Jodi Maxfield llevaba años esperando el momento de servir una misión junto a su esposo. Cuando finalmente llegó, ambos fueron llamados a Inglaterra. Todo parecía estar saliendo como lo habían imaginado hasta que, varios meses después, una enfermedad cambió sus planes de golpe.

Jodi tuvo que volver a casa antes de tiempo. No porque quisiera hacerlo, sino porque recibió un diagnóstico de cáncer de ovario en etapa 3.

Su misión terminó antes de lo esperado

Créditos: Familia Maxfield

Jodi y su esposo, Scott, habían comenzado su servicio en la Misión Inglaterra Bristol después de jubilarse. Para ellos no era una decisión improvisada. Servir juntos era algo que habían conversado prácticamente desde que se casaron.

Por eso, dejar Inglaterra fue especialmente difícil. Tras enfermar gravemente, Jodi recibió el diagnóstico en febrero y la pareja regresó a Utah para comenzar cuanto antes su tratamiento.

Vinieron meses de cirugía, quimioterapia y días en los que incluso las tareas más sencillas podían resultar agotadoras. Pero Jodi dice que, en medio de todo eso, hubo momentos que todavía considera milagros.

Créditos: Familia Maxfield

Las oraciones de familiares, amigos, misioneros y personas que habían sido parte de su vida comenzaron a llegar constantemente. También sintió cerca a quienes ya habían fallecido.

Sus padres, sus suegros y una de sus hermanas murieron años atrás. Durante el tratamiento, Jodi asegura que hubo ocasiones en las que sintió su compañía.

“Tengo ángeles al otro lado del velo”, expresó.

Ahora quiere volver

Créditos: Laura Seitz, Deseret News

El 20 de agosto, Jodi pudo hacer algo que meses atrás parecía muy lejano: tocar la campana del Huntsman Cancer Institute después de completar su tratamiento. Según explicó, los médicos ya no encuentran cáncer.

La noticia abrió nuevamente espacio para pensar en planes que habían quedado suspendidos.

Créditos: Nate Edwards, BYU

Viajar con sus hijos, pasar más tiempo en familia, servir en el templo y volver a disfrutar de algunas actividades con su esposo están ahora entre sus prioridades. Pero cuando habló de lo que más desea hacer, regresó inmediatamente al lugar que tuvo que abandonar.

“Queremos volver a nuestra misión. Queremos regresar a Inglaterra”, dijo.

Antes de convertirse en misionera, Jodi fue durante casi tres décadas entrenadora de las Cougarettes de BYU y llevó al equipo a conseguir numerosos campeonatos nacionales. Quienes la conocen suelen describirla como competitiva y perseverante.

Créditos: Laura Seitz, Deseret News

Su hija McCall cree que esa misma actitud apareció durante el cáncer. Jodi estaba acostumbrada a querer ganar. Esta vez, sin embargo, la competencia era completamente distinta.

Y después de terminar su tratamiento, su siguiente meta ya no tiene que ver con una pista de baile ni con un campeonato. Quiere volver a ponerse la placa de misionera y terminar lo que comenzó en Inglaterra.

Fuente: Deseret News

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