Aunque sin duda fue una prueba difícil para nuestra fe, aquí hay algunas bendiciones inesperadas que podemos recibir durante nuestro período de desempleo.

Crecí con un padre que trabajaba en el mundo cambiante de las ventas farmacéuticas.

Pasamos por varios momentos en que mi padre no tenía trabajo, y esos momentos de ansiedad e incertidumbre fueron los momentos más devastadores para mí.

Juré que nunca estaría en la misma posición cuando tuviera hijos.

Muchos años, mi esposo se graduó en administración de empresas, con una maestría en administración y negocios, en diciembre de 2014.

No nos preocupamos mucho cuándo no consiguió trabajo después de graduarse. En los últimos tres años, aproximadamente el 95% de los graduados de su clase habían logrado obtener un trabajo dentro de los 90 días posteriores a la graduación.

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Ese día vino y se fue a finales de marzo de 2015.

Y aunque mi esposo había tenido muchas entrevistas y muchas perspectivas de trabajo, todavía estábamos esperando una propuesta oficial.

El cuarto mes después de la graduación también transcurrió, y mi inteligente y talentoso esposo todavía no tenía trabajo.

Aunque sin duda fue una prueba difícil para nuestra fe, aquí hay algunas bendiciones inesperadas que recibimos durante ese período de desempleo.

Bendición de no trabajar # 1: Más tiempo para hacer la historia familiar

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Con dos hijas y un trabajo desde casa, mi familia apenas podía ir al templo una vez al mes cuando mi esposo todavía estaba estudiando.

Pero con nuestros días son menos cargados, ambos finalmente descubrimos, por primera vez, cómo utilizar FamilySearch.org y encontramos antepasados ​​que necesitaban la obra del templo.

Le enseñamos a nuestras hijas a desarrollar un amor por el templo y estuvieron emocionadas de poder ir.

Nuestro amor por el templo, por la obra de la historia familiar y, en particular, por nuestro Salvador Jesucristo, aumentó significativamente gracias al tiempo que pasamos sirviendo en la casa del Señor.

Bendición de no trabajar # 2: Aprender a administrar tus propios recursos y ver bendiciones económicas

Mi esposo tuvo que decidir entre dos programas de maestría: uno en Utah y otro en Texas.

Ambos sentimos que debíamos optar por el de Texas, pero eso significaba renunciar a mi querido trabajo a tiempo parcial en una estación de radio local de noticias en Salt Lake City.

Lamentablemente, en julio de 2013 tuve que dejarlo.

Sin embargo, esa despedida fue muy corta. Un mes después de mudarme a Texas, me ofrecieron trabajar desde casa, con horas garantizadas, en mi antiguo trabajo en la estación local de Utah.

Mientras mi esposo buscaba empleo, yo trabajaba casi 30 horas a la semana desde casa.

persona especial

El Señor sabía que necesitaríamos dinero en la universidad como después de ella, y nos bendijo con este ingreso extra.

Después de la graduación de mi esposo, nuestras vidas no cambiaron drásticamente. Básicamente, todavía vivíamos como en la universidad.

Seguimos pagando el diezmo y nuestras ofrendas de ayuno cada mes. Administramos nuestro presupuesto más rigurosamente, pero no nos pareció un sacrificio.

Estábamos aprendiendo a ser aún más juiciosos con nuestro dinero y esa habilidad nos ayudaría en el futuro a pagar rápidamente el préstamo universitario cuando mi esposo consiguió un empleo de tiempo completo.

Bendición de no trabajar # 3: Compasión por los que están en la misma situación

Pensé que ya sentía compasión por las personas que no tenían trabajo, porque había pasado por ello con mi familia cuando era pequeña.

Pero esta situación me dio un mayor sentido de amor por cualquiera que estuviera pasando por un periodo de desempleo.

Y no porque mi esposo no se esforzó lo suficiente o no era lo suficientemente inteligente o no era lo suficientemente capaz para ser contratado por alguna empresa. Sucedió solo gracias a la ayuda que recibimos.

Aún en la actualidad, tratamos de mantener esta perspectiva y ayudar a los demás siempre que podamos y espero que lo hagamos por el resto de nuestras vidas.

Bendición de no trabajar # 4: Fuerza espiritual para cada miembro de nuestra familia

Tratar de tener una noche de hogar, estudiar las Escrituras, orar por la noche, puede ser casi imposible con niñas pequeñas, ruidosas, inquietas y testarudas.

Pero en enero de 2015, decidimos que teníamos que comprometernos a cumplir lo que teníamos que hacer como familia, independientemente del cansancio de ser padres y el comportamiento de nuestras hijas.

Mi padre a menudo me recuerda el discurso del élder Bednar en la Conferencia General de abril de 2010, en la que dijo:

“Los jóvenes de todas las edades pueden responder al espíritu característico del Libro de Mormón, y lo hacen. Los niños quizá no entiendan todas las palabras y los relatos, pero ciertamente pueden sentir la clase de espíritu que describió Isaías”.

Lo vi cumplirse en nuestro hogar. Nuestras niñas de 2 y 3 años estaban emocionadas de poder “leer” el Libro de Mormón y comenzaron a entender que ese libro era sobre Jesús.

El espíritu que estaba en nuestro hogar, gracias al leer las Escrituras y hacer nuestras oraciones todos los días, nos ayudó a mí y a mi esposo a ser padres más pacientes con nuestras hijas dulces pero traviesas, a ser más cariñosos entre nosotros, más cristianos y caritativos con nuestros amigos y vecinos.

A pesar de experimentar mi “peor pesadilla”, nunca sentí más paz y consuelo del Señor que durante ese período de desempleo.

Pasamos algunos días muy difíciles, durante los cuales me sentí desanimada y pensé que nuestra situación era injusta, pero pude recuperarme gracias a la tierna misericordia del Señor.

familias donde no todos son miembros

Después de un día particularmente desalentador, a fines de marzo de ese año, hice algunos sellamientos en el templo de Houston.

Oré profundamente en el salón celestial para que el Señor me avisara cuando una oferta de trabajo llegará y esperaba que eso pudiera ser pronto.

Esperaba sentir esperanza. Me quedé algo decepcionada al no haber sentido nada… hasta que abrí la Biblia en Romanos 15: 4, donde dice:

“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.

Sentí como si el Señor me estuviera diciendo que fuera paciente mostrándome el camino para encontrar paz y consuelo, incluso en los momentos más oscuros.

La obra del templo y las Escrituras son mi sustento de vida en todo momento y me levantan cuando me siento deprimida.

Mi esposo ha sido un gran apoyo en esos momentos. Su fe nunca flaqueó y siempre estuvo seguro de que nuestro Padre Celestial y Jesús nos conocía y tenía un plan para nosotros.

Hoy en día, sigo recordando una de mis escrituras favoritas cuando necesito recobrar ánimos:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” – Juan 14:27

Sé que a pesar de nuestra situación, fuimos bendecidos cada hora con paz y consuelo, que vino directamente de nuestro Salvador, y jamás he estado tan agradecida de haber tenido que superar un desafío en mi vida.

Fuente: ldsliving.com