Regresar de una misión antes de lo esperado puede ser una experiencia difícil, especialmente cuando las cosas no salen como uno imaginaba. Para algunos jóvenes, volver a casa significa enfrentar preguntas, expectativas y sentimientos que no siempre saben cómo expresar.
Eso fue parte de lo que vivió Cara Pinkston, una joven que compartió en redes sociales su experiencia como exmisionera y el proceso que atravesó después de regresar a casa.
A través de un video publicado en su cuenta de Instagram, Cara habló sobre su distanciamiento de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sus dificultades para vivir ciertos principios del Evangelio y lo que aprendió sobre el amor de Jesucristo.
Su historia comenzó con una confesión que llamó la atención:
“Solo serví una misión durante cuatro meses”.
Sin embargo, lo que ocurrió después de su regreso fue una etapa aún más complicada.
De regresar enojada con Dios a alejarse de la Iglesia

Cara contó que volvió de su misión sintiendo enojo hacia Dios. Aunque no explicó todos los detalles de lo que provocó esos sentimientos, reconoció que poco a poco comenzó a distanciarse de la Iglesia.
Durante ese periodo, también tuvo dificultades para usar sus prendas del templo, especialmente cuando salía a citas o asistía a fiestas.
Su relación con Dios se volvió cada vez más complicada. El dolor y la tristeza que experimentaba afectaron su manera de ver la vida y de comprender lo que estaba viviendo.
“Odiaba mi vida y culpaba a Dios por todo el dolor y la tristeza que estaba experimentando”.

Con el tiempo, dejó de asistir a las reuniones dominicales, de estudiar las Escrituras y de orar con la frecuencia que acostumbraba. Pero había algo que seguía repitiéndose a sí misma: algún día regresaría a la Iglesia, cuando hubiera logrado cambiar.
“Me decía que volvería cuando fuera mejor y perfecta al vivir los principios y convenios que había hecho”.
Sin darse cuenta, había comenzado a creer que necesitaba resolver todas sus dificultades antes de poder acercarse nuevamente a Dios.
Esa idea la acompañó durante mucho tiempo.
Comprendió que no necesitaba ser perfecta para seguir a Jesucristo

Después de atravesar ese proceso, Cara comenzó a ver su relación con Dios de otra manera.
Comprendió que ser miembro de la Iglesia de Jesucristo no significa llevar una vida sin errores ni dificultades. Tampoco significa que una persona deba alcanzar la perfección antes de poder acercarse al Salvador.
En su video compartió una de las lecciones más importantes que aprendió:
“Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que pertenecer a la Iglesia de Jesucristo no significa que tengas que ser un miembro perfecto. Significa que creo en Cristo y que, porque lo amo, haré todo lo posible por ser como Él”.
Esta reflexión cambió su manera de comprender su experiencia.

En lugar de considerar sus errores como razones para mantenerse alejada, comenzó a reconocer que aprender y progresar también forman parte de nuestra vida en la Tierra.
En la descripción de su publicación, Cara explicó que no compartió su historia para presentarse como un ejemplo de perfección, sino para mostrar que todos tenemos un proceso diferente.
“No soy perfecta y esa es precisamente la razón por la que estoy aquí en la Tierra. No para volverme perfecta, sino para aprender y crecer”.
También reconoció que su historia tiene momentos hermosos y otros dolorosos, pero que cada experiencia forma parte del camino que ha recorrido.
A pesar de las dificultades, aseguró que no cambiaría el camino que la llevó hasta donde se encuentra actualmente.
Su mensaje para quienes sienten que se han alejado de Dios

Cara explicó que una de las razones por las que decidió publicar su testimonio fue porque, durante sus momentos más difíciles, le habría gustado encontrar a alguien que le dijera que no estaba sola.
Por eso quiso dirigirse especialmente a las personas que sienten vergüenza, culpa, enojo o que creen que sus errores las han alejado demasiado de Dios.
“Si estás luchando con la vergüenza, la culpa, el enojo, la soledad, el perfeccionismo o cualquier otro sentimiento que te haya alejado de Dios, esto es para ti. No estás solo”.
También invitó a quienes atraviesan situaciones similares a tener paciencia consigo mismos y recordar que todos somos imperfectos. Para ella, comprender la expiación de Jesucristo fue fundamental para reconocer que siempre existe la posibilidad de recibir perdón y continuar progresando.
“Todos somos imperfectos y, gracias al sacrificio de Cristo, podemos ser perdonados. El plan de Dios sigue en marcha. Confía en Él”.

Su experiencia también recuerda una enseñanza que Jesucristo compartió durante Su ministerio:
“Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12).
El Salvador no espera que resolvamos todas nuestras dificultades para acudir a Él. Su expiación hace posible que nos arrepintamos, aprendamos de nuestros errores y encontremos fortaleza durante ese proceso.
Hoy, Cara espera que su historia ayude a otras personas que atraviesan dificultades con su testimonio, su salud o su relación con Dios.
Su mensaje es especialmente importante para quienes sienten que no son lo suficientemente buenos para regresar a la Iglesia o que necesitan cambiar por completo antes de volver a orar.
No necesitamos ser perfectos para acercarnos a Jesucristo. Es precisamente al acercarnos a Él que encontramos la ayuda para cambiar, sanar y seguir adelante.
