Ser madre es un llamamiento sagrado y un servicio similar al de los ángeles

Este artículo va dirigido a todas las madres que dudan de su capacidad para cumplir con su llamamiento divino.

Con frecuencia, te levantas antes de que salga el sol y comienzas con las tareas de todos los días. Recuerdas haberlo disfrutado las primeras semanas y meses, pero luego la realidad sale a la luz. SER MAMÁ ES DIFÍCIL. Incluso más duro algunos días.

Te preguntas: “¿Por qué me siento así? ¿Para qué estoy haciendo esto?”

A veces, puedes sentir que estás atrapada en un espiral de agotamiento, inquietud y no tener suficiente tiempo para todas las cosas que necesitas hacer o incluso para ti misma.

Eso es normal y casi todas las madres sienten lo mismo. Puede resultar agotador.

Sin embargo, Él te eligió a TI para cuidar el mundo y a Sus hijos aquí en la Tierra. Él te dio este papel y deber divinos de construir Su reino.

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Como madre en la dulce espera o madre de pequeños, puedes cansarte de todas las noches de insomnio y los días agotadores al cuidado de los niños y las tareas del hogar, entre otras cosas.

Sin embargo, ese agotamiento simplemente se disipa cuando ves a tu bebé dar su primer paso, lo escuchas decir su primera palabra, o simplemente lo ves sonreírte.

¡Cuánta alegría rebosa en nuestro corazón al vivir esas experiencias como nuevas madres!

Como madre de niños más grandes, puedes sentirte agotada, pero al mismo tiempo segura de que se están convirtiendo en personas responsables y haciendo cosas buenas en su vida.

Te preocupa si los has disciplinado o amado lo suficiente, o simplemente si has hecho lo suficiente.

Sin embargo, cuando te dan esa nota de “te amo” de la nada. O, te dan un beso y te abrazan. O, ves que les va bien en la escuela, en el trabajo o en la vida, ninguna cantidad de trabajo duro o lágrimas pueden empañar la felicidad que sientes.

Cada lágrima tendrá sentido e incluso tus preocupaciones pueden convertirse en alegría.

¡Tú eres la que tiene el poder de hacer el hogar! Probablemente, prepares las deliciosas comidas que disfruta tu familia todos los días.

Tú trajiste al mundo a los niños que dan felicidad a la familia. Puedes organizar el horario de la familia para que todos y todo esté en orden.

Tú eres la razón por la que ese niño salta de alegría al verte. Tú eres la razón por la que hacen todo lo posible para hacerte sentir orgullosa y feliz.

Tú eres la razón por la que ese niño es lo suficientemente valiente como para enfrentar sus temores y es valiente porque tú se lo enseñaste.

Tú eres la razón por la que tus hijos salen de la casa presentables, ordenados y sanos. Y, lo creas o no, ¡tú eres la razón por la que siempre quieren volver a casa!

¡Así es ser madre! Este llamamiento divino que Dios te extendió, seguramente implica mucho trabajo, dolor e innumerables sacrificios. Sin embargo, el gozo y las numerosas lecciones que trae, hacen que todo valga la pena.

El papel de una madre no se puede definir por cuántas tareas puede terminar en un día, o qué tan bien puede cocinar, o si trabaja o se queda en casa, sino por cuanto se preocupa por su familia y los ama.

Ninguna madre es perfecta y no lo tienes que ser. Cristo te guiará en este llamamiento tan importante. Él puede compensar las imperfecciones y errores que todos tenemos.

Los líderes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han enseñado sobre la confianza que el Padre Celestial tiene en las madres:

“La maternidad se acerca a lo divino. Es el servicio más sublime y más sagrado que puede asumir la humanidad. Coloca a la mujer que honra SU sagrado llamamiento y servicio a la altura de los ángeles”.

Cuando comprendes la divinidad de este papel, las responsabilidades difíciles se vuelven más ligeras a medida que le pides a Dios guía y ayuda para cada hijo.

Comprenderás que más que las tareas que necesitas terminar, estás convirtiendo a un hijo de Dios en lo que Él desea que sea.

Estás edificando el reino de Dios y preparando a Sus hijos para su papel divino en esta vida.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito publicado originalmente en faith.ph con el título “The Joy And Divinity of Motherhood”.

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