En estos tiempos en los que existe una gran competencia académica y laboral, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos preparamos para estar al nivel que es necesario. Pero, ¿qué pasa cuando en el transcurso de nuestra búsqueda de éxito se nos pide trabajar o estudiar en el día de reposo?

Aunque es una decisión muy personal, citaré algunos testimonios de miembros de la iglesia que han pasado por esta complicada situación. Veamos cómo lo resolvieron:

Anabelle: El guardar el día de reposo se convirtió en un desafío para Annabelle Hyatt cuando se la contrató para realizar sus prácticas en una compañía de un parque de atracciones. Ella se crio en Texas, EE. UU., y se le enseñó a adorar, descansar y prestar servicio a los demás en el día de reposo; pero cuando se mudó a Florida para comenzar su práctica, tuvo que trabajar los domingos.

“Al principio iba a trabajar obedientemente, igual que todos los demás”, explica ella. “Después de unas semanas, empecé a notar lo triste que me sentía durante la semana por no tomar la Santa Cena ni escuchar las palabras de inspiración que me hacían falta más que nunca”.

Un día, oró pidiendo ayuda y se armó de valor para hablar con su supervisor sobre el deseo que tenía de asistir a la Iglesia y no trabajar los domingos. Su supervisor no entendía por qué lo consideraba tan importante, pero Annabelle insistió. Cada vez que veía a su gerente o al supervisor encargado de los horarios, les mencionaba que necesitaba tener los domingos libres y que estaba dispuesta a trabajar más los otros días para que se los dieran.

“Con el tiempo, ¡por milagro, sucedió!”, dice ella. “Mis días libres eran el sábado y el domingo, lo cual es inaudito para una persona haciendo las prácticas y que apenas lleva un mes en el programa. El privilegio de tener libres los fines de semana normalmente se reservaba para los que tenían más antigüedad”.

Ella da testimonio de las bendiciones: “Al tener nuevamente en mi vida la luz que se obtiene por ir a la Iglesia pude ver y sentir una diferencia notable. Cuando mis compañeros de trabajo preguntaban por qué iba a la Iglesia o por qué lo consideraba tan importante, les decía que fueran conmigo; así que empecé a llevar a algunos de mis compañeros a la Iglesia. Sé sin ninguna duda que el evangelio de Jesucristo es algo que vale la pena defender. El observar el día de reposo es una necesidad para tener el Espíritu en tu vida y llegar a ser una persona mejor”.

Katrin: Cuando Katrin Schulze, de Alemania, fue a la universidad lejos de su casa, súbitamente fue probada en su determinación de santificar el día de reposo. “Mis padres nos habían enseñado a mí y a mis hermanos la importancia de santificar el día de reposo”, dijo ella. “Para nosotros, significaba no trabajar, no hacer compras ni jugar deportes el día domingo. No recuerdo que haya habido alguna excepción.

“Mi universidad requería que participara en un seminario que siempre se llevaba a cabo en fin de semana, tanto el sábado como el domingo. Me enfrenté a un gran dilema: a menos que participara, no me podría graduar; por otro lado, deseaba guardar todos los mandamientos del Señor. Al analizar la situación, me di cuenta que no era un problema que yo pudiera resolver sola. Le supliqué al Señor y le pedí que me mostrara la manera de ser obediente y de completar mis estudios. Después de orar sentí paz.

“Al aproximarse la fecha del seminario, me sentía nerviosa, pero al mismo tiempo confiaba en que Él prepararía una manera. Un día me puse de pie ante la pizarra donde se indicaban los horarios del seminario. La mayoría eran durante el fin de semana, pero había una sección programada en un período de tres días que no incluía el domingo. Me di cuenta de que el Señor me estaba ayudando a santificar el día de reposo. Nunca antes y nunca después se ha ofrecido ese seminario en un día que no fuera domingo, pero el año que yo tanto lo necesitaba, el Señor lo hizo posible para mí. Estoy tan agradecida de que el Señor haya proporcionado la manera de ayudarme a guardar Sus mandamientos”.

Recordemos lo que dijo el profeta Gordon B. Hinckley: “Si lo que haces, no tiene consecuencias eternas ¿por qué lo haces?”.