¿Qué hace realmente un misionero durante dos años?

La respuesta podría parecer sencilla, enseñar, hablar con personas y compartir el Evangelio. Pero después de escuchar la experiencia de este joven de Cabo Verde, queda claro que una misión termina siendo mucho más que eso.

Después de pasar dos años sirviendo como misionero en Brasil, está regresando a casa. 

Durante una corta entrevista con un influencer, contó cómo fueron sus días, qué enseñaba a las personas y, sobre todo, qué terminó aprendiendo él mientras intentaba ayudar a otros a acercarse a Jesucristo.

Pasó dos años hablando de Jesucristo

Imagen: masfe.org

Durante su misión, una de sus principales responsabilidades era hablar con las personas acerca de Jesucristo y de Su expiación.

Cada día buscaba oportunidades para compartir el Evangelio y ayudar a las personas a comprender cómo acercarse al Salvador podía cambiar sus vidas.

Para él, esa fue una de las partes más importantes de la misión.

No se trataba solamente de enseñar una lección o compartir un mensaje. El propósito era ayudar a las personas a desarrollar fe en Jesucristo y encontrar en Él una dirección diferente para sus vidas.

A medida que las personas se acercaban a Cristo, también podían comenzar a dejar atrás aquello que las alejaba de Él.

Y mientras intentaba ayudar a otros a vivir ese proceso, él mismo comenzó a experimentarlo.

Terminó aprendiendo de las personas

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Hay una pregunta que probablemente muchos se hacen sobre los misioneros: 

¿Ellos enseñan o también aprenden?

Su respuesta fue inmediata, con seguridad, dijo que las dos cosas.

Durante estos dos años conoció personas con historias, dificultades y experiencias completamente diferentes. Al escuchar sus testimonios y conocer sus vidas, también encontró oportunidades para fortalecer el suyo.

“A medida que enseñamos, aprendemos”, explicó.

Es algo que puede pasar fácilmente durante una misión. 

Un misionero llega pensando que va a enseñar a otras personas sobre el evangelio, pero termina descubriendo que las personas a las que enseña también pueden enseñarle sobre la fe, la perseverancia y la manera en que Dios obra en la vida de cada uno.

Por eso, el servicio misional no consiste únicamente en hablar. También implica escuchar.

Lo que más cambió durante su misión

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando le preguntaron qué había aprendido después de dos años en Brasil, su respuesta volvió a llevarlo al mismo punto, Jesucristo.

Para él, la misión fue un momento crucial de su vida porque tuvo la oportunidad de conocer mejor al Salvador y sentir Su amor de una manera más personal.

Y eso terminó convirtiéndose en una de las experiencias más importantes de esos dos años.

Servir a Jesucristo no solo le permitió hablar de Él; también le permitió conocerlo mejor.

Esa quizá sea una de las grandes diferencias entre simplemente hablar del evangelio y vivirlo. Cuando una persona dedica su tiempo a servir, enseñar, escuchar y ayudar a otros a acercarse a Cristo, las verdades que antes conocía pueden comenzar a sentirse mucho más personales.

Después de la misión, la vida continúa

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Ahora que vuelve a Cabo Verde, tiene nuevos planes.

Quiere continuar sus estudios en el área de economía, formar una familia y seguir adelante con su vida.

Su misión termina, pero lo que aprendió durante ella no tiene por qué quedarse en Brasil.

Porque una misión no debería ser solamente un periodo de dos años separado del resto de nuestra vida. Lo que aprendemos mientras servimos al Señor puede convertirse en parte de la persona que decidimos ser después.

Ahora tendrá que aplicar en su vida cotidiana muchas de las cosas que aprendió mientras servía: tomar buenas decisiones, conocer su propósito, escuchar a los demás y mantener a Jesucristo como el centro de su vida.

Su consejo para otros jóvenes

Créditos: Lukas Katilius. Imagen: Deseret News

Antes de terminar la entrevista, dejó un consejo para los jóvenes de Brasil y de todo el mundo.

Deseó que pudieran tomar las mejores decisiones y descubrir cuál es su propósito en esta vida. Pero, especialmente, los invitó a seguir a Jesucristo.

Su experiencia parece haberle enseñado precisamente eso: seguir al Salvador no significa tener toda la vida resuelta, sino encontrar en Él la dirección para saber hacia dónde avanzar.

Después de dos años sirviendo en Brasil, este misionero regresa a Cabo Verde con planes para continuar sus estudios y construir su futuro.

Pero también se lleva experiencias, testimonios y una comprensión más profunda de Jesucristo. 

Si alguien todavía se pregunta qué hace un misionero durante dos años, la respuesta es probablemente que ayuda a otras personas a acercarse a Cristo y, en el proceso, termina acercándose él mismo.

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