“Muchos dicen que el fin del mundo se acerca, pero ¿qué cosas deben suceder antes de que Cristo comience a reinar en el planeta Tierra?”

Esto parece suceder en un ciclo de aproximadamente cada 30 o 40 años. Recuerdo muy bien haber asistido a la Conferencia General de octubre de 1972 y escuchar al Presidente Harold B. Lee corregir y advertir a los poseedores del sacerdocio sobre prestar demasiada atención a lo que él llamaba “escrituras sueltas” entre ellos, advirtiéndonos de que no necesitábamos estresarnos sobre “la próxima crisis” de nuestra economía o de nuestra sociedad.

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Sólo unas semanas antes de su muerte, el Presidente Lee habló con los estudiantes del Ricks College (ahora la Universidad de Brigham Young University – Idaho) y dijo:

“Los hombres pueden fallarle a este país, pueden ocurrir terremotos… y dificultades, pero esta nación, fundada en los principios establecidos por los hombres a quienes Dios levantó, nunca caerán… Este es el lugar de la Nueva Jerusalén… Este es el lugar… donde el Salvador vendrá a Su templo. Esta es la tierra favorecida en todo el mundo. Sí, repito, los hombres pueden fallar, pero esta nación no fallará.

Les ruego que no prediquen el pesimismo. Prediquen que este es el mejor país del mundo. Esta es la tierra favorecida. Esta es la tierra de nuestros antepasados. Es el lugar que permanecerá a pesar de las pruebas o crisis que puedan atravesar.”(“Ustedes son la luz del mundo.” “Ye Are the Light of the World” 1974).

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Ese sigue siendo un consejo bastante sabio. Sin embargo, por alguna extraña razón, demasiados de nosotros con demasiada frecuencia y demasiada facilidad hemos puesto nuestra atención en lo sensacional.

De la misma manera en que nuestra sociedad tiende a acudir en masa a películas u otras formas de entretenimiento que son ruidosas o violentas o que se aprovechan de los instintos más bajos de la naturaleza humana, también hay Santos de los Últimos Días que siempre se apresuran a prepararse para algunos nuevas tragedias en la sociedad, algunos temen la tragedia que está a punto de azotar la tierra.

¿Por qué nos apasionamos por tales cosas cuando de hecho tenemos Profetas y Apóstoles que han sido llamados para dirigir el destino de la Iglesia de Jesucristo en estos últimos días?

Fue el profeta Amós quien declaró que el Señor no haría nada sin que Él no lo hiciera saber a través de Sus profetas (Amós 3:7). Fue a un pequeño grupo de hombres que serían llamados al primer Quórum de los Doce Apóstoles en esta dispensación que les vino estas palabras importantes: “Y a vosotros os será permitido conocer las señales de los tiempos, y las señales de la venida del Hijo del Hombre.”(DyC 68:11; énfasis añadido).

Mi punto es este: si el Señor Jesucristo viniera en poco tiempo, ¿no les daría a Sus siervos ungidos alguna dirección divina para ayudar a preparar a los miembros de la familia de la fe para ese día grande y terrible? Que los Hermanos hoy en día rara vez hablen de este tema es una poderosa afirmación de que no debemos entrar en pánico por un destino inminente o estar demasiado entusiasmados con el regreso definitivo del Salvador.

Hay muchas, muchas cosas que deben suceder antes de que Jesucristo regrese a la tierra para reinar como Rey de Reyes y Señor de Señores. ¡La Segunda Venida no tendrá lugar la próxima semana o el próximo mes! Si bien que tú y yo ciertamente deseamos estar listos y preparados para Su venida, no debemos permitirnos, entre tanto, ser atrapados por el último rumor de promoción de la fe o quedar atrapados en la próxima moda espiritual.

Entonces, ¿qué cosas deben suceder antes de que Cristo comience a reinar en el planeta Tierra?

1. El evangelio necesita ser predicado en cada parte del mundo.

“Y otra vez, este Evangelio del Reino será predicado en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin, o sea, la destrucción de los inicuos.” (José Smith-Mateo 1:31).

La Iglesia ha hecho enormes progresos en la difusión del mensaje del Evangelio restaurado, pero hay muchas, muchas áreas intactas en el mundo, y muchas fronteras formidables que requerirán la mano de la divina Providencia antes de que se nos permita predicar el Evangelio restaurado. El Presidente Gordon B. Hinckley nos aconsejó:

Si avanzamos sin perder la visión de nuestra meta, sin hablar mal de nadie, viviendo los grandes principios que sabemos que son verdaderos, la causa del Evangelio avanzar en majestad y poder para llenar la tierra. Se abrirán las puertas que hoy están cerradas para la predicar del Evangelio. El Todopoderoso, si es necesario, hará estremecer a las naciones para humillarlas y hacerlas escuchar a los siervos del Dios viviente. Lo que sea necesario se llevara a cabo.”(Informe de la Conferencia. 1992).

2. Las congregaciones de santos deben encontrarse en toda la tierra.

“Y sucedió que vi la iglesia del Cordero de Dios, y sus números eran pocos a causa de la iniquidad y las abominaciones de la ramera que se asentaba sobre las muchas aguas. No obstante, vi que la iglesia del Cordero, que eran los santos de Dios, se extendía también sobre toda la superficie de la tierra.”(1 Nefi 14:12; énfasis agregado).

El Elder Bruce R. McConkie escribió:

“Esto pertenece a un día aún futuro. Los Santos del Altísimo aún no están establecidos, como pueblo y con congregaciones organizadas, sobre toda la faz de la tierra.” (“El Mesías Milenario: La Segunda Venida del Hijo del Hombre”).

En un discurso de la Conferencia General en 1980, él observó lo siguiente:

“Vemos al Señor derribar barreras para que el mundo del Islam y el mundo del comunismo puedan escuchar el mensaje de la restauración; y nos gloriamos en el hecho de que Ismael -así como Isaac- y Esaú -así como Jacob- tendrán una herencia en el reino eterno.”

3. Los bautismos por los muertos deben tener lugar en Tierra Santa (Jerusalén).

“Porque se ha decretado que en Sion, y en sus estacas, y en Jerusalén, esos sitios que he señalado como refugio, han de ser los lugares designados para vuestros bautismos por vuestros muertos.” (DyC 124:36; énfasis agregado).

En este momento, ni siquiera estamos en posición de realizar trabajo misional en Tierra Santa, ni mucho menos de construir un templo y realizar bautismos por los muertos. El Señor primero debe abrir las puertas en esa tierra bendita al mensaje de salvación, para que se cumpla la siguiente profecía:

“Y entonces viene también la antigua Jerusalén; y benditos son sus habitantes, porque han sido lavados en la sangre del Cordero.”(Éter 13:11; énfasis agregado).

Es decir, primero deben escuchar y aceptar el mensaje, ser bautizados por la autoridad apropiada, recibir el don del Espíritu Santo y unirse con las congregaciones locales de los Santos de los Últimos Días.

Al hablar de los judíos, Jacob, hermano de Nefi, le recordó a su pueblo que Jehová había hablado a los judíos “por boca de sus santos profetas, aun desde el principio, de generación en generación, hasta que llegue la época en que sean restaurados a la verdadera iglesia y redil de Dios.”(2 Nefi 9:2; énfasis añadido).

4. La sede de la iglesia debe ser trasladada a Missouri

“El lugar que ahora se llama Independence es el lugar central; y el sitio para el templo se halla hacia el oeste.”(DyC 57:3).

“Sión no será quitada de su lugar, a pesar de que sus hijos han sido esparcidos… Y he aquí, no se ha designado otro lugar sino el que he indicado.”(DyC 101:17,20).

La Estaca Central de la Nueva Jerusalén, la sede de la Iglesia, debe establecerse en Independence, Condado de Jackson, Missouri. Uno sólo necesita tomarse un momento y reflexionar sobre la enorme tarea de reubicar la sede central de la Iglesia algún día en el futuro para darse cuenta de que nada de lo predicho llegará a suceder a corto plazo.

5. El Salvador necesita aparecerse en Su templo

sucesión en la iglesia

“He aquí, yo envío a mi mensajero, y él preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero del convenio en quien vosotros os complacéis. He aquí, viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”(Malaquías 3:1).

Esta antigua profecía, repetida en la revelación moderna (DyC 36:8; 42:36; 133:2), se refiere a una de las apariciones preliminares del Salvador, una visita a Su templo en Independence, Missouri, que tendrá lugar antes de Su gloriosa venida.

El Elder Orson Pratt señaló que el Salvador “vendrá de repente a Su Templo, y purificará a los hijos de Moisés y de Aarón, hasta que estén preparados para ofrecer en ese Templo una ofrenda que sea aceptable a los ojos del Señor.” (“Diario de Discursos”).

6. El gran concilio/la reunión sacramental en Adam-ondi-Ahman debe tener lugar

“El Señor da a Spring Hill el nombre de Adán-ondi-Ahmán, porque es el lugar, dijo él, al cual vendrá Adán a visitar a su pueblo, o sea, donde se sentará el Anciano de Días, como lo declaró Daniel el profeta.” (DyC 116)

Esta es otra aparición preliminar del Salvador, un gran concilio del sacerdocio, la ocasión para una gran reunión sacramental, un tiempo cuando el Hijo del Hombre volverá a participar del fruto de la vid con sus amigos terrenales. ¿Y quién asistirá?

Las revelaciones especifican a Moroni, Elías, Juan el Bautista, Elías, Abraham, Isaac, Jacob, José, Adán, Pedro, Santiago, Juan, “y también,” aclara el Salvador, “todos aquellos que mi Padre me ha dado de entre el mundo” (DyC 27:5-14), multitudes de fieles santos desde el principio de los tiempos hasta el final. Será una reunión de liderazgo, un tiempo para rendir cuentas sobre las mayordomías del sacerdocio.

El Presidente Joseph Fielding Smith observó:

“Esto… será uno de los mayores eventos que esta tierra problemática haya visto alguna vez. En esta conferencia, o consejo, todos los que han tenido llaves de las dispensaciones rendirán un informe de su mayordomía… No sabemos cuánto tiempo estará en sesión esta reunión o cuántas sesiones se llevarán a cabo en este gran concilio.

Es suficiente saber que es una reunión del Sacerdocio de Dios desde el comienzo de esta tierra hasta el presente, en la cual se harán informes y todos los que hayan recibido dispensaciones (talentos) declararán sus llaves y ministerio y harán informe de su mayordomía.” (“El progreso del hombre” “The Progress of Man”).

7. El sol debe oscurecerse, la luna se convertirá en sangre, y las estrellas caerán del cielo.

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“Mas he aquí, os digo que antes que llegue este gran día, el sol se obscurecerá y la luna se tornará en sangre; las estrellas caerán del cielo y habrá señales mayores arriba en el cielo y abajo en la tierra.”(DyC 29:14; 34:9; 45:42).

Los fenómenos astrales tan frecuentemente mencionados en la literatura apocalíptica (en Ezequiel, Daniel, Mateo 24 y el libro de Apocalipsis) no han tenido lugar, ni lo harán hasta que llegue el momento de que el Esposo regrese y tome a su Novia, la Iglesia santificada de Jesucristo.

Podríamos seguir y seguir, enumerando las señales de los tiempos y eventos proféticos que aún no se han cumplido. Si bien estamos más cerca de la Segunda Venida de lo que estábamos hace un año, y aunque muchas de las señales del fin de los tiempos se han cumplido, aún hay mucho que el Señor debe cumplir en esta tierra antes de que Sión sea redimida, los santos hayan sido santificados, el trabajo de la Iglesia restaurada de frutos y las comunidades de Sion se establezcan en todas las naciones, reinos, lenguas y pueblos.

Para estar seguros, tenemos trabajo que hacer para prepararnos para el fin del mundo, la destrucción de los malvados en el momento de la segunda venida del Señor en gloria (José Smith-Mateo 1:4,31).

Parte de ese trabajo de preparación, sin embargo, no es crear ni extender un frenesí emocional o asustar a los Santos, tampoco lo es asumir una autoridad o presumir de tener una mayordomía reservada para los Apóstoles y Profetas. Tales tácticas son ajenas a la forma en que el Maestro dirige Su reino y en este caso preparando a Su pueblo para lo que está por venir.

Nuestra tarea es vivir una vida sana y equilibrada, andar por el camino del Evangelio de una manera digna y determinada, estar activos e involucrados y siempre fieles en la Iglesia. Ahí está nuestra seguridad. Si hacemos estas cosas, no tenemos ninguna necesidad de alarmarnos.

Este artículo fue escrito originalmente por Robert L. Millet y fue publicado por ldsliving.com bajo el título: “7 Things That Still Need to Happen Before the World Ends