Una de las historias de amor más profundas del Antiguo Testamento se centra en el amor entre Jacob y Raquel. Cuando Jacob vio por primera vez a Raquel, ella estaba cuidando a las ovejas de su padre (Génesis 29: 9 – 10). Jacob no perdió el tiempo y removió la piedra de la “boca del pozo” para que las ovejas pudieran beber. Aprendemos del relato de Génesis que en cuanto Jacob conoció a Raquel, la besó. ¡O nos perdimos algunos versículos clave o Jacob no perdió el tiempo en reconocer a su futura esposa!

El padre de Raquel, Labán,  también era tío de Jacob. Jacob estaba ansioso de tener a Raquel como su esposa. Ya que tenía poco dinero o posesiones materiales para una dote, se ofreció a servir durante siete años a Labán para merecer a Raquel (Génesis 29: 17 – 18). Así, sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba” (Génesis 29: 20). Como muchos lectores de la Biblia saben, al concluir los siete años, Labán engaña a Jacob al entregarle a Lea en lugar de Raquel (Génesis 29: 24 – 26). Después, Labán, le explicó que en su país, no se daba a la menor antes que la mayor. En la noche de bodas, Lea debió haber estado con un velo y muy cubierta con ropa, ya que hasta la mañana siguiente Jacob se dio cuenta de que consumó su matrimonio con la mujer equivocada. Labán le entregó a Raquel a Jacob una semana más tarde, pero Jacob tuvo que trabajar siete años más sin recibir un salario.

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Jacob y Raquel.

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Si bien, existe mucho más sobre esta historia, un principio clave es que el verdadero amor requiere sacrificio y trabajo. En el caso de Jacob, él trabajó durante 14 años antes de que su esposa fuera suya, “libre de gravámenes.” Para aquellos de ustedes que creen que pueden estar enamorados, ¿estarían dispuestos a pagar un precio tan alto por un(a) compañero(a) eterno(a)?

Sé de un joven que pensaba que estaba enamorado, pero cuando su novia le preguntó si la esperaría durante dieciocho meses mientras servía en una misión, le respondió, “Probablemente no.” Y, dieciocho meses palidecen en comparación con lo que Jacob estuvo dispuesto a hacer. Cuando realmente estamos enamorados, llegamos a entender lo que realmente significa el sacrificio. Nuestras propias necesidades se vuelven menos importantes que las necesidades de nuestro futuro cónyuge. Pero, cuando estamos dispuestos a trabajar y esforzarnos por nuestro futuro cónyuge, si realmente estamos enamorados, nos parecerán “pocos días.”

El amor requiere sacrificio

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Describamos un típico escenario en la Universidad de Brigham Young, Idaho, o cualquier otro instituto de religión Santo de los Últimos Días. Un joven y una joven se conocen y comienzan a salir. Comienzan a sentir un vínculo romántico mutuamente. Con el tiempo, los sentimientos del uno hacia el otro comienzan a aumentar e intensificarse. Pronto, sienten que no pueden vivir uno sin el otro. Al ser personas fieles y honorables, cumplen con las normas de La Iglesia y guardan la ley de castidad. En poco tiempo, sus brazos se envuelven entre sí; tienen la mirada fija y deseosa en el templo. Dentro de pocos meses, se comprometen. Ansiosos por casarse, anticipan en gran medida el día de su boda. Finalmente, llega, cumplen la meta eterna del matrimonio en el templo y una luna de miel maravillosa. En la actualidad, este es el amor verdadero, ¿cierto?

Bueno, no exactamente. Llamemos este escenario una oportunidad o quizá, incluso, los comienzos del amor verdadero. Sin embargo, el amor verdadero llegará a su plenitud solo con el transcurso del tiempo, cuando nuestro compromiso y fidelidad sean probados. El amor verdadero debe incluir actitudes y acciones abnegadas. Recordando nuestro ejemplo anterior, ¿Cuánto de lo que sucede durante el periodo de las citas, el compromiso y la luna de miel proviene de las actitudes y acciones abnegadas? Si bien, existen oportunidades para servir el uno al otro y hacer sacrificios, las experiencias significativas de la vida que realmente edifican, prueban y fortalecen el amor usualmente no ocurren en este punto. El amor se construye con el tiempo y se intensifica a medida que las parejas experimentan la vida, la escuela de los golpes duros, y finalmente, aprenden a amar a la otra persona más que a sí mismas. El amor se desarrolla más cuando las parejas aprenden a trabajar juntas y conocen las necesidades del otro. Además, nadie puede amar verdaderamente a otra persona sin el elemento del sacrificio.

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De este modo, a medida que te preparas para el matrimonio, pregúntate, “¿Qué he hecho sinceramente por mi futuro cónyuge?”  ¿Hay más que puedas hacer? Solo cuando comienzas a hacer sacrificios por la otra persona, el amor comienza a florecer. En 1 Corintios 13, aprendemos que la caridad, o la persona caritativa, es benigna, no tiene envidia y no se irrita (1 Corintios 13: 4 – 6). O, en otras palabras, las personas caritativas aman a su cónyuge más de lo que se aman a sí mismas, y ponen las necesidades y los deseos de su cónyuge antes que los suyos.

Mi hija mayor y yo usualmente teníamos debates con respecto al amor verdadero, cuando estaba en la escuela secundaria. Brittany me contaba sobre las parejas jóvenes de su escuela que estaban enamoradas, cuan lindas se veían juntas y cómo estarían casadas por cientos de años porque “eran tan perfectas la una para la otra.” Reventaba su burbuja al decir, “En verdad, Britt, no están realmente enamoradas, no saben verdaderamente lo que es el amor. No puedes saber lo que es el amor cuando estás en la secundaria.” Brittany se enojaba mucho. Pero, luego, le explicaba que esas parejas no podían tener idea de lo que significa amar a alguien más que a sí mismas y renunciar a las cosas que quieren para hacer feliz a la otra persona. No estoy convencido de que las parejas tan jóvenes tengan la madurez o las experiencias de vida para amar a alguien tan profundamente.

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Luego, le preguntaba a Brittany, “¿Qué sucedería si la joven de la relación sufriera un terrible accidente y su rostro resultara severamente quemado? O, ¿Qué sucedería si el joven sufriera una lesión que lo dejara discapacitado y confinado a una silla de ruedas por el resto de su vida? ¿Crees que esta pareja seguiría enamorada?” En todos los casos, Brittany diría, “Probablemente no.” Luego, le hablaba de los esposos que se levantan temprano y entregan el periódico para que sus familias puedan comer en la mesa; de las esposas que se quedan despiertas hasta la media noche ayudando a sus esposos con un proyecto del trabajo o la universidad; de los hombres que impulsan a sus esposas en sillas de ruedas; de las mujeres que dan a luz y sacrifican sus cuerpos por completo; de las parejas que se cuidan unas a otras cuando están enfermas.

Le expliqué a Brittany, que el verdadero amor nace y se cultiva con el sacrificio, trabajo y esfuerzo. Mi hija estaba un poco confundida porque, en su mente de secundaria, si la pareja perfecta se unía y se miraba mientras pestañeaban, vivirían felices para siempre. Ahora que Brittany está casada, entiende exactamente lo que estaba intentando enseñarle. Cuando amas verdaderamente a alguien, estás dispuesto a dar tu vida por su felicidad.

Artículo originalmente escrito por Mark D. Ogletree, extracto de “Preparing for your Celestial Marriage,” y publicado en ldsliving.com con el título “Latter-day Saint Therapist Shares What True Love Really Means (+ One of the Most Profound Love Stories in the Bible).”