“Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?”

Eran las 2 de la tarde de un soleado día en Puno Perú, estaba con mi compañero de misión en un centro de Estaca escuchando la sesión de la tarde en una Conferencia General, me da un poco de vergüenza confesar que estaba cansado, distraído y aburrido.

Lago Titicaca, Puno, Perú.

Esa semana había recibido algunos emails de amigos de estudio comentando sobre sus logros en la universidad y lo bueno que se veía su futuro profesional, algunos me preguntaban que haría al volver. Me decían también que debía esforzarme mucho porque por posponer mis estudios 2 años estaría algo retrasado y por lo tanto sería difícil  comenzar a trabajar de la forma que había planeado al ingresar a la universidad.

Esa semana pocas personas habían mostrado interés en escucharnos, me preguntaba si realmente valía la pena  estar en la misión cuando podía tal vez estar aprovechando mi tiempo estudiando y tratando de alcanzar mis metas profesionales.

Estaba lleno de dudas y temores por mi futuro, me preguntaba que difícil sería retomar mis proyectos y sobre todo estar al nivel de aquellos compañeros que  estaban aparentemente alcanzando sus sueños mientras yo estaba en un pequeño pueblo de Perú donde muy pocas personas querían escucharme.

Viendo en  retrospectiva aquella semana en mi misión me doy cuenta que fácil es para nosotros distraernos y olvidar las promesas del Señor.

Pero analizando más a fondo en mi corazón me pongo a pensar si en ese tiempo como  misionero en el campo, sabía con completa convicción de que la obra que estaba haciendo, la iglesia a la que pertenecía era todo lo que decir ser,  en efecto la única iglesia viviente en el mundo.

Un testimonio prestado

Había sido miembro toda mi vida, había dado muchas veces mi testimonio diciendo y afirmando casi en forma automática que la iglesia era verdadera, que Jesucristo era nuestro salvador y que el Libro de Mormón era en efecto otro testamento de nuestro salvador.

Como lo supe por mí mismo

Sentado junto a mi compañero, en aquella sala casi vacía porque no muchos asistían a las sesiones del sábado por la tarde de la Conferencia General, viendo hacia abajo, con los ojos casi llorosos por la tristeza, frustración y dudas que embargaban mi mente levante la cabeza y mire hacia la pantalla donde transmitían la conferencia a un desconocido (para mí en ese entonces ) Elder  en ese entonces miembro de la Presidencia de los Setenta.

Elder Neil L. Andersen.

Él comenzó su discurso con una historia del Presidente Hinckley  y un oficial asiático, este hombre había ido a Estados Unidos y había conocido la iglesia y se había bautizado, el Presidente Hinckley le preguntó que pensaría su familia al enterarse de que se había convertido al cristianismo y sobre todo al cristianismo mormón.

Presidente Gordon B. Hinckley

El oficial de forma triste le comentó que todos estarían decepcionados y que posiblemente se le negaría cualquier posibilidad para avanzar profesionalmente.  El Presidente Hinckley le dijo si estaría dispuesto a soportar todo eso. El oficial le respondió con una pregunta “Esta es la verdad ¿no es así?  El Presidente Hinckley respondió; Si, es la verdad. A lo que oficial respondió, entonces que importa lo demás.

Parecía como si el Señor mismo hubiera escuchado mis pensamientos y había respondido una pregunta que ni siquiera había formulado pero que tal vez la sentía desde el fondo de mi corazón. Esta es la verdad ¿no es así Señor? Si, Isaac, esta es la verdad. no te preocupes por lo demás.

Aveces no sabemos que en realidad lo sabemos

Mi compañero se asusto un poco al verme llorar casi como un niño, me preguntó si todo estaba bien, no podía contener aquel sentimiento de agradecimiento y a la vez arrepentimiento por dudar de él y de su iglesia. Yo sabía que era verdad, siempre lo supe, solo no sabía que lo sabía.

Había pospuesto mis sueños y dejado todo lo poco que tenía por servirlo, porque sabía que esta era la verdad, solo había olvidado que en realidad si sabía que está era su obra y me había distraído por las cosas del mundo.

Esta es la verdadera Iglesia de Jesucristo

Todos tenemos la Luz de Cristo, aquel sentimiento que nos ayuda a reconocer lo bueno y lo malo, aquel sentimiento que nos susurra y nos dice que la iglesia de Jesucristo es todo lo que clama ser. Respetamos a nuestros hermanos de otros credos pero sabemos que Jesús es el Cristo y que el evangelio ha sido restaurado en estos días por profetas y apóstoles.

Guardo con mucho aprecio aquella tarde en una capilla en Puno Perú, aquel día que supe sin ninguna duda de que la iglesia era la verdadera. No vi ángeles, no vi una luz, no pasó nada extraordinario, solo escuche lo que el Señor quería que yo supiera. Esta es la verdad, entonces que importa lo demás.

Cada vez que tengo algún desafió me pregunto a mi mismo: Esta es la verdad ¿no es así? Si, esta es la verdad. Entonces que importa lo demás.

 

Discurso: Es verdadero, ¿no es así? Entonces, ¿qué importa lo demás?