El servicio es una de las enseñanzas más hermosas que Jesucristo nos ha invitado a aplicar. Pero por más hermoso que sea servir, debemos reconocer que a veces es muy difícil. Después de todo, Jesucristo sirvió con mucho sacrificio entonces, ¿por qué sería diferente para nosotros?
En la Iglesia de Jesucristo aprendemos que servir es un camino hacia mayor felicidad y crecimiento espiritual, pero por otro lado, debemos ser realistas: no tenemos energía ilimitada. ¿Cómo podemos servir bien sin agotarnos?
Aquí te compartimos 3 consejos prácticos que te ayudarán a mantener un ritmo saludable mientras sirves a otros.
Cultiva tu propio crecimiento espiritual

Con frecuencia sentimos que, cuando se trata de servicio, necesitamos dar más de lo que tenemos. Pero cuidado porque pensar eso puede hacerte sentir vacío o exhausto.
Frente a este caso, debemos recordar que el servicio eficaz comienza con nutrir tu relación con Dios. ¿Te suena ilógico? Entonces, recuerda lo que el Salvador nos enseñó:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
Esas palabras vistas desde la perspectiva del servicio nos recuerdan que no solo importa lo que hacemos, sino también de dónde proviene.
Guardar los mandamientos como estudiar las Escrituras, orar con sinceridad o hacer convenios con Dios como el bautismo y otros fortalecen nuestro espíritu y nos ayudan a servir con más amor siempre y cuando lo hagamos por voluntad propia.
“De cierto digo que los hombres deben estar anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia”. (Doctrina y Convenios 58:27)
Para estar consagrados al servicio, es necesario cuidar primero nuestra relación con Dios. Eso nos enseñó Jesucristo.
No midas tu servicio por la respuesta que recibes

¿Alguna vez has servido y la otra persona no lo ha recibido como esperabas? En lo personal, a mí sí me ha pasado en varias ocasiones.
Al principio sentía frustración, pero con el tiempo aprendí que estas situaciones son muy comunes y si no podemos manejar la reacción de los demás, sí podemos controlar la nuestra.
Jesús nos enseñó que servir es un principio del Evangelio, incluso cuando no vemos el resultado inmediato:
“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. (Mateo 25: 40)
Este versículo nos recuerda que el servicio cobra más valor si nuestra intención es hacerlo con amor y en el nombre de Cristo. Ese tipo de servicio da paso a grandes bendiciones como enseñó el presidente Thomas S. Monson:
“La oportunidad de ser una bendición en la vida de otra persona a veces se presenta de forma inesperada”.
Así que si intentaste servir con amor sincero y recibiste una respuesta negativa, no te sientas mal. Ya tienes tu bendición. Sigue adelante buscando formas de servir en otro lugar.
Agradece lo que ya has dado

Si sientes que ya lo diste todo y no tienes energía para seguir sirviendo, tómate una pausa y relájate. Mientras haces eso, aprovecha para hacer algo sencillo pero que marcará la diferencia: dar las gracias.
Pero, ¿qué agradecer? Pues recuerda todas las oportunidades para servir que el Señor te ha dado y agradece por cada una de ellas. Hacerlo te libera de la “carga” de lo que no has logrado hacer y te motiva a ver el gran impacto de tu servicio. Eso llena el corazón.
Además, la gratitud no solo te ayuda a reconocer tus esfuerzos, sino que te conecta más profundamente con el Señor porque cuando reconoces Sus bendiciones, tu corazón se llena de paz y energía renovada.
Las escrituras enseñan que la gratitud no es opcional:
“Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas”. (Doctrina y Convenios 59:21)
Cuando somos agradecidos, agradamos a Dios y dejamos de ver el servicio como una carga sino como un privilegio.
Mente y corazón conectados en Cristo

La próxima vez que te canses al servir, recuerda que el servicio es más una jornada espiritual que una carrera de velocidad. Puedes volver a hallar energía al seguir estos 3 consejos:
- Cuidar tu relación con Dios.
- Ofrecer servicio por amor.
- Mantener un corazón agradecido.
Estas tres acciones te ayudarán a encontrar una fuente ilimitada de motivación espiritual para los días en los que sientas que ya no tienes fuerzas para servir.
En última instancia, recuerda que tu servicio no solo ayuda a otros sino que también te transforma a ti. Toma una pausa, respira y luego sigue adelante. ¡Éxitos en tu servicio!
Fuente: LDSLiving



