A los 99 años de edad, no hay muchas cosas que Nellie Leighton no haya visto o experimentado.

Nació el 18 de febrero de 1919 en Provo, Utah, creció en una pequeña casa sin tuberías, electricidad parcial y una gran estufa de carbón para el calor.  Sus años de adolescencia fueron marcados por la Gran Depresión y, los primeros años de su matrimonio y maternidad fueron coloreados de manera similar por los efectos de la Segunda Guerra Mundial.

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En la década de 1950 y 1960, siguiendo la tendencia de muchas mujeres, se unió a la fuerza laboral cuando aceptó un empleo en la venta de Tupperware. En 1999, después de poco más de un año de servir como misionera mayor en la Biblioteca de Historia Familiar de la Iglesia en la Manzana del Templo en Salt Lake City, Utah, un intruso disparó a Leighton en la cabeza y se cobró la vida de dos personas.

Todos los que conocen a Leighton la describen como una mujer amable, alegre, servicial, poco obstinada, espiritual y fuerte. Cuando le preguntan a Leighton qué es lo que más le importa, responde sin duda alguna: “Solo quiero servir a mi Padre Celestial.”

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Decidida a no reducir la marcha

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Nellie Leighton, a la derecha, junto a su amiga y vecina, Beverley Stephan, a la izquierda.

Sentadas una frente a la otra en el departamento de Leighton en West Temple con vista  a la Manzana del Templo, Leighton y su amiga y vecina, Beverly Stepham, de 91 años, bromean sobre su vejez.

“Somos un buen par”, dice Leighton mientras se ríe. “Ella no puede escuchar y yo no puedo ver.”

“Sí, somos un buen par”, estuvo de acuerdo Stephan.

Leighton agregó, “Ella es la mejor medicina que he tenido. Me hace reír.”

Como Stephan la describe, Leighton es una gran vecina y un gran ejemplo de lo que significa ser un discípulo de Cristo.

“Su espiritualidad es sin medida, es muy fuerte. Es muy importante para ella ir a la Iglesia el primer domingo de cada mes y compartir su testimonio. Incluso, si no se siente bien, va a la Iglesia en su silla de ruedas, se levanta y da su testimonio,” dijo Stephan.

“Debido a su vista deteriorada, Leighton ahora está oficialmente ciega, pero su mente sigue tan lúcida como siempre. Y, debido a que ya no puede ver para leer, pasa gran parte de su tiempo aprendiendo y estudiando con la ayuda de audiolibros.”

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Nellie Leighton, de 99 años, yendo a su trabajo como misionera en la Biblioteca de Historia Familiar con su amiga Beverley Stephan y su hija Kathleen Bailey en Salt Lake City.

Stephan se ríe cuando describe cómo Leighton va y viene de la biblioteca o de la iglesia cada semana. “Nellie usa su silla de ruedas. Si pudieras verla rodar por West Temple… no tiene miedo. Solo avanza y no puedes seguirle el ritmo.”

Igualar este nivel de energía a los 99 años puede ser una hazaña. “Yo me canso, pero ella tiene 99 años y todavía corretea como una niña”, dijo Stephan.

“Pero, siempre ha sido así”, dijo la hija de Leighton, Kathleen Bailey.

Bailey relató una historia de 1996, cuando Leighton estaba ocupada viajando por el mundo con sus hermanos e hijos y enfrentó el desafío de subir las escaleras hasta la cima de la Gran Muralla China a los 77 años.

“No queríamos subir, pero mi mamá dijo, ‘Vine por todo este camino y lo haré’”, dijo Bailey. Así que la ayudamos a subir las escaleras hasta la cima.

“Ella es una madre maravillosa y sigue apoyando a todos. Intenta estar al tanto de todos y le gusta dirigir las cosas”, dijo Bailey, señalando que a pesar de las quejas de sus hijos y nietos, Leighton ha intentado participar en todos los planes para su próxima fiesta de cumpleaños n° 100.

20 años de servicio misional

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Nellie Leighton saludando a una compañera misionera en la Biblioteca de Historia Familiar.

A medida que se acerca su cumpleaños n° 100, Leighton dijo que no hay nada más que preferiría hacer con su tiempo que servir al Señor como misionera de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

“Está viniendo tan rápido. Solo quiero ser una misionera de 100 años y vivir todo ese tiempo, si el Padre Celestial me lo permite”, dijo Leighton.

Durante los últimos 20 años, ha servido como misionera mayor en la Biblioteca de Historia Familiar de la Iglesia y, con un poco de suerte, eso es exactamente lo que estará haciendo cuando llegue su cumpleaños este mes.

En la biblioteca, la función principal de Leighton es sentarse en el escritorio de los visitantes del tercer piso dos días a la semana, donde recibe a los visitantes y les indica la dirección correcta si están buscando ayuda con la investigación de historia familiar.

“Amo ser misionera y servir al Padre Celestial ahí, pero también servir a las personas que entran a la biblioteca. Durante 17 años me senté frente a la puerta principal y les di la bienvenida a todos los que entraban y salían, extraño hacer eso.”

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Nellie Leighton con una compañera misionera.

Leighton explicó que la biblioteca se renovó hace unos años y que la mesa de visitantes se trasladó del primer al tercer piso. Pero, incluso con el cambio, Leighton dijo: “Es mejor que sentarse en casa y no hacer nada”.

Para Leighton, servir como misionera mayor le da un sentido de propósito cada día.

“Espero con ansias regresar ahí, recibir y conocer personas. Tengo muchos amigos. Disfruto levantarme, vestirme, verme bien y poder sonreír. A menudo, no puedes reírte solo en casa”, dijo.

“Creo que no es común tener una misionera que llegue a los 100 años de edad. No puedo mencionar a otra misionera que haya llegado a esa edad. Cuando sumas el total de sus años de su servicio como misionera, es fenomenal. Ella es un ejemplo de que puedes seguir sirviendo si tienes el deseo y, tu salud y tus habilidades te lo permiten”, dijo Rick Turley, un amigo cercano de Leighton, ex historiador de la Iglesia y actual gerente del departamento de asuntos públicos de la Iglesia.

Un patrón de fe y perdón

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Hace casi 20 años, el 15 de abril de 1999, un hombre armado entró a la Biblioteca de Historia Familiar de la Iglesia en West Temple y disparó, mató a dos e hirió a tres personas, incluida Leighton. Sin embargo, si le preguntas a Leighton acerca de ese incidente hoy, no hay rencor en su voz.

“Ni siquiera tengo una cicatriz”, dijo Leighton mientras giraba su cabeza para mostrar el lado derecho de su rostro en el que le dispararon. “Fui la primera persona a la que disparó. Me disparó justo en la cara… pero, de alguna manera, no estaba asustada. Solo seguí orando y pidiéndole ayuda al Padre Celestial, y creo que al conversar con el Padre Celestial, no puedes tener miedo.”

Aunque es sorprendente que no se vea ningún daño físico causado por la bala, es aún más sorprendente que Leighton no tenga cicatrices emocionales por el incidente. Habló sobre el tiroteo con un tono calmo y práctico. Mostró un poco de melancolía cuando mencionó la muerte de su amigo, Don Thomas, que trabajaba como guardia de seguridad en la biblioteca y murió durante el tiroteo, o cuando señaló que había ángeles que la estaban cuidando a ella y a las demás personas en la biblioteca ese día.

“Aprendí a perdonar y ser amable. Nunca sentí rencor hacia él”, dijo Leighton sobre el hombre que le disparó, Sergei Barbarin. “Solo siento pena por él y su familia.”

Para Turley, es la capacidad de perdonar y olvidar de Leighton que la hace una persona tan maravillosa.

“No conocía a Nellie a un nivel tan personal en ese momento. La conocí después… y cuando me enteré de que fue sometida a una cirugía de reparación y, luego, regresó a su puesto, de inmediato, sentí admiración por esta mujer de 80 años… Para mí, solo fue un ejemplo de un comportamiento valiente y se convirtió en mi heroína.”

La misma durante 100 años

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Esa es una de las cosas maravillosas de Leighton, explicó su nieta, Julie Roe. No puede guardar rencor.

“Prácticamente me crió y nunca la he visto enojada, nunca ha guardado rencores y siempre ha sido muy rápida para perdonar. Nunca cambia como persona. Su personalidad ha sido la misma durante 100 años”, dijo Roe.

Nunca se enfoca en sí misma. Roe explicó que siempre que un familiar o un amigo necesita algo, Leighton es la primera en ayudar.

Al recordar un momento conmovedor en su historia compartida con su abuela, Roe contó que en una oportunidad cuando se estaba quedando en la casa de Leighton, pasó por la puerta de su habitación antes de ir a dormir, “Tenía 70 años y la vi arrodillada para orar, en un tiempo en que la mayoría de personas probablemente no se arrodillarían, eso me marcó. Eso fue dedicación.”

Hasta ahora, toda su vida se ha tratado de servir a los demás y servir a Dios, y si le preguntas qué es lo que quiere hacer por el resto del tiempo que le queda, la respuesta es la misma.

“Se interesa sinceramente por las personas. Tiene un gran deseo de servir”, dijo Turley.

Ha pasado por muchas cosas durante sus 100 años de vida, pero con cada problema pasajero, se levanta y continúa, dijo Bailey.

“Por eso, es mi heroína. Tiende a tomar los desafíos de la vida y sacar lo mejor de ellos. Si hay un obstáculo, encuentra una forma de solucionarlo y continúa”, dijo Turley.

Este artículo fue escrito originalmente por Aubrey Eyre y fue publicado en thechurchnews.com con el título “’I just want to be a 100-year-old missionary’: Nellie Leighton continues to serve 20 years after she was shot in the Family History Library.”