Ítalo Oliveira tenía 17 años cuando vio a dos misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días caminando por la calle.

Su primera intención no fue escuchar su mensaje. De hecho, quiso acercarse para bromear con ellos. Sin embargo, pocos días después, esos mismos misioneros llegaron a su casa preguntando por él.

Imagen: Mais Fe

Ítalo y su hermano aceptaron conversar con ellos. Durante las lecciones aprendieron sobre la Restauración y recibieron una invitación para asistir a la Iglesia.

“Habíamos recibido a los misioneros en otra ocasión, mucho tiempo antes. Pero en 2018 sentí que debía pertenecer al Evangelio”, recordó.

El bautismo no ocurrió de inmediato. Sus padres no estaban de acuerdo y, al ser menor de edad, necesitaba su autorización. Con el tiempo, su familia aceptó y pudo bautizarse. Para Ítalo, fue uno de los momentos más felices de aquella etapa.

Quería servir una misión, pero lo fue postergando

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Poco después comenzó a pensar en servir como misionero de tiempo completo. Incluso llegó a planear salir en 2019, pero finalmente desistió. La idea volvió con fuerza en abril de 2021, luego de escuchar un mensaje del presidente Russell M. Nelson sobre ejercer fe en medio de la pandemia.

“Comencé a pensar que sería injusto que yo hubiera recibido el Evangelio y otras personas no recibieran esa bendición”, contó.

Aquella noche oró y lloró mientras pensaba en la oportunidad de compartir lo que había aprendido. También empezó a acompañar a los misioneros durante algunas lecciones. Esas experiencias hicieron crecer aún más su deseo de servir.

“Cada vez que salgo con los misioneros es otro testimonio de la obra del Señor y una oportunidad de hacer aquello que tanto quiero”, expresó.

Empezó con una azada y terminó vendiendo agua

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Mientras se preparaba para su misión, Ítalo decidió trabajar para pagar parte de su ropa, exámenes y tratamientos médicos. Primero comenzó haciendo trabajos de jardinería. Según contó, al inicio solo tenía una azada y recorría diferentes casas buscando oportunidades.

Durante su primera semana logró trabajar de lunes a sábado. Más adelante, un amigo que también se preparaba para una misión comenzó a trabajar con él. Para Ítalo, poder comprar por sí mismo lo necesario tenía un significado especial.

“Si soy joven y tengo la capacidad de trabajar, ¿por qué no hacerlo?”, dijo.

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Cuando comenzaron a disminuir los trabajos de jardinería, volvió a orar en busca de una alternativa. Fue entonces cuando decidió comenzar a vender agua en una de las principales avenidas de su ciudad, en Brasil.

Ítalo organizó el trabajo junto a un amigo y continuó ahorrando para completar todo lo que necesitaba antes de salir al campo misional. A sus 21 años, seguía realizando exámenes odontológicos y reuniendo los últimos artículos para su misión. Más allá del dinero conseguido, asegura que todo este proceso fortaleció su fe.

“El Evangelio del Señor requiere sacrificios para que podamos recibir bendiciones. Sé que todo realmente vino de Él”, expresó.

Fuente: Mais Fe

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