Buscar ayuda psicológica ya no tiene el mismo estigma de hace algunos años. Para muchas personas, acudir a terapia se ha convertido en una herramienta para sanar heridas emocionales, fortalecer relaciones y aprender a enfrentar momentos difíciles.

Pero encontrar al terapeuta adecuado puede requerir algo más que revisar títulos o años de experiencia. Para quienes consideran importantes su fe y sus valores familiares, también existe otra pregunta: ¿ese profesional respetará sus creencias?

Un terapeuta no necesita creer lo mismo que su paciente. Sin embargo, sí debe ser capaz de trabajar con sus valores sin intentar cambiarlos o convertir la terapia en una forma de persuasión.

Imagen: masfe.org

La autora del texto original, terapeuta con más de 15 años de experiencia, asegura haber visto los beneficios que puede tener la psicoterapia. También afirma que algunos de sus pacientes han encontrado fortaleza al incorporar sus creencias espirituales al proceso.

Al mismo tiempo, considera que ciertas corrientes dentro de la formación en salud mental pueden entrar en conflicto con las convicciones religiosas de algunos pacientes.

Por eso, recomienda prestar atención no solo a las credenciales del profesional, sino también a su manera de trabajar.

No basta con revisar sus credenciales

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Tener licencia profesional no significa que un terapeuta sea especialista en todos los problemas que aparecen en su perfil. Antes de comenzar, puede ser útil preguntarle directamente qué experiencia tiene con el problema que se desea tratar, qué métodos utiliza y cómo suele trabajar con pacientes que tienen creencias distintas a las suyas.

Una buena terapia tampoco consiste únicamente en sentirse escuchado. El paciente y el terapeuta deberían establecer objetivos claros y trabajar juntos para generar cambios en pensamientos, conductas o formas de enfrentar determinadas situaciones.

Eso no significa que el terapeuta tenga que estar de acuerdo con todo. En algunos momentos podría cuestionar ciertas ideas o comportamientos si considera que hacerlo ayudará al paciente a alcanzar los objetivos que ambos acordaron.

hombre en terapia
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Lo que no debería hacer es presionarlo para que adopte sus propias convicciones políticas, religiosas o personales. También conviene diferenciar entre un terapeuta y un coach. Los terapeutas cuentan con formación y regulación profesional para diagnosticar y tratar problemas de salud mental. El acompañamiento de un coach no reemplaza ese tipo de atención.

Otro punto que puede ofrecer información es la presencia pública del profesional. Sus publicaciones, entrevistas o redes sociales pueden mostrar qué temas considera importantes y cómo habla sobre la religión, el matrimonio, la familia o asuntos que podrían ser relevantes para el paciente.

La autora recomienda prestar especial atención cuando un profesional utiliza constantemente sus propias experiencias personales para orientar las decisiones de quienes buscan ayuda.

Por ejemplo, si alguien ofrece terapia para crisis de fe y al mismo tiempo utiliza sus redes para atacar determinada religión, un paciente creyente podría preguntarse si realmente recibirá un acompañamiento neutral.

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Algo similar puede ocurrir con el matrimonio. Una persona que desea salvar su relación probablemente buscará un profesional dispuesto a trabajar hacia ese objetivo, siempre que la relación sea segura, y no alguien que dé por hecho que terminarla es la única salida.

También vale la pena preguntar qué significan algunas expresiones utilizadas en el perfil del terapeuta.

Términos como “afirmativo”, “positividad sexual”, “trauma religioso” o “desconstrucción religiosa” pueden referirse a enfoques específicos que no siempre coinciden con lo que una persona entiende al leerlos por primera vez.

No significa que deban descartarse automáticamente. Significa que conviene preguntar cómo se aplican en la práctica antes de comenzar el tratamiento.

La terapia también debe respetar la fe y la familia

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Compartir la misma religión tampoco garantiza que terapeuta y paciente tengan exactamente los mismos valores. Incluso entre miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pueden existir opiniones muy diferentes sobre temas como pornografía, sexualidad, matrimonio o enseñanzas religiosas.

Por eso, la recomendación vuelve a ser la misma: preguntar.

Si la fe forma parte importante de la vida del paciente, puede decirlo desde la primera conversación y explicar qué desea proteger o fortalecer durante el tratamiento. Un profesional ético debería poder trabajar dentro de esos límites o reconocer con sinceridad que quizá no sea la persona adecuada.

La misma precaución puede aplicarse a los vínculos familiares.

En algunas situaciones, establecer distancia de una persona abusiva puede ser necesario para protegerse. Sin embargo, no todos los conflictos familiares requieren cortar completamente una relación.

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Cuando el objetivo del paciente sea reparar o fortalecer esos vínculos, conviene buscar a alguien dispuesto a ayudarlo a hacerlo de manera saludable.Si quien recibirá terapia es un menor de edad, los padres también pueden preguntar cuál será su participación durante el proceso.

Es válido conocer cómo se manejará la comunicación, qué información podrá compartirse y si habrá sesiones en las que padres e hijos puedan participar juntos cuando sea apropiado. Elegir un terapeuta no siempre se resuelve después de una sola sesión.

A veces hacen falta varios encuentros para saber si existe confianza y si la forma de trabajar del profesional resulta útil. Pero si aparecen señales claras de que las creencias del paciente son ridiculizadas, ignoradas o tratadas como un problema que debe eliminarse, buscar otro profesional también es una opción válida.

La terapia puede ser un espacio profundamente útil. Y parte de encontrar al terapeuta correcto consiste precisamente en hallar a alguien que pueda acompañar al paciente sin exigirle que renuncie a aquello que considera sagrado.

Fuente: Mais Fe

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