John Johnson tenía 22 años cuando conoció el evangelio restaurado en Suecia. La decisión de bautizarse cambió su vida, pero también provocó el rechazo de algunas de las personas que más quería.

Su madre se opuso a su decisión y otros familiares dejaron claro que no estaban dispuestos a escuchar sus nuevas creencias. Uno de los momentos más dolorosos ocurrió cuando fue a visitar a un tío. Al llegar, este le pidió que se marchara y que nunca regresara.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

John salió de la casa y vio a sus primos observándolo desde una ventana. Intentó despedirse, pero ellos desaparecieron de su vista. De regreso a casa, se detuvo en una zona rodeada de árboles. Se sentó sobre una roca y comenzó a llorar.

Allí se arrodilló y pidió al Señor que algún día pudiera llegar al corazón de su familia y compartir con ellos el evangelio.

Intentó enseñarles durante años

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Con el tiempo, John fue llamado a servir como misionero en Suecia, incluso en la zona donde había crecido. Durante su primera misión enseñó y bautizó a varias personas. Sin embargo, ninguno de sus familiares decidió unirse a la Iglesia.

Antes de emigrar a Utah logró reconciliarse con su madre, aunque su deseo de compartir el evangelio con toda su familia seguía pendiente.

Años después se casó con Edla, una joven de ascendencia sueca, y tuvieron tres hijos: Elinor, Elsie y Lawrence.

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando recibió un segundo llamado para servir en Suecia, su hijo menor tenía apenas tres meses. Aun así, John y su esposa decidieron aceptar el llamado. Esta vez algunos de sus familiares estuvieron más dispuestos a recibirlo. Incluso abrieron sus hogares para escucharlo.

Pero nuevamente regresó a Estados Unidos sin ver a ninguno de ellos aceptar el evangelio.

Pasaron más de 30 años.

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Su hija mayor, Elinor, también fue llamada a servir como misionera. Durante su misión contrajo tuberculosis y, después de varios años enfrentando la enfermedad, falleció siendo aún joven. La pérdida golpeó profundamente a John.

No lograba entender por qué su hija, que había dedicado parte de su vida a servir a otras personas, había muerto tan pronto.

Una noche recibió la respuesta

hombre orando
Imagen: Canva

Tiempo después, mientras dormía, John despertó al escuchar una voz que le decía:

“Pediste una bendición, y yo te di una mayor”.

John se incorporó y, según relató, tuvo una manifestación en la que vio a su hija Elinor frente a él.

Ella parecía feliz.

hombre orando
Imagen: Canva

Entonces le dijo:

“Padre, he estado predicando el evangelio a nuestros familiares que han fallecido y ellos me están escuchando”.

John recordó algo que Elinor había dicho antes de morir: deseaba poder servir en otra misión.

Para él, aquella respuesta tuvo un significado especial. Su hija estaba haciendo por sus familiares fallecidos aquello que él había intentado hacer durante tantos años.

persona orando
Imagen: Canva

La oración que había ofrecido siendo un joven converso, arrodillado junto a una roca en Suecia, encontraba finalmente una respuesta.

La historia quedó entre sus descendientes como un recordatorio de una enseñanza que los líderes de la Iglesia han repetido en distintas ocasiones: a veces, el velo que separa esta vida del mundo espiritual puede sentirse muy delgado.

Fuente: Mais Fe

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