veces, tener tantas actividades sociales en el calendario puede ser desalentador para un introvertido.

¿Por qué no intentar cambiar las cosas? Averigua qué les gusta hacer a los miembros individualmente, y acomoda esos intereses. Planifica un paseo a un museo de arte o a una obra de teatro, por ejemplo. Reserva un tiempo para explorar tu biblioteca local y ver los recursos que tienen para ofrecer, o ten una noche donde los miembros puedan comprar lienzos y pintar. Estos tipos de actividades no solo ofrecen un ambiente cómodo para aquellos que son más introvertidos, sino que suscitan intereses y refinan talentos. Nos ayudan a crecer como individuos y como hermanos y hermanas.

4. Planifica viajes regulares al templo con tu barrio.

Algo que realmente aprecio es cuando mi barrio planea frecuentes viajes a los templos. Nada es mejor que sentarse en silencio en el templo y solo pensar o leer las escrituras. De muchas maneras, devuelve toda la energía que a veces pierdo durante el periodo de la iglesia de tres horas y me iguala. Mi consejo sería hacer de la asistencia al templo una prioridad en tu capilla. Hay tantos beneficios evidentes para ir, y uno de ellos será dar a tus hermanos y hermanas introvertidos una pausa hermosa y pacífica.

5. Mantén nuestras necesidades en mente cuando enseñes.

Un entorno de clase es un gran lugar para compartir ideas y aprender, pero si eres como yo, mucha de tu participación ocurre internamente, no externamente. Puedo tardar un total de dos horas para vocalizar un pensamiento que he estado reflexionando desde una reunión anterior, y muchas veces cuando tengo algo que decir en ese momento, el maestro no ha dado suficiente tiempo. Aquí hay una solución para eso: en vez de dar tiempo en la clase para preguntas básicas como “¿cuál es el primer principio del evangelio?”, da más tiempo para preguntas profundas y personales y permite el silencio mientras espera respuestas. Podría ser incómodo, pero será propicio para el espíritu, y te sorprenderás con la inspiración que vendrá cuando le das tiempo.

 

Además, en lugar de crear un ambiente que sólo exige una participación vocal y tiempo sensible, haz que tu lección se extienda más allá de las paredes del aula. Continúa con las discusiones de la clase en la página de Facebook de tu barrio o en la tuya. Anima y guía el estudio continuo de los manuales de los estudiantes, o incorpora nueva tecnología, como polleverywhere.com, donde los estudiantes pueden escribir sus pensamientos y aparecerán en la pantalla. Te sorprenderás por la profundidad del enfoque y la visión que pueden venir cuando se permite que los miembros escriban sus pensamientos en lugar de sólo hablar sobre ellos. Muchos de nosotros podemos escribir lo que pensamos mejor que hablar sobre ello.

6. Respeta nuestra necesidad de estar a solas, pero también asegúrate de que no estemos aislados.

A veces, los introvertidos sólo necesitamos nuestro espacio. No es raro. No es espeluznante. Es como somos. Permítenos un tiempo de descanso.

Por otro lado, sigue preguntando por nosotros. Puede ser muy solitario ser un introvertido en la Iglesia. A menudo, los miembros de nuestras capillas que no entienden por qué no somos super sociales suponen que ellos no nos caen, y en muchos casos, esa suposición conduce a la evasión. Pocas cosas son tan dolorosas como ser mal entendidos y que no te hablen en tu capilla.

La realidad es que los introvertidos no odian a la gente; sólo interactuamos con personas de manera diferente. Por lo general nos sentimos más cómodos en grupos más pequeños donde podemos hablar y discutir cosas que nos importan profundamente. Háblanos cara a cara cuando tengas la oportunidad, en lugar de hacerlo en grupo.

7. Reconoce que a veces los introvertidos dirán que no. No nos guarde rencor por eso.

A veces, puedes preguntarle a una hermana o hermano introvertido si puedes visitarlos, si están dispuestos a ayudar con un evento, o si pueden hablar en la iglesia, y dirán que no. Para la mayoría de la gente, que te digan “no” en la Iglesia es extremadamente desagradable y un poco ofensivo, y quizás se enojen. Ten en cuenta de que probablemente no has hecho nada malo sino que tal vez ellos [los introvertidos] aún no estén muy cómodos con ciertas cosas. No los presiones negativamente y no los juzgues con dureza por ello. La introversión, como la mayoría de las cosas, viene en diferentes grados y etapas. Ten paciencia con ellos y sigue amándolos. Siempre sigue amándolos.

Este artículo fue escrito originalmente por Arianna Rees y publicado en ldsliving.com, con el título “7 ways to help introverts feel more comfortable at church” 
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