4 relatos divinos de los profetas y los apóstoles que vieron al Salvador

La Iglesia de Jesucristo

Nuestros profetas y apóstoles han sido apartados como testigos especiales de nuestro Salvador Jesucristo. Si bien no necesitamos ver a nuestro Redentor cara a cara para testificar de Su vida y misión divinas, algunos líderes de la Iglesia han compartido relatos extraordinarios de cuando vieron al Señor, ya sea a través de sueños o visiones. Sus experiencias testifican del amor, la gracia, el poder y la gloria de nuestro Salvador.

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1. Presidente George F. Richards

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“Anoche, soñé que vi al Salvador y lo abracé. No puedo describir los sentimientos, pero creo que fue como tocar el cielo. No espero nada mejor de aquí en adelante. El amor del hombre por la mujer no se puede comparar con eso. Que seamos fieles y hagamos todo sacrificio necesario… para vivir en Su presencia para siempre” (Lucile C. Tate, LeGrand Richards, 47).

Durante la Conferencia General de abril de 1974, el Presidente Spencer W. Kimball relató un sueño que el Presidente George F. Richards compartió mientras se encontraba en una reunión con el Quórum de los Doce Apóstoles:

“Mediante sueños, el Señor ha revelado mucho más de lo que yo he podido comprender o sentir”.  Escuché esto más de una vez en las reuniones del Consejo de los Doce Apóstoles cuando George F. Richards… era el Presidente del Quórum.  El hermano Richards dijo: “Yo creo en los sueños, hermanos.  El Señor me ha dado sueños que para mí son tan reales y vienen tanto de Dios como lo fue el sueño del Rey Nabucodonosor… o el sueño de Lehi gracias al cual él condujo su colonia sacándola del país y dirigiéndola a través de los mares hasta esta tierra prometida, o como cualquier otro sueño del cual podamos leer en las escrituras”.

“No es algo extraordinario que tengamos sueños importantes. Hace más de cuarenta años tuve un sueño que estoy seguro vino del Señor; en ese sueño, yo me encontraba en la presencia de mi Salvador hallándose El de pie en el aire.  No pronunció palabra pero el amor que yo sentía hacia Él fue de tal intensidad que no hay expresión capaz de explicarlo.  Sé que ningún hombre mortal puede amar al Señor en la forma en que yo lo experimenté en ese momento, a menos que Dios se lo revele.  Yo hubiera permanecido en su presencia, pero vino un poder que me apartó de Él”.

“Con ese sueño llegué a experimentar el sentimiento de que independientemente de lo que se pueda requerir de mis manos, las consecuencias que pueda acarrearme el evangelio, yo haría lo que se me pidiese, incluso dar mi vida…”

“Tan sólo poder estar con mi Salvador y experimentar esa misma sensación de amor que tuve en aquel sueño constituiría la meta de mi existencia, el anhelo de mi vida”. (Spencer W. Kimball, “The Cause Is Just and Worthy)

2. José Smith, Oliver Cowdery y Sidney Rigdon

La mayoría de Santos de los Últimos Días saben que nuestro Padre Celestial y Jesucristo visitaron a José Smith en la Arboleda Sagrada en 1820. Sin embargo, es posible que muchos no sepan que el Salvador se apareció a José Smith muchas veces más adelante en su vida.

En 1836, después de la dedicación del Templo de Kirtland, José Smith y Oliver Cowdery oraban en el primer piso del templo. Las cortinas se cayeron alrededor del área del púlpito y vieron al Señor en el púlpito. José Smith escribió lo siguiente acerca del Salvador:

“Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová” (DyC 110: 3).

Cristo dijo que Él aceptó el templo y que muchas personas serían enormemente bendecidas gracias a las ordenanzas disponibles.

En 1831, José Smith y Sidney Rigdon se mudaron a Ohio para trabajar en la traducción que José Smith haría de la Biblia. Durante el tiempo que trabajaron en la traducción del Evangelio de Juan, se dieron cuenta de que muchas de las verdades sobre la salvación se habían perdido. Aproximadamente seis meses después de llegar a Ohio, los dos vieron una visión de Dios y Jesucristo en el reino celestial y los otros grados de gloria. Esta visión ahora se registra como DyC 76.

3. Élder Melvin J. Ballard

Jesucristo sufrimiento

Cuando estaba haciendo la obra misional con algunos de nuestros hermanos, trabajando entre los indios americanos, buscando al señor para que nos diera luz para decidir ciertos asuntos concernientes a nuestra obra ahí y recibir un testimonio de Él de que estábamos haciendo las cosas según Su voluntad; una tarde, me encontré soñando en ese edificio sagrado, el templo.

Después de una temporada de oración y regocijo, me informaron que debía tener el privilegio de entrar a una de esas habitaciones para reunirme con un personaje glorioso y cuando entré por la puerta, vi, sentado en la plataforma alta al ser más glorioso que alguna vez mis ojos hayan visto, o que alguna vez imaginé que existiera en todos los mundos eternos.

Cuando me acerqué para que me presentaran, Él se levantó y caminó hacia mí con los brazos extendidos y sonrío mientras decía mi nombre suavemente. Si viviera un millón de años, nunca olvidaría esa sonrisa.

¡Me tomó entre sus brazos y me besó, y me apretó contra Su pecho y me bendijo, hasta que la médula de mis huesos pareció derretirse! Cuando terminó, caí a Sus pies y los bañé con mis lágrimas y besos, vi las uñas de los pies del Redentor del mundo.

El sentimiento que experimenté en presencia de Aquel que posee todas las cosas en Sus manos, el sentimiento de tener Su amor, Su afecto y Sus bendiciones fue tal que si alguna vez pudiera recibir una muestra de lo que experimenté, ¡daría todos lo que soy, todo lo que alguna vez espero ser, para sentir lo que sentí en ese entonces! (Bryant S. Hinckley, “The Faith of Our Pioneer Fathers”, 226–27).

4. Élder LeGrand Richards

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El lunes 10 de mayo de 1926, LeGrand Richards, que en ese entonces estaba sirviendo como misionero en New Bedford, Massachusetts, registró que soñó con Jesucristo. El sueño vino después de un día particularmente frustrante en su misión:

“Anoche tuve un sueño muy hermoso. Soñé que mientras estábamos juntos en una reunión del sacerdocio, el Salvador apareció [en una columna de luz], e inmediatamente comenzamos a cantar ‘hosanna, hosanna, hosanna a nuestro Señor’. Fue un sentimiento maravilloso y me desperté con la idea de que, a pesar de que el mundo dudó de su venida, realmente había vivido para verla. Fue un momento muy dulce y hermoso. Espero ser digno de Él cuando aparezca, ya que sé que Él vendrá” (Lucile C. Tate, LeGrand Richards, 124–25, 136–37).

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por LDS Living y fue publicado en ldsliving.com con el título “4 Divine Accounts of Prophets and Apostles Seeing the Savior”.

| Inspiración
Publicado por: Nicole Córdova Loayza
Traductora de español, inglés y portugués. Me encantan los idiomas y conocer sobre diferentes culturas. También me gusta el arte y amo la naturaleza.
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