En muchas conversaciones dentro de la Iglesia surge una pregunta sincera.
Si tengo un amigo, un familiar o un hijo que es gay, ¿estoy yendo en contra de mi fe al apoyarlo?
Para muchos miembros, esta duda nace de un deseo genuino de mantenerse fieles al Evangelio mientras tratan a los demás con amor y respeto. Y aunque el tema puede parecer complejo, las enseñanzas de la Iglesia ofrecen algunos principios claros que ayudan a entenderlo mejor.
Lo que enseña la Iglesia sobre las personas LGBTQ+

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días enseña que todas las personas son hijos e hijas de Dios. Por esa razón, cada individuo merece amor, respeto y dignidad, sin importar su orientación sexual.
Al mismo tiempo, la doctrina de la Iglesia también es clara respecto al matrimonio. Se enseña que el matrimonio es ordenado por Dios entre un hombre y una mujer, y que las relaciones sexuales son sagradas cuando ocurren dentro de ese convenio. Por ello, la Iglesia considera que cualquier relación sexual fuera de ese modelo, ya sea heterosexual u homosexual, está fuera de la ley de castidad.
Sin embargo, existe una distinción importante que a veces se malinterpreta. Sentir atracción hacia personas del mismo sexo no es pecado. Según la enseñanza de la Iglesia, el pecado se relaciona con las acciones, no con los sentimientos.
El presidente Gordon B. Hinckley lo explicó de esta manera:
“Los amamos como hijos e hijas de Dios. Pueden tener inclinaciones fuertes y difíciles de controlar… Si no actúan sobre ellas, pueden seguir adelante como cualquier otro miembro de la Iglesia”.
En otras palabras, la doctrina no elimina la invitación a amar, servir y tratar a todos con bondad.
Amor y convicciones pueden coexistir

En cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo, los líderes de la Iglesia han reafirmado consistentemente la doctrina del matrimonio entre un hombre y una mujer.
El presidente Dallin H. Oaks enseñó que aunque las leyes civiles cambien, la ley divina del matrimonio no cambia.
Sin embargo, ese principio doctrinal no cancela otro principio central del Evangelio.
El mandamiento de amar al prójimo sigue siendo el mismo.
Por eso, los líderes de la Iglesia han animado repetidamente a los miembros a tratar con respeto y compasión a las personas LGBTQ+, especialmente cuando se trata de familiares y amigos cercanos.
Las preguntas reales que muchos miembros enfrentan

En la vida diaria, estas enseñanzas se traducen en preguntas muy prácticas. Algunos miembros se preguntan:
- ¿Puedo invitar a mi hijo LGBTQ+ y a su pareja a cenar?
- ¿Es correcto mantener una amistad cercana?
- ¿Cómo demuestro amor sin abandonar mis creencias?
Las respuestas no siempre vienen en forma de reglas rígidas. En muchos casos, los líderes de la Iglesia invitan a buscar guía personal a través de la oración y la revelación.
El élder M. Russell Ballard explicó que este tipo de situaciones puede generar un conflicto interior en las familias:
“Tu amor por esa persona como hijo o hija de Dios puede crear un conflicto interno al intentar amarla y apoyarla mientras defiendes el plan eterno de felicidad del Señor”.
Ese equilibrio entre convicción y amor es parte del discipulado cristiano.
El ejemplo de Jesucristo

Cuando miramos el ministerio de Jesucristo, vemos algo importante. El Salvador nunca evitó a las personas por sus circunstancias o sus errores.
El élder David B. Haight recordó que en los tiempos de Cristo existían fuertes barreras sociales, pero aun así el Salvador se relacionaba con publicanos y pecadores. Jesús incluso enseñó:
“Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” – Mateo 9:12.
Seguir a Cristo no significa apartarse de las personas, sino acercarse a ellas con compasión. Dentro de la doctrina de la Iglesia existe una diferencia importante. Amar a alguien no siempre significa aprobar todas sus decisiones.
Este principio se aplica en muchas situaciones de la vida. Por ejemplo, una familia puede amar profundamente a un miembro que lucha con una adicción sin aprobar ese comportamiento.
De la misma manera, los líderes de la Iglesia enseñan que podemos amar, respetar y apoyar a una persona sin sentir que debemos estar de acuerdo con todas sus decisiones personales.
La importancia de escuchar con empatía

Para muchos miembros LGBTQ+ que desean seguir en la Iglesia, el mayor desafío no siempre es la doctrina, sino el ambiente social.
Algunos sienten que viven entre dos mundos. Por un lado, la comunidad religiosa puede decir cosas insensibles sin intención. Por otro lado, algunas personas fuera de la Iglesia no comprenden por qué desean mantener su fe.
Por eso, la empatía y la escucha sincera se vuelven fundamentales. Pequeñas acciones pueden marcar una gran diferencia:
- Escuchar sin juzgar.
- Agradecer la confianza cuando alguien comparte su historia.
- Estar dispuestos a aprender y reconocer errores.
A veces, simplemente ofrecer un espacio seguro para conversar puede cambiar completamente la experiencia de alguien dentro de la Iglesia.
Cuando el amor cristiano se vuelve real

En los últimos años, la Iglesia también ha mostrado públicamente su postura de respeto hacia todas las personas. Por ejemplo, ha apoyado leyes que protegen a las personas LGBTQ+ contra la discriminación en vivienda y empleo, mientras defiende la libertad religiosa.
Estas acciones reflejan un principio importante del Evangelio. El respeto por la dignidad humana no depende de que todos pensemos igual. En medio de debates culturales y preguntas difíciles, el Evangelio vuelve una y otra vez a un principio sencillo. Jesucristo enseñó:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Las personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo también necesitan amistad, comprensión y respeto. Dios ama a todos Sus hijos mucho más de lo que podemos comprender.
Y Él espera que hagamos lo mismo. Seguir a Cristo no siempre significa tener todas las respuestas. A veces significa algo más simple, pero también más profundo. Elegir amar, incluso cuando todavía estamos aprendiendo cómo hacerlo mejor.
Fuente: Ask Gramps



