Terapeuta Santo de los Últimos Días: Mi cónyuge no desea ir a la Iglesia ni estudiar las Escrituras, ¿qué puedo hacer para ayudarle?

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“Mi cónyuge no desea ir a la Iglesia ni estudiar las Escrituras, ¿qué puedo hacer para ayudarle?”

Pregunta

He estado casada con un digno poseedor del sacerdocio por muchos años. Tenemos una hija pequeña. Pero cuando se trata de nuestros hábitos relacionados con el evangelio en nuestro hogar, siento que mi esposo no está motivado.

Él nunca inicia la oración familiar o el estudio de las Escrituras, y cuando nos preparamos para ir a la Iglesia se siente como una lucha interminable. Ambos nos molestamos e incluso sentí una vez que era mucho más fácil para mí asistir sin él.

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Tratamos de hacer nuestro estudio de las Escrituras a través de mensajes de texto porque él trabaja hasta tarde, sin embargo él no contribuye mucho. Me dijo que no ha estado haciendo su estudio personal del Evangelio. 

Me siento cada vez más sola. Como si de repente yo fuera la única que necesita el evangelio en nuestras vidas. Cada vez que trato de abordar este problema, él se pone a la defensiva y nada cambia. 

También hemos hablado con nuestro obispo, pero aún no hemos podido encontrar un punto medio. ¿Qué debo hacer?

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Respuesta

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Muchas gracias por confiarme este tema. Me agrada que describa a su esposo como un “digno poseedor del sacerdocio”. Muestra que ve su identidad divina, no su comportamiento actual.

Debe ser pesado y difícil asumir el manto del liderazgo evangélico en su hogar por su cuenta, en lugar de trabajar juntos equitativamente.

Lo cierto es que la mayoría de nosotros luchamos con nuestra dedicación al evangelio de vez en cuando.

Volverse letárgico en nuestro estudio del evangelio, la oración personal o incluso la asistencia a la capilla es un hecho muy frecuente a medida que la batalla entre la luz y la oscuridad, la rectitud y el pecado, la abstinencia y la tentación, e incluso la devoción y la apatía se desatan dentro de nosotros.

El Espíritu te guiará

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Primero lo primero, voy a darle algunos consejos generales, pero también quiero darle mi testimonio de una de las grandes promesas del Salvador. Cada vez que voy a tener una conversación delicada e importante con alguien (especialmente con alguien a quien amo), lo hago en oración.

Pido (y a veces ayuno) que el Espíritu me guíe. Para poder planificar lo que quiero decir, para ser receptivo al adaptar mis palabras, o descartarlas por completo, según me lo indique el Espíritu Santo.

En muchas ocaciones, en la terapia con mis pacientes, en la crianza de mis hijos, en la resolución de conflictos con mi esposa, en sanar amistades y relaciones familiares, cuando voy a tener una conversación (o varias conversaciones) de suma importancia, recuerdo la promesa del Señor: 

“No os preocupéis de cómo o de qué hablaréis, porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Pues no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.” -Mateo 10: 19-20

¿Cómo accedemos a ese Espíritu? Cristo mismo nos lo dijo. 

“Ni os preocupéis tampoco de antemano por lo que habéis de decir; mas atesorad constantemente en vuestras mentes las palabras de vida, y os será dado en la hora precisa la porción que le será medida a cada hombre.” -Doctrina y Convenios 84:85

Siento la impresión de decirte que no subestimes el poder de las Escrituras para abrir tu corazón y tu mente a la sabiduría de Dios. Te insto a que estudies la Palabra de Dios a través de Sus profetas, antiguos y modernos, y que busques respuestas específicas tanto para obtener apoyo y guía para ti como para ayudar a tu esposo.

Lo que hay detrás

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Muchas cosas pueden estar pasando. Quizás él realmente está demasiado atareado y cree que no tiene la capacidad mental, emocional o espiritual para involucrarse en “otra cosa más”.

Quizás esté luchando con su testimonio o se encuentra enfrentando a la oscuridad interna que acompaña al pecado (aunque sería un error asumir eso de inmediato).

Podría ser algo completamente distinto, pero nunca lo sabrás a menos que él se abra a ti, y eso no es algo que puedas controlar. Sin embargo, es algo en lo que puedes influir.

El hecho de que él no quiera hablar al respecto y se ponga de mal humor sugiere que podría ser un punto doloroso para él, y aunque puede responder a la defensiva (o retraerse) sin importar como abordes el tema, hay cosas que puedes intentar que pueden ayudarlo a abrirse.

La vulnerabilidad es la clave

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La vulnerabilidad es la clave en una relación. No se trata de sus “fallas”, o de cómo puede o no estar “decepcionándote”. Quiero decir, puede que sea en parte sobre esas cosas, pero ese no es el camino que debes seguir. La vergüenza, la culpabilidad, la desaprobación y la crítica no suelen ablandar los corazones de las personas.

Más bien, considera abordar el tema diciendo algo como: 

“Siento que hay una división entre nosotros en cuanto al tema del evangelio. No quiero que haya esa división. Quiero estar cerca de ti. Extraño eso. Extraño nuestra cercanía. Echo de menos sentir que somos compañeros.

Deseo saber cómo he contribuido a esa división, y te pido que por tu parte también hagas lo mismo. Pase lo que pase, estoy aquí para ayudarte. Incluso si te resulta difícil hablar, estoy aquí para ti.

No puedo prometerte que no me sentiré lastimada, pero puedo prometerte que agradeceré tu honestidad, eso nos ayudará a confiar el uno en el otro. ¿Estarías dispuesto a decirme qué te pasa y cómo puedo ayudarte?”

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No tiene que ser esas palabras. Puedes usar las tuyas. He visto que este tipo de vulnerabilidad funciona para muchas personas en situaciones similares.

Nuevamente, si buscas al Espíritu, este podrá guiarte en ese momento y a tu esposo en su receptividad. Si el Espíritu Santo te dirige en una dirección diferente, hazle caso, sin embargo en muchos casos apoyará una manera similar a la que acabo de sugerir.

Cómo avanzar desde ese punto depende de lo que diga tu esposo. Hay demasiadas variaciones y posibilidades, pero te digo que las criticas jamás harán que las personas vuelvan a la actividad de la Iglesia. Vuelven con amor.

¿Y si nunca vuelve a sentir ese fuego de la fe? Cómo sobrellevar eso dependerá de ustedes dos, pero permanecer cerca del Padre, Su Hijo y el Espíritu Santo, junto con la práctica del amor, el perdón, la compasión y la rectitud personal, los ayudará en el camino.

Dios los bendiga a los dos. Espero que esto te ayude.

Fuente: ldsliving.com

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