8 cosas que debes considerar cuando no estás de acuerdo con los profetas

primera presidencia Presidente Nelson

Si hay una experiencia universal por la que pasan todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es que cada uno de nosotros eventualmente pasamos por un momento en el que los líderes de la Iglesia anuncian una norma, posición o declaración que contradice nuestras creencias políticas. 

Si todavía no te ha sucedido, te puedo garantizar que eventualmente pasará. Cuando esto me sucede, hay 8 cosas que considero. Son 8 formas diferentes de abordar este problema.

1. Agradezco que los profetas no siempre estén de acuerdo conmigo

Si los profetas siempre estuvieran de acuerdo con lo que pienso, entonces todas las cosas serían fáciles. Pero no se supone que lo sea. No hay crecimiento espiritual en ello.

Estoy agradecido por esa diferencia, porque me da la oportunidad de demostrar mi lealtad, de demostrarle a Dios mi voluntad de dejar a un lado mis propias predilecciones y seguir los consejos de los siervos designados por Él.

A lo largo de la historia, los siervos de Dios le han pedido a los Santos que hagan “cosas difíciles”, y pienso que esto se debe a un designio divino.

Son esos momentos en los que más maduramos espiritualmente, en los que aprendemos la humildad para dejar de lado nuestras propias preferencias y buscar la instrucción de un poder y una autoridad superiores a las nuestras.

Neal A. Maxwell enseñó:

“Hermanos y hermanas; en los meses y años venideros, las circunstancias requerirán que cada miembro decida si seguirá o no a la Primera Presidencia. A los miembros se les hará más difícil  decidir entre sus opiniones [y las de los líderes].

El presidente Marion G. Romney dijo, hace muchos años, que él “nunca dudó en seguir el consejo de las autoridades de la Iglesia, aunque se interceptara con ]su] vida social, profesional o política”. 

Esta es una doctrina difícil, pero es una doctrina particularmente esencial en una sociedad que se está volviendo cada vez más inicua.

En resumen, hermanos y hermanas, no avergonzarse del evangelio de Jesucristo incluye no avergonzarse de los profetas de Jesucristo”. –“Meeting the Challenges of Today”, Devocional de BYU, 10 de octubre de 1978.

2. El Dios que adoramos es un Ser Divino, no una ideología política

No es mi deseo anteponer mis propias ideologías políticas a la instrucción de los siervos de Dios. 

Cuando evaluamos las enseñanzas de las autoridades generales con nuestra cosmovisión ideológica (ya sea democrática, liberal, comunista o cualquier otra perspectiva), corremos el riesgo de elevar nuestras propias ideas por encima del mismo Dios.

El problema radica cuando estos pensamientos nos llevan a priorizar estas ideas sobre la revelación para nuestros tiempos.

Esto puede llevar a que nos aferremos a esta ideología con un fervor que desafía la corrección de Dios o de Sus siervos. Cuando hacemos esto, suplantamos al Dios viviente con esa ideología. 

El Dios de Israel no es un conjunto de ideas o leyes abstractas, universales e inmutables, sino un Ser vivo y dinámico que comunica instrucciones adaptadas a nuestro tiempo y situación específicos.

Los Santos de los Últimos Días pueden, y deben, ser flexibles en cuanto a sus creencias políticas y al mismo tiempo estar resueltos a seguir a Dios y Sus consejos.

3. Los profetas son atalayas en la torre

Podemos ver a los profetas como atalayas en una torre. Como explica un artículo de la Liahona:

“Los atalayas eran centinelas posicionados en un muro o en una torre con el fin de vigilar y advertir de los peligros que se acercaban a lo lejos. Se los contrataba para proteger ciudades, así como viñedos, campos o pastizales”.

Desde su posición en la torre, tienen una vista elevada que les ayuda a ver cosas que el resto de nosotros no vemos. Les permite advertirnos de los peligros cuando este aún está lejos, para que podamos prepararnos con anticipación.

Si prestamos atención a las advertencias de los profetas solo cuando nosotros también podemos ver el peligro, ¿cuál sería el sentido de la torre? El objetivo de la “torre” en la analogía es que podamos ser advertidos de peligros que no podemos ver.

Creer que somos capaces de ver o comprender los peligros antes del consejo de los líderes neutraliza todo el propósito de tener profetas, videntes y reveladores a la cabeza de la Iglesia.

Cuando damos oído a las advertencias de los “atalayas en la torre” de los peligros que no podemos ver, podemos estar protegidos y aislados de los ataques del enemigo que nos amenazan como comunidad.

Eso es parte de lo que los hace videntes.

4. Los profetas son falibles, pero esto no significa que debamos tomar a la ligera sus palabras

Presidente Nelson

Los profetas son personas imperfectas y falibles por lo que también cometen errores. El élder Dieter F. Uchtdorf enseñó:

“Ha habido veces en que los miembros o líderes de la Iglesia simplemente cometieron errores. Puede que se hayan dicho o hecho cosas que no estaban en armonía con nuestros valores, principios o doctrina.”

Sin embargo, a pesar de que los profetas son falibles, al mismo tiempo tienen un llamamiento divino. Dios y Su Hijo siempre han obrado por medio de personas imperfectas para dirigir a Su pueblo.

A pesar de esta imperfección, las personas no deberían tomar a la ligera sus palabras, sino que deberían abrir sus oídos y corazón a lo que tienen que decir. 

Esto significa tomarlos en serio cuando nos instan a hacer algo, en lugar de ignorar sus consejos solo porque sus instrucciones no se ajustan a nuestras nociones preconcebidas de lo que creemos es bueno.

5. Reconozco la falibilidad inherente de mi propia razón

Los profetas son falibles. Pueden cometer errores. Pueden tener preferencias. Y a veces pueden confundir sus propios prejuicios con inspiración, pero nosotros también.

Nuestra creencia política está tan hecha por el hombre como cualquier otra. Los elementos inspirados se mezclan con elementos no inspirados.

Debemos reconocer que también hay imperfecciones en la política y las ideologías que tengamos de ella. Hay limitaciones para la razón humana y comprender eso nos hace más humildes. 

Somos tan imperfectos como los profetas, somos humanos. Pero podemos ser guiados por el espíritu que brinda la verdad de todas las cosas y saber si estamos en el camino correcto al seguirlos.

6. Seguir al profeta no es obediencia ciega, si sabemos que son hombres de Dios

El llamamiento divino de un profeta se establece de manera diferente a la autoridad de los eruditos y expertos seculares. Los profetas no tienen un diploma que establece su mayordomía divina.

Debemos buscar la revelación personal para saber si son verdaderos profetas y apóstoles de Dios. Si continuamente buscamos la confirmación del Espíritu de que estos hombres son en verdad siervos de Dios, entonces seguir sus instrucciones no nos hace seguirlos ciegamente.

Brigham Young dijo:

“¡Qué lamentable sería que un hombre nos condujera a la destrucción total! ¿Tienen miedo de esto? Temo más que este pueblo tenga tanta confianza en sus líderes que no pregunte por sí mismo a Dios si son guiados por Él. … 

Que todo hombre y mujer sepa, por el susurro del Espíritu de Dios para sí mismo, si sus líderes están andando en el sendero que el Señor ha dictado o no”. – Brigham Young, “Journal of Discourses”, vol. IX

El presidente expresó lo que personas no creyentes habían dicho sobre los Santos. Él nos invita a no compartir los temores de estas personas, mas que teman a los que no dan oído a las enseñanzas de los profetas con la certeza que viene del Espíritu de Dios.

7. La inspiración no siempre viene acompañada de un motivo

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La mayoría de las impresiones espirituales no vienen con una razón o un porqué. 

Es posible que nos sintamos impulsados ​​a visitar a un amigo, a no abordar un avión, o pasar un tiempo en el templo, y es posible que nunca encontremos una razón para ello. Lo mismo ocurre con la inspiración recibida por los líderes de la Iglesia.

En el pasado, se ha especulado sobre las razones para cada norma y prácticas de la Iglesia, pero con el tiempo esos motivos resultaron ser incorrectos. 

No sabemos los designios de Dios, pero Él sí, por eso nos brinda Sus consejos a través de los profetas, aun cuando no entendemos la razón detrás de cada uno de ellos.

8. No podemos ver lo que hubiera sido

Es precisamente por aquello que no vemos que necesitamos profetas y apóstoles.

El presidente Heber J. Grant apoyó firmemente la Ley Seca en Estados Unidos y alentó a los Santos a votar en contra de su derogación. Sin embargo, a pesar de esto, muchos miembros votaron a favor de la derogación.

Lo que me hizo reflexionar fueron las millones de vidas y familias que han sido destruidas a causa del alcohol desde 1933, año en que se derogó la ley. 

Algunos estiman que 88,000 personas mueren cada año por causas relacionadas al alcohol. Esos números representan familias destruidas por el alcohol, niños sin padre o madre, y padres desconsolados por sus hijos.

Y esto sin contar los problemas relacionados al alcohol, como el abuso, los divorcios, la violación, la infidelidad, etc.

Es muy posible que esta sea la realidad que el presidente Grant, por inspiración, previó cuando instó a los Santos a oponerse a la derogación de la Ley Seca.

Entonces, incluso si no vemos nuestra realidad actual como un tipo de versión distópica de los eventos, esto puede deberse a lo familiar que nos resulta.

No siempre sabemos cuándo se cumplen las advertencias proféticas; podríamos pensar que es la vida normal, porque no podemos ver lo que pudo haber sido.

Y así es que cuando los videntes nos brindan su consejo, presto atención; es su misión ver lo que no vemos.

Seguir al profeta

Primera Presidencia

Creo que los Santos de los Últimos Días deberían seguir a los profetas, incluso cuando no estén de acuerdo, por estas razones y más. 

No eres un apóstata si no estás de acuerdo con la Iglesia, pero existen peligros de los que debemos estar conscientes.

Una cosa es estar en desacuerdo con la Iglesia y otra es incitar públicamente a las masas en contra de la Iglesia debido a tu posición al respecto.

La lealtad a los profetas y apóstoles no requiere que estemos de acuerdo con ellos, pero puede requerir que no busquemos activamente socavar sus proyectos e iniciativas, o que no instemos públicamente a otros a ignorarlos.

Si por alguna razón te sientes obligado a estar en desacuerdo con la Iglesia en base a tus creencias políticas, te pido que hagas un esfuerzo adicional por ser más sensible a la guía profética en todas las demás áreas de tu vida, especialmente en aquellas áreas en las que puedes estar en desacuerdo.

Por último, debemos recordar que es de esperar que los profetas digan cosas que no esperábamos, cosas que no podemos entender solo con la razón, mas sí por el espíritu, de lo contrario, ¿para qué nos daría Dios un profeta?

Fuente: Meridian Magazine

Comentarios
Excelente articulo hermanos
Orlando lopez

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