La maternidad y la expiación me ayudaron superar la anorexia

tener un bebé

Nunca fui una persona pequeña. Yo siempre era más alta que todos, incluso más alta que los chicos, y la pubertad temprana, me ayudó a no pasar por los “años incomodos”.

Con todos los recuerdos felices de mi infancia también tengo los recuerdos no tan felices, los cuales nunca podré dejar completamente; cuando me hicieron bullying en la escuela primaria porque parecía embarazada, cuando me recordaban que tenía que meter la barriga, o cuando iba de compras con mis amigas y la vergüenza que sentía porque necesitaba tallas más grandes. Estos recuerdos y todas las cosas que me decían sobre la dieta y sobre la imagen de mi cuerpo eran un triste comienzo de un trastorno alimenticio.

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Por Eve Harper

 

 

Perdiendo peso y control

Todo realmente empezó cuando empecé la universidad. En este punto, empecé a interesarme más en correr y en hacer bastante ejercicios. Empecé a bajar de peso, recibir más atención de los chicos que me invitaban a salir.

De repente quería comer más saludable también. En el transcurso de unos pocos años y después de haber procurado muchas dietas que estaban de moda, empecé a contar calorías, eliminar grasas y dejar de comer carbohidratos porque pensé que eso me ayudaría a ser saludable y a seguir perdiendo peso. En realidad, disfrutaba mucho cuando contaba todas las calorías que quemaba después de hacer ejercicios por la mañana y luego procuraba comer menos de esa cantidad en el desayuno y en el almuerzo. Empecé a alejarme de la comida que me gustaba y a comparar la comida que comía con la de las otras personas. Yo pensaba que para estar más delgada que otras personas, tenía que comer menos que ellas.

Cuando me casé, también me mudé a otro estado, lejos de mi familia y empecé un nuevo trabajo que era menos que ideal para mí. En mi trabajo las personas hablaban de mí constantemente y yo pensaba que para poder ser una esposa buena tenía que vivir una vida perfecta. Yo tenía que tener la casa impecable, cenas extravagantes todas las noches, cumplir con todos los deseos de los invitados y tener a la mano la masa para hacer galletas recién horneadas.

Con el caos de mi trabajo y la presión de ser perfecta, la comida llegó a ser la única cosa en mi vida que sí podía controlar. Continué aumentando mis ejercicios y comía menos. A veces cuando tenía tanta hambre durante la noche, me empalagaba de las cosas que no comía durante el día. Me caía tan mal al día siguiente que sentía la necesidad de castigarme por lo que había hecho. Llegó a ser un ciclo muy feo de pasar hambre, empalagarme y pasar hambre otra vez.

Estaba agotada emocionalmente y físicamente y en ese momento no me daba cuenta como todo eso afectaba la relación con mi esposo. Me estaba convirtiendo en una esclava de mis pensamientos sobre los alimentos y el ejercicio. Mi obsesión de estar “saludable” me llevó a estar peligrosamente baja de peso y poco saludable.

Incluso cuando cambié de trabajo y estaba en un ambiente más agradable, seguía atrapada en mi peligrosa mentalidad y no podía superar completamente mi obsesión. Yo sabía que no podía vivir así y que tenía que tomar el control de mi vida otra vez para ser verdaderamente feliz.

Procurando a cambiar

Cuando estaba en mi situación difícil del trabajo recuerdo estar manejando a mi casa un día y ver millones de flores amarillas por la carretera. Fue una pequeña señal para seguir luchando en los desafíos de mi trabajo. Este pequeño milagro llegó otra vez a mi vida cuando más lo necesitaba.

Cuando perdí el control de mi trastorno alimenticio y todo parecía obscuro y me sentía sola, recuerdo que rogaba a mi Padre Celestial de día y de noche por ayuda. Durante un tiempo pensé que él no me escuchaba y que estaba más sola de lo que pensaba. Un día fui a correr a un camino que me gustaba mucho y oré otra vez a mi Padre Celestial y le pregunté si se preocupaba por mí. Cuando terminé la oración y levanté mi cabeza, vi otra vez las flores amarillas. Esas flores fueron la respuesta a mi oración. Era una manera sencilla en la que mi Padre Celestial me decía que me amaba y que estaba contestando mis oraciones.

Yo llegué a saber, entender y tener un testimonio de que la Expiación no es solamente para las personas que han cometido pecados sino también es para las personas que están tristes y están pasando por dificultades. Decidí darle todas mis cargas al Salvador Jesucristo y permitirle ayudarme. Después de muchas más oraciones, de hablar con consejeros y recibir apoyo de otros empecé a progresar.

Gradualmente y con mucho dolor comencé a subir de peso. Eso fue muy difícil pero tenía a mi esposo ayudándome y diciéndome que lucía bien y que mi cuerpo le gustaba más . Todas las personas que me rodeaban me decían que yo lucía más saludable y feliz.

Aunque mi cuerpo y salud estaban cambiando y mi testimonio estaba creciendo a través de la Expiación, todavía era difícil cambiar mi perspectiva. Encontré a una historia que me ayudó a darme cuenta de los momentos y años que estaba perdiendo pensando tanto en algo que en realidad no es tan importante. Y fue entonces cuando me hice la promesa de que nunca más perdería tiempo pensando en cosas que no tenían sentido.

Yo escribí la siguiente carta para que me ayudara aceptar la verdad:

¡Rompe el hábito y sé más saludable y feliz!

¡Tú realmente eres una mujer hermosa y eres una hija de Dios que puede hacer muchas cosas maravillosas! Tú has visto que eres un ejemplo para las chicas que has enseñado, para tus hermanas, las chicas de tu barrio y para muchas más que quizás aún no conozcas. Piensa en tus futuras hijas y en el ejemplo que les puedes dar. ¡Recuerdas cuando saliste a correr con tu hermana y estar llorando porque no querías que nadie se sintiera de la manera que te sentías?. Bueno, esta es tu oportunidad de ser fuerte y feliz.

¡La comida no es el enemigo! La comida siempre ha sido una de tus mejores amigas. Sí, disfruta del cereal, el helado y los postres. No te prives de la comida que te encanta, ni dejes que después se vuelva en tu contra y te haga sentir enferma, decepcionada, sin confianza y menos hermosa. ¡Esa no es la persona que conozco!

La persona que conozco es auto disciplinada, saludable, tiene confianza, se preocupa por los demás, es organizada, dedicada y verdaderamente hermosa por dentro y por fuera. ¿Recuerdas la mirada de tu esposo, cómo no podía quitar sus ojos de ti y parecía que él nunca había visto a alguien tan linda en todo el mundo? Él no podía esconder sus ojos o la sonrisa que tenía cuando te miraba. ¿Ocurrió eso cuando miraba tu cuerpo o cuando pensabas y sentías que tenía un estómago plano? ¡NO! Fue después de verte servir a otros. Fue cuando tú dejaste a pensar en ti misma y empezaste a pensar en los demás y a ser verdaderamente feliz.

Con el año nuevo sé que hay cosas que necesitas cambiar. Necesitamos romper el hábito emocional de empalagarte para que podamos disfrutar la vida y las oportunidades que trae y ser verdaderamente feliz. ¡Empecemos aquí y ahora el camino para romper este hábito!

Tú sabes que te amas y estás agradecida por el cuerpo que tienes y por el apoyo de todas la personas que te rodean. En cinco años, ¿conocerás a alguien que recuerde tu tamaño o tu peso? ¿Tú lo recordarás? ¿Cómo quieres que te recuerden y qué quieres recordar y disfrutar?

¡No esperes hasta que estés lista para morir para realmente aprender a vivir!

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Encontrando perspectiva

Después de escribir la carta, finalmente reaccioné cuando mi esposo y yo empezamos a hablar seriamente sobre el tema de tener hijos. Me di cuenta de lo que le estaba haciendo a mi cuerpo, no solamente me estaba afectando a mí sino que también estaba entorpeciendo mi oportunidad de tener un bebé.

Inmediatamente dejé de enfocarme en mí y en lo que comía y empecé a enfocarme en hacer todo lo posible para estar saludable y ayudar a mis futuros hijos a ser felices y saludables también. Dejé de hacer tanto ejercicio, comencé a comer más y le di a mi cuerpo lo necesario para crecer fuerte. Después de todo llegué a darme cuenta que no era “gorda” como siempre lo había temido. Llegué a ser mucho más feliz, a tener más seguridad en mi cuerpo y me convertí en la persona que mi Padre Celestial y Salvador sabían que podía ser.

Después de muchos meses de preocuparme si quedaría embarazada o no, me enteré que estaba embarazada. Mi corazón estaba lleno de tanta alegría y amor por ese pequeño ser humano dentro de mí.

Si en el pasado me hubieran dicho que iba a tener que subir 25-35 libras durante el embarazo y pesar más que mi esposo, me hubiera vuelto loca. Fue un milagro en mi vida saber que mis propios valores y los de la vida que llevaba en mí significaban mucho más que un número en la balanza. Mi bebé ha sido más que una bendición en mi vida.

Cuando yo verdaderamente entendí que lo que estaba haciéndole a mi cuerpo no solamente me afectaba a mí, ¡TODO cambió! Sólo recuerda que no puedes controlar lo que piensan otras personas pero sí puedes ser la mejor y la más feliz versión de ti misma. De eso si tienes el control.

Llegando a lo alto

Durante este tiempo leí un discurso del élder Jeffery R. Holland titulado “A las mujeres jóvenes” que me ayudó a entender mejor mi determinación para amarme a mí misma y ayudar a otras personas que pasaban las mismas cosas que yo pasé. En el discurso el élder Holland dice, “Les suplico, jovencitas, que por favor se acepten a ustedes mismas, incluso la forma y la contextura de su cuerpo, con menos deseos de parecerse a alguna otra persona. Todos somos diferentes; algunos son altos y otros bajos; algunos son gruesos y otros delgados, y casi todos, en algún momento, quieren ser lo que no son.

La atención excesiva al lo personal y el énfasis en el físico es más que demencia social; es espiritualmente destructivo y es responsable de gran parte de la desdicha con que las mujeres, entre ellas las jovencitas, se enfrentan en el mundo de hoy. Y si los adultos se preocupan de la apariencia –de hacerse estirar la piel, de recortarla o de hacerse implantar objetos en el cuerpo, o de hacerse modificar todo a lo que se le pueda dar nueva forma– esas preocupaciones y angustias seguramente tendrán un efecto en los hijos… Uno necesitaría un grande y espacioso estuche de cosméticos para competir con la belleza según la representan por todas partes los medios de difusión”.

Verdaderamente entender y saber que soy hija de Dios con un potencial divino para la maternidad me ayudó a conquistar mi trastorno alimenticio, a través del poder de la Expiación y el amor de mi Salvador. Debido a eso y a toda la experiencia, sé que tengo el poder para superar cualquier obstáculo, incluso los que se encuentran dentro de mí.

 

Fuente: LDSLiving.com

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