3 consejos para cuando te agoten tus responsabilidades en la Iglesia

cansancio desgaste espiritual

A veces podemos sentir que siempre somos los que brindamos ayuda a los demás y que nadie se preocupa por nosotros, ¿cómo podemos vencer ese desgaste espiritual?

El COVID-19 ha traído grandes interrupciones a nuestra sociedad, incluso a la Iglesia restaurada del Señor. No podemos congregarnos como solíamos hacerlo. Los esfuerzos de ministración ahora son más importantes que nunca.

Los líderes de la Iglesia local se han visto abrumados con las pruebas que enfrentan sus miembros, para las cuales no existe una lista preexistente de soluciones. Si bien el sentirse agotado espiritualmente no es un fenómeno nuevo entre los miembros de la Iglesia, ciertamente ha ido en aumento como resultado de la pandemia.

Como presidente del quórum de élderes, he sentido la creciente carga que vino sobre el llamamiento debido a la pandemia. 

¿Cómo podríamos definir este desgaste espiritual? 

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Quizás sea la experiencia emocional que sentimos cuando agotamos nuestras reservas de motivación. Tal vez es que tuvimos demasiadas tareas y no las suficientes recompensas. 

A veces podemos sentir que somos nosotros los que constantemente brindamos ayuda a los demás y que nadie se preocupa por cómo estamos. Estas son condiciones reales que sienten los miembros de la Iglesia. 

Cuando llegamos al límite de lo que podemos soportar, sentimos la tentación de preguntarnos: “¿En qué me beneficia esto? ¿Por qué sigo haciendo esto cuando parece que no me lleva a ningún lado?”

Entiendo porqué podríamos hacer tales preguntas, pero una comprensión más profunda de ciertos principios del Evangelio puede ayudarnos a obtener la fuerza que necesitamos para continuar. 

Aquí hay tres consejos que te ayudarán a vencer el desgaste espiritual.

1. Reconoce tu identidad eterna

Moisés tuvo una experiencia increíble donde vio al Señor en una visión. Su cuerpo tuvo que ser temporalmente transfigurado para poder soportar la gloriosa presencia de Dios. El Señor le dijo a Moisés que él era Su hijo y que tenía una obra que realizar.

Después de la visión, Moisés meditó en cuanto al encuentro celestial que había tenido. Luego vino Satanás, incitándolo, diciendo: “Moisés, hijo de hombre, adórame” (Moisés 1:12).

Lucifer inmediatamente insultó a Moisés al cuestionar su herencia divina llamándolo “hijo de hombre”, tentándolo a cambiar su propósito al demandar que lo “adorara”.

¿Qué hizo Moisés? ¿Renunció a su derecho como hijo de Dios y su misión para convertirse en un discípulo de Satanás? No lo hizo. De hecho, rechazó al adversario con fuerza y ​​determinación.

“Y sucedió que Moisés miró a Satanás, y le dijo: ¿Quién eres tú? Porque, he aquí, yo soy un hijo de Dios, a semejanza de su Unigénito. ¿Y dónde está tu gloria, para que te adore?

Y añadió Moisés: No cesaré de clamar a Dios; tengo otras cosas que preguntarle: porque su gloria ha estado sobre mí; por tanto, puedo discernir entre tú y él. Retírate de aquí, Satanás”. -Moisés 1: 13,18

Moisés sabía quién era y cuál era su valor. Él era un hijo de Dios y tenía un propósito divinamente designado. No tenía tiempo para los engaños de Satanás, porque había trabajo por hacer. Entonces, ¿cómo se aplica esto a cada uno de nosotros?

estas preguntas. ¿Quién eres y cuál es tu propósito? ¿Eres realmente un hijo del Padre Celestial, con parte de Su ADN en tu espíritu, o eres solo un hijo o hija de hombre, intrascendente y sin importancia?

bendiciones

¿Has sido llamado por Dios para actuar en Su nombre, servir a Sus hijos y consagrar tu vida a Él, o simplemente estás agotando tu energía y recursos para otros seres que no podrán retribuirte de la misma manera?

Tus respuestas a estas preguntas son vitales, te ayudarán a darte la fuerza para continuar a pesar de las dificultades. Para aquellos que realmente entienden quiénes son y para qué han sido llamados, la motivación que necesitan se puede encontrar incluso en los momentos más difíciles.

Aquellos que tienen dificultades al comprender su identidad eterna y propósito divino pueden encontrar que el desgaste espiritual llega más rápido y con mayor frecuencia.

2. Encuentra el equilibrio

Comprender la importancia de la obra del evangelio es fundamental, pero incluso aquellos que tienen un fuerte testimonio pueden experimentar un cansancio espiritual si es que no conocen sus límites.

De hecho, hay quienes están extremadamente convencidos de la importancia de la obra del evangelio, hasta el punto de eclipsar todas las demás responsabilidades de su vida, incluyendo su familia, trabajo, amigos y tiempo de recreación. Creo que esto es a lo que Jacob se refirió con “traspasar lo señalado” (Jacob 4:14).

Veamos otro ejemplo de la vida de Moisés para ayudarnos a ver este concepto de equilibrio apropiado. El suegro de Moisés, Jetro, se unió al campamento israelita en el desierto. Observó a Moisés pasar todo el día actuando como juez para resolver las disputas de los hijos de Israel.

compartir el evangelio

Me imagino que algunas de las disputas fueron más importantes que otras. Me imagino a Moisés regresando a su tienda esa noche, física y emocionalmente exhausto, con Jethro observando todo lo que pasaba.

En mi opinión, también puedo imaginarme a los presidentes de estaca, obispos y presidentes de quórum de élderes y presidentas de Sociedad de Socorro (por nombrar algunos) en todo el mundo, exhaustos y agotados por las demandas de sus llamamientos. El consejo de Jetro a Moisés se aplica a todos los que llevan cargas similares:

“Entonces el suegro de Moisés le dijo: Lo que haces no está bien. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo, porque la tarea es demasiado pesada para ti; no podrás hacerlo tú solo. -Éxodo 18: 17-18

“Desfallecerás del todo” suena como la versión del desgaste espiritual del Antiguo Testamento. Jetro sabiamente le dijo a Moisés que delegara el trabajo que hacía. Debía compartir su carga con otras personas, ya que Moisés no iba a poder hacer todo solo.

mujer y el sacerdocio

Como miembros de la Iglesia, debemos seguir el mismo consejo. El orgullo es un punto de conflicto para muchos miembros, particularmente en los hermanos.

De alguna manera, sentimos que hacerlo todo sin ayuda es una señal de logro y fortaleza, lo cual es todo lo contrario. Necesitamos ayuda y fuerza. Tal asistencia proviene del Señor, pero también proviene de quienes nos rodean.

A medida que compartimos nuestras cargas con los demás, lograremos muchas cosas. Tendremos más tiempo para cubrir otras tareas necesarias y permitimos que otros obtengan aprendan y ganen experiencia.

De esta manera capacitamos a la próxima generación de líderes dándoles oportunidades de liderazgo, lo que significa delegarles tareas significativas y brindarles capacitación y supervisión adecuadas. 

Combatimos el desgaste espiritual cuando conocemos nuestros límites y compartimos generosa y juiciosamente nuestras responsabilidades con los demás.

3. Tómate un tiempo para descansar

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Conocer nuestro propósito y nuestros límites es esencial para evitar el agotamiento espiritual. Los recursos como el tiempo y el dinero a menudo se brindan con una cuidadosa consideración. Pero, ¿qué pasa con la energía emocional y física?

Estos también son recursos limitados que se agotarán si no se vuelven a llenar. ¿Te has preguntado alguna vez por qué Jehová y Miguel descansaron el séptimo día de la obra de la creación?

No creo que fuera porque estaban agotados física o emocionalmente. Creo que fue porque estaban tratando de darnos un ejemplo. Querían mostrarnos que el trabajo es importante, pero el descansar también lo es. 

Hace tiempo me di cuenta de la relación que había entre su trabajo y descanso; seis de siete días significa que trabajaron aproximadamente el 86% del tiempo, dejando el tiempo adecuado pero no excesivo para descansar.

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El rey Benjamín aconsejó:

“Y mirad que se hagan todas estas cosas con prudencia y orden; porque no se exige que un hombre corra más aprisa de lo que sus fuerzas le permiten. Y además, conviene que sea diligente, para que así gane el galardón; por tanto, todas las cosas deben hacerse en orden.” -Mosíah 4:27

El consejo es claro, no intentes hacer más de lo que eres capaz de hacer, pero asegúrate de dar todo tu esfuerzo. Tener el tiempo adecuado para el descanso físico y emocional es esencial para evitar tal desgaste. 

La mayoría de nosotros somos buenos para hacer espacio para el descanso físico. Pocos son buenos para hacer espacio para el descanso emocional. Necesitamos tener tiempo para desconectarnos del trabajo, disfrutar de momentos que nos permitan relajarnos y recargar nuestras reservas de energía.

En la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20), todos los obreros obtuvieron el mismo pago, independientemente de cuánto tiempo trabajaron durante ese día.

Para algunos, esto parece una recompensa desigual. He llegado a verlo de una manera diferente. La recompensa no fue el dinero. La recompensa fue trabajar junto al Salvador. 

Lo mismo es cierto para nosotros. La recompensa no es solo nuestro eventual resultado eterno, sino poder trabajar con el Señor cada día de nuestras vidas. Mientras más tiempo trabajemos junto a Él, mayor será la experiencia que tendremos y mejor será el aprendizaje que nos ayudará a ser más como Él.

Hacer las cosas necesarias para evitar el desgaste espiritual nos ayudará a tener la fuerza para trabajar más y más al lado del Salvador, lo que resulta en la bendición incomparable de ser Sus siervos en Su obra.

Fuente: ldsliving.com

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