Servir una misión y compartir el Evangelio puede ser difícil

Como Santos de los Últimos Días, todos estamos llamados a servir como misioneros en nuestra vida cotidiana, a través de nuestras acciones y palabras. Pero, en nuestra prisa por compartir las “buenas nuevas”, primero hay que asegurarnos de tomarnos un tiempo para pensar en aquellos con quienes estamos compartiendo el Evangelio.

Aquí tenemos unos consejos que nos pueden ayudar a predicar el evangelio y conectarlo con las personas a nuestro alrededor.

Servir en una misión puede ser difícil … especialmente cuando eres rechazado en cada puerta. Pero dentro del Libro de Abraham hay algo que puede ayudar a los misioneros a ser eficaces en cualquier cultura que hayan sido llamados a llevar el Evangelio.

Abraham fue llamado a una misión en el Medio Oriente, Egipto. Una misión difícil. Su trabajo no iba a ser una tarea fácil debido a las tradiciones de los egipcios. Si tú piensas que va a ser difícil antes de salir a tu misión … sólo echa un vistazo a Facsímile Nº 1 en La Perla de Gran Precio y sabrás de lo que estoy hablando.

El Señor le enseñó a Abraham personalmente la forma en que podría convertirse en un misionero eficaz para los egipcios y Abraham lo anotó para ti, para que aprendieras a ser un misionero eficaz para las personas a quienes tú has sido llamado a servir.

Buscar cosas en común

Joseph F. McConkie dijo que,”no hay ningún dispositivo de enseñanza que se utilice de manera más eficaz, o con frecuencia en las escrituras para ampliar la comprensión que, ‘comparando’ el principio que se enseña a algo ya entendido por aquellos que están siendo instruido”.

“Comparando” es una manera de encontrar puntos en común con la gente. Toma algo que ya conocen y comprenden y luego construye una relación de confianza en el concepto que ambos entienden. Luego, usa el mismo concepto para enseñar el nuevo concepto.

En la mayoría de los casos, la búsqueda de un punto en común será la única manera para que los demás escuchen lo que estás diciendo. La camisa blanca, la corbata, y el nombre en la placa evoca inmediatamente las nociones preconcebidas acerca de ti. Si las personas a las que quieres enseñar no tienen sus oídos abiertos y sus corazones ablandados hacia ti, no importará lo que digas o con qué fuerza lo dices.

Con Abraham, el Señor sabía que no tendría éxito en Egipto a menos que él aprendiera esta lección.

En Ur de los caldeos, el Señor instruye a Abraham en la forma más eficaz para conseguir que el pueblo egipcio escuche su mensaje. Primero le enseña acerca de astronomía. Los primeros diecisiete versículos del capítulo 3 de Abraham tratan sobre las estrellas y los planetas y su relación entre sí. Abraham estaba probablemente muy confundido. Seguro él pensaba, “¿qué tiene que ver todo esto con el Evangelio de Jesucristo? ¡Soy un misionero, un astrónomo no!”

El Señor seguro pensaba, “Abraham … voy a mostrarte algo sorprendente. Algo con que los egipcios realmente pueden relacionarse de alguna forma y así no van a querer pegarte o cerrarte la puerta en la cara. A los egipcios les encanta la astronomía … y si tu quieres ganar su confianza, no hay mejor manera que hablar de astronomía con ellos.

En el versículo 18, Abraham probablemente estaba sorprendido por lo que aprendía acerca de la astronomía. Pero entonces el Señor usa las palabras, “así también,” para pasar de la astronomía (la obsesión de los egipcios) a el plan de salvación (algo que ellos no tienen ni idea de lo que significa y probablemente rechazarían)

Abraham acaba de aprender que si no puede llamar la atención de los egipcios, y establecer puntos en común con ellos, él no tendrá ninguna posibilidad de enseñarles acerca de Jehová. Ese fue el día en que Abraham aprendió lo que significa ser un verdadero misionero. En primer lugar tienes que ser real. Tienes que conocer a la gente que enseñas. Y tu tienes que encontrar puntos en común con cada uno de ellos para que efectivamente se abran sus corazones a tu mensaje.

Este artículo ha sido escrito y publicado en inglés por Greg Trimble. Publicado también en LDSliving.com y traducido al español por David Tamas para mormonsud.org