¿Cuántas veces cada uno de nosotros hemos dicho algo como esto dentro de nuestros corazones? “Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y  ahora Jehová nos ha desamparado. . .

 

Una de las preguntas más frecuentes en el mundo acerca de Dios es la siguiente: “¿Por qué Dios permite que ocurran cosas malas a la gente buena?” Es una pregunta que se ha hecho desde el Antiguo Testamento.

Después de que los hijos de Israel habían llegado a la tierra prometida, todavía seguían en su adoración de dioses falsos. Personas llamadas los madianitas se enfrentaron a las tribus de Israel y les causaron una gran miseria. Durante un período de siete largos años, ellos venían como langostas en tiempo de cosecha en las tierras de los israelitas y se llevaban todos los cultivos de granos. La gente se moría de hambre, por lo que clamaron a Jehová (véase Jueces 6:1).

Un líder israelita poderoso llamado Gedeón estaba sacudiendo el trigo en un lugar secreto cuando ocurrió un evento increíble. Un mensajero de Dios se le apareció.

“Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, hombre poderoso y valiente.

“Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado y nos han entregado en manos de los madianitas.

“Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de manos de los madianitas. ¿No te envío yo?” (Jueces 6: 12-14).

Gideon no podía comprender las palabras reconfortantes del ángel declarando que Jehová estaba con él cuando todas las personas a su alrededor estaban sufriendo. Él hizo la vieja pregunta acerca de Dios: ” si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?”

Salmo 34:19 dice: “Muchas son las aflicciones del justo, mas de todas ellas le libra Jehová”

Una de las partes más difíciles de las pruebas es evitar la tentación de comparar nuestras vidas a las de los demás. En medio de la adversidad, puede parecer que sólo nosotros estamos sufriendo y que todo el mundo continúa en su camino feliz, siendo bendecidos por Dios y disfrutando de la vida. La amargura y la envidia pronto se acercan, así que debemos de tener cuidado.

Élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “la envidia es un error que continúa indefinidamente. Obviamente sufrimos un poco cuando nos sobreviene un infortunio a nosotros, ¡pero la envidia exige que suframos por toda la buena fortuna que le sobreviene a todos los que conocemos! Qué futuro brillante: ¡tragar otro litro de vinagre cada vez que alguien a nuestro alrededor tenga un momento feliz! (“Los obreros de la viña”, Liahona, mayo de 2012).

Para algunas personas, la adversidad también puede crear tal amargura que ya no quieren saber nada con Dios. No quieren saber nada con un Dios que permite tal sufrimiento. Élder Neil L. Andersen, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El distanciarse de el reino de Dios durante una prueba a la fe es semejante a salir de un refugio subterráneo en el preciso momento en que se aproxima un tornado” (La prueba de vuestra fe”, Liahona, noviembre de 2012).

Superar las pruebas con éxito tiene mucho que ver con la confianza. ¿Realmente creemos que Dios está haciendo lo que es mejor para nosotros, incluso si el mundo que nos rodea está cayendo a pedazos? “Escudriñad diligentemente, orad siempre, sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien, si andáis en la rectitud y recordáis el convenio que habéis hecho el uno con el otro” (D. y C. 90:24).

El presidente Dieter F. Uchtdorf de la Primera Presidencia, dijo: “Puede que haya algunos de ustedes que sientan que los invade la oscuridad; quizás se sientan agobiados por la preocupación, el miedo y la duda. Para ustedes y para todos nosotros, repito una verdad hermosa y certera: la luz de Dios es real. ¡Está a disposición de todos! Da vida a todas las cosas. Tiene el poder para atenuar la punzada de la herida más profunda; puede ser un bálsamo sanador para la soledad y la enfermedad de nuestra alma. En los surcos de desesperación, puede sembrar las semillas de una esperanza más resplandeciente. Puede alumbrar los valles de dolor más profundos, iluminar el sendero que tenemos por delante y guiarnos a través de la más oscura noche hasta llegar a la promesa de un nuevo amanecer.” (La Esperanza de la Luz de Dios”, Liahona, mayo de 2013).

Extracto del artículo en inglés publicado en lds.org por contribución de Church News y destacado en LDSliving.com. Traducido al español por Mariela Viernes.