La ansiedad se presenta de diversas formas. Desde miedos comunes y pasajeros hasta trastornos de ansiedad clínicamente significativos y severos. Los siguientes principios pueden ayudarnos a tener paz en momentos en que la incertidumbre produce dudas y ansiedad. Si bien no siempre son fáciles de implementar, son verdad y pueden brindar alivio a aquellos que tienen ansiedad, ya sea en el corto como el largo plazo.

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1. Entiende tu propósito divino

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El Salvador sabía quién era y lo que hacía.  Si bien Él llegó al conocimiento línea sobre línea como el resto de  nosotros (Lucas 2:52). Finalmente, supo que Él era el hijo de Dios. Él sabía que Su propósito era redimir a todo el género humano.

Como el Salvador, tienes un propósito. No es genérico sino un propósito específico e intencional. ¿Cuál es tu propósito? Yo no lo sé. Sin embargo, el Padre  que está en los Cielos lo sabe. Él te lo dirá a medida que busques esta información mediante la oración. Aquellos que gozan de haber recibido la bendición patriarcal tienen cierto conocimiento de las razones significativas de su existencia.

En mi experiencia, nuestro propósito en la vida rara vez se relaciona con lo que podemos alcanzar personalmente sino por cómo nuestro progreso personal puede bendecir las vidas de los demás. Jesucristo pasó toda Su vida construyendo Su carácter y fortaleza espiritual para que pudiera sacrificarlo todo por nosotros.

El temor a lo desconocido es un factor importante que provoca ansiedad. Ganar un mayor conocimiento respecto a tu propósito te ayudará a reducir la ansiedad y aumentar un sentido de acción intencional. Es fácil hacernos a un lado cuando nuestra participación en el juego no importa. No obstante, cuando sabemos que nuestra participación es importante para el éxito del equipo, la responsabilidad e iniciativa vencen el miedo y hacemos nuestra parte para competir.

Permíteme asegurarte que tu completa participación es fundamental. Los demás necesitan la fortaleza y el conocimiento que puedes brindar. Obtendrás mayor confianza y tendrás menos temor a medida que aprendas más sobre el propósito que el Padre Celestial tiene para ti.

2. Asegúrate de estar “navegando con el Salvador”

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En un relato de la Biblia, Jesucristo y sus discípulos se encontraban en una barca cuando se presentó una gran tempestad:

“[…] Entonces se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Y cesó el viento y se hizo grande bonanza. Y a ellos les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4: 36-40)

Los malvados son castigados por sus pecados y los justos son probados para aumentar su fortaleza. Frecuentemente, estas pruebas causan gran ansiedad. Oramos para obtener alivio, al menos un poco, o para conocer el final desde el principio: “Señor, solo permíteme saber cómo funcionarán las cosas. Entonces, dejaré de preocuparme.”  Aunque el gran Plan de Felicidad no funcione de esa manera. Conocer  los resultados específicos seguramente disminuiría la ansiedad pero también eliminaría la fe.

La fe en Jesucristo es el primer principio del evangelio y es esencial para nuestro desarrollo espiritual. Entonces, ¿qué podemos hacer? Podemos asegurarnos de invitar al Salvador a la barca con nosotros.  Podemos hacer las cosas que nos den el derecho a la compañía del Espíritu Santo. Durante mareas difíciles, si navegamos con el Salvador. Incluso, los resultados inciertos pueden llenarse de esperanza.

Recuerda “las aguas al barco no dañarán del Rey de los cielos y de la mar” (“Paz, cálmense,” himno 54). No navegues por la vida sin la compañía del Redentor. Haz todo lo posible para asegurarte de reunir las cualidades para la presencia de Su influencia calma y poderosa.

3. No te preocupes por las futuras tempestades 

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Necesitamos reconocer que las tormentas, las tempestades y las pruebas son parte de nuestras vidas. No es raro, orar para que los mares se calmen pero es desacertado.

La mortalidad nos brinda un terreno donde tenemos la oportunidad de aprender a ser obedientes (Abraham 3:22-25). Ocurrió lo mismo con nuestro amado Salvador “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5:8). Otro ejemplo es José Smith que vivió muchos momentos de oscuridad. En un momento dado, fue encarcelado en lo que podría describirse como una mazmorra. Había estado allí durante meses sin esperanza de ser liberado. El Profeta recibió el siguiente consejo celestial:

“Si los cielos se ennegrecen y todos los elementos se combinan para obstruir la vía; y sobre todo, si las puertas mismas del infierno se abren de par en par para tragarte, entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien.” DyC 122:7

Aprender a calmar nuestros temores será un proceso muy largo, pero existe una estrategia que puede ayudar mientras tanto: intenta no preocuparte por posibles tempestades. En la actualidad, muchos se sientan en mares relativamente tranquilos. Sin embargo, sienten pánico por la próxima posible tempestad. Este tipo de comportamiento garantiza ansiedad tanto en tiempos de calma como de tempestad. No intentes perder el tiempo en aguas felices, preocupado por las posibles olas y lluvias. Haz tu mejor esfuerzo para relajarte cuando puedas porque la próxima tempestad es segura e impredecible.

Las tempestades de la vida son lo suficientemente difíciles para manejarlas cuando ocurran. Intentemos no preocuparnos antes de que sucedan. Sé que puede ser particularmente difícil para aquellos que luchan contra la ansiedad crónica. Sin embargo, testifico que con la ayuda del Salvador, todos podemos aprender a preocuparnos menos y tener mayor paz.

Conclusión

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Dios nos bendice a medida que buscamos superar la ansiedad y encontrar la paz. Te aseguro que nuestro Padre Celestial conoce tu situación. Incluso, tus experiencias diarias. Él maneja Sus creaciones y hace todas las cosas para nuestro bien.

Recuerda, Él es nuestro Padre. Tus pruebas se distinguen por tu progreso y experiencias. Llegará el día en que conozcamos plenamente cuan perfecto es Su plan. Ese día será de gran gratitud y regocijo. El consejo de Dios a José Smith se aplica para todos: “Por tanto, persevera en tu camino,[…] no temas lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará contigo para siempre jamás.” DyC 122:9

Adaptación del artículo originalmente escrito por Dr. David T. Morgan y publicado en ldsliving.com con el título “3 Ways to Reduce Anxiety Using Gospel Principles.”