A veces, un pequeño acto de fe puede iniciar una historia que nadie habría imaginado. Un joven escribe su testimonio en un Libro de Mormón, un amigo decide compartirlo y, años después, ese mismo ejemplar llega a una persona que cambiará su vida y ayudará a llevar el Evangelio a muchas otras.

Así comenzó parte de la historia de Razzaq Gill, uno de los primeros conversos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Pakistán y el primer pakistaní en servir como misionero fuera de su país.

Una amistad que cambió su vida

Razzaq aparece en una foto con la Madre Teresa. Imagen cortesía de Razzaq Gill

Razzaq Gill nació en Sialkot, Pakistán, en una familia católica con seis hermanos y una hermana. Cuando era joven, decidió estudiar para convertirse en sacerdote y, durante su formación en el Seminario de Santa María, conoció a Steven Anjum. Ambos desarrollaron una estrecha amistad mientras participaban en actividades juveniles de su iglesia y aprendían sobre la fe cristiana.

Después de cuatro años de estudios, Razzaq decidió abandonar ese camino y comenzó a trabajar como chef en un hotel de cinco estrellas. Un día, después de asistir a una conferencia cristiana, invitó a su amigo Steven a comer en el hotel donde trabajaba. Su amigo no sabía cuál era su nueva profesión, por lo que Razzaq lo sorprendió preparándole una comida en el lugar.

Pero Steven también tenía una sorpresa. Al terminar, abrió su mochila y le entregó un ejemplar del Libro de Mormón.

Razzaq comenzó a leerlo y preguntó a su amigo si conocía a alguien en Pakistán que pudiera explicarle más sobre el libro. Meses después, ambos encontraron a Bob Simmons, cuya familia vivía en Islamabad y trabajaba en la Embajada de Estados Unidos. Los Simmons comenzaron a enseñarles el Evangelio de Jesucristo.

Lo que Razzaq todavía no sabía era que el libro que tenía en sus manos había recorrido un largo camino antes de llegar hasta él.

El viaje inesperado de un Libro de Mormón

hombre leyendo el libro de mormón
Un Libro de Mormón con una dedicatoria escrita por un joven llegó a las manos de Steven. Imagen: Venir a Cristo

La historia había comenzado en 1988, en una escuela secundaria de Provo, Utah. Durante una semana dedicada a la obra misional, un grupo de jóvenes compró ejemplares del Libro de Mormón y escribió en ellos su testimonio y dirección. Los libros fueron enviados a la sede de la Iglesia para que los misioneros pudieran compartirlos con personas de distintos lugares del mundo.

Uno de esos ejemplares, escrito por el joven Sean Dixon, terminó en manos de un ministerio cristiano en Inglaterra. Allí lo encontró un pakistaní que se preparaba para ser pastor y que llevó el libro a Faisalabad, donde fundó su propia iglesia.

Steven Anjum conoció el ejemplar a través de un amigo cuyo hermano era el pastor. Aunque inicialmente le habían presentado el Libro de Mormón de manera negativa, Steven sintió curiosidad y pidió prestarlo para estudiarlo.

el libro de mormón
Steven oró para saber si el Libro de Mormón era verdadero y obtuvo su respuesta. Fuente: Shutterstock

En su testimonio, contó que, al leer el título “Otro Testamento de Jesucristo”, sintió que se trataba de un libro especial. Durante los dos meses siguientes buscó comprender su propósito y quién lo había escrito, y oró para encontrar respuestas. Según relató, mediante la oración llegó a la convicción de que el libro era verdadero y de que constituía un poderoso testimonio de Jesucristo.

Cuando el pastor le pidió que lo devolviera, Steven anotó el nombre y la dirección que aparecían en la contraportada: Sean Dixon, de Utah. En 1989 se puso en contacto con él y recibió una caja con más ejemplares para compartirlos en Pakistán. Un año después, entregó uno a su amigo Razzaq Gill.

Los primeros bautismos en Pakistán

Razzaq posa para una foto con el presidente Russell M. Nelson. Imagen cortesía de Razzaq Gill

Después de conocer a la familia Simmons, Razzaq y Steven comenzaron a compartir el evangelio con sus amigos y familiares, invitándolos a reuniones en la casa de aquella familia. En un año, consiguieron llevar a unas 30 personas interesadas en aprender sobre la Iglesia.

Razzaq recibió enseñanzas durante aproximadamente tres meses antes de bautizarse. En la primavera de 1991, con la autorización del élder Merlin R. Libbert, entonces presidente de área en Hong Kong, fue bautizado en el río Jhelum junto con otros conversos. Razzaq formó parte de los primeros 25 miembros bautizados en Pakistán.

Sin embargo, su decisión no fue fácil. Su familia dejó de hablarle durante un año después de su bautismo, aunque posteriormente logró explicarles que seguía siendo cristiano y que su fe en Jesucristo continuaba siendo central en su vida.

Razzaq predicando el evangelio como misionero. Imagen cortesía de Razzaq Gill

Razzaq y Bob Simmons también solicitaron a la Iglesia que se abriera Pakistán a la obra misional, aunque inicialmente la propuesta no prosperó debido a las dificultades y los riesgos de predicar el cristianismo en el país. En 1992, varios apóstoles visitaron la región y se reunieron con los miembros, pero la apertura formal a la obra misional tendría que esperar hasta 2007, cuando el entonces élder Dallin H. Oaks dedicó el país para esa labor.

Mientras tanto, Razzaq continuó compartiendo su fe. De los primeros 25 conversos bautizados en 1991, Razzaq fue el único que sirvió una misión de tiempo completo. Entre 1993 y 1995 prestó servicio en la Misión Inglaterra Birmingham, convirtiéndose en el primer misionero pakistaní de la Iglesia en servir fuera de su país natal.

“No soy misionero de tiempo completo, pero sigo siendo misionero”

Razzaq posa para una foto en una sesión de la conferencia general. Imagen cortesía de Razzaq Gill

Con los años, la Iglesia continuó creciendo en Pakistán, se organizaron congregaciones en ciudades como Islamabad, Sialkot, Faisalabad, Lahore y Karachi, mientras los miembros seguían compartiendo el evangelio con sus familiares y amigos.

Razzaq, quien posteriormente sirvió en diversos llamamientos de la Iglesia, mantiene hasta hoy su compromiso misional. Actualmente vive en Alemania con su esposa y sus tres hijos, y comparte el evangelio por medio de las redes sociales con personas de diferentes países e idiomas, incluidos el urdu, hindi, panyabí, inglés e italiano.

Cuando alguien necesita ayuda en un idioma que él no habla, procura ponerlo en contacto con misioneros que puedan enseñarle.

“No soy misionero de tiempo completo, pero sigo siendo misionero. Enseño cada vez que puedo, todos los días”, explicó Gill, quien considera que compartir el Evangelio también ha sido una bendición para su propia familia.

Su historia comenzó con un libro que un joven había marcado con su testimonio y su dirección, sin saber hasta dónde llegaría. Años después, aquel pequeño gesto contribuyó a que varias personas de una nación conocieran la Iglesia de Jesucristo.

La experiencia de Razzaq nos recuerda que no siempre podemos ver las consecuencias de nuestros esfuerzos. Todos podemos participar en la obra misional, sin importar dónde estemos, porque siempre existen oportunidades para compartir el evangelio de Jesucristo.

Fuente: maisfe.org

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