Hay historias que comienzan con una invitación sencilla, una conversación sincera o la visita inesperada de dos misioneros. Para la familia Romero Sánchez, el evangelio de Jesucristo llegó de esa manera: por medio de jóvenes que dejaron su hogar para compartir lo que creían verdadero.

En octubre de 1976, esa enseñanza cambió para siempre el rumbo de una familia venezolana.

Santos Romero era apenas un niño cuando él y su hermano Acner fueron bautizados como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Una semana después, el 9 de octubre de ese mismo año, sus padres y dos de sus hermanos también tomaron la decisión de entrar en las aguas del bautismo.

mujer siendo bautizada en la playa
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Aquel momento marcó el inicio de un legado de fe que, con el paso de los años, no solo permanecería en su familia, sino que también bendeciría la vida de otras personas.

Los misioneros que enseñaron a la familia, el élder Allen y el élder Winn, llegaron a sus vidas con un mensaje que Santos todavía recuerda con gratitud. Para él, ellos no solo compartieron lecciones; llevaron una luz que transformó su hogar.

Desde entonces, Santos ha permanecido firme en esa verdad. Aunque el camino no ha estado libre de pruebas o adversidades, su intención sigue siendo la misma: perseverar hasta el fin.

Una obra que no terminó en una sola familia

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La historia no quedó solo en el bautismo de la familia Romero Sánchez. Años después, Acner Romero, el hermano mayor de Santos, también salió a servir como misionero.

Durante su misión, llegó al Barrio El Paraíso, en Caracas. Allí conoció a personas que, con el tiempo, recordarían su servicio con profundo cariño. Su labor misional se convirtió en una continuación de aquello que otros élderes habían comenzado años antes con su propia familia.

misioneros; élderes; predicar el evangelio
Imagen: The Salt Lake Tribune

Así, el evangelio que un día llegó al hogar de los Romero Sánchez por medio de dos misioneros, también fue compartido por uno de sus hijos con otras familias venezolanas.

Uno de esos frutos se vio el 26 de abril de 1987, en la capilla del Barrio Amparo, en Maracaibo. Ese día, una persona que había sido enseñada y bendecida por esa obra misional recibió el bautismo.

Más que un recuerdo familiar, esta historia habla de legado. Habla de misioneros que no siempre llegan a ver todos los frutos de su servicio. Habla de familias que permanecen firmes. Y habla de una verdad que, para Santos Romero, sigue siendo la misma desde su niñez hasta hoy.

Fuente: Facebook

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