Hay cosas que entendemos demasiado tarde. 

Cuando somos niños, damos por hecho muchas cosas. Pensamos que nuestra mamá simplemente “está ahí”. Preparando comida, resolviendo problemas, despertándose temprano, preguntándonos cómo nos fue, esperando despierta cuando llegamos tarde o tratando de mantener la calma incluso cuando ella también estaba cansada.

Y aunque pasamos años escuchando que las madres hacen mucho por sus hijos, pocas veces dimensionamos lo que realmente significa sostener una familia mientras también se intenta sostener el corazón.

Con el tiempo, muchos empezamos a mirar hacia atrás y pensar en frases que nunca dijimos. Momentos donde quizá nuestra mamá necesitaba más cariño, más paciencia o simplemente escuchar que estaba haciendo las cosas mejor de lo que creía.

Porque cuando crecemos, comenzamos a ver a nuestra mamá como una persona completa y no solamente como “mamá”.

Nunca vimos todo lo que cargaba en silencio

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Cuando éramos pequeños, probablemente pensamos que nuestra mamá sabía resolverlo todo, que siempre tenía respuestas y que era fuerte porque sí. Pero crecer también significa descubrir que muchas veces ella estaba aprendiendo mientras avanzaba.

Había días donde seguramente lloró sin que nos diéramos cuenta. Días donde se preguntó si estaba educando bien, si estaba siendo suficiente o si sus hijos algún día entenderían cuánto los amaba.

Y aun así preparó loncheras mientras estaba agotada y oró por sus hijos aunque nadie la escuchara. Ella siguió creyendo en nosotros incluso en momentos donde nosotros mismos no lo hacíamos.

Muchas madres pasan años entregando tanto de sí mismas que terminan olvidando quiénes eran antes de cuidar a todos los demás. Una de las cosas que más nos hubiera gustado decirles es esta:

“Gracias por seguir intentándolo incluso en tus días difíciles”.

A veces pensamos que ellas siempre estarán ahí

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Hay conversaciones que creemos que podremos tener después de crecer un poco más, pero la vida avanza rápido y muchas veces el cariño se queda atrapado en pensamientos que nunca salen de la boca.

Por eso, cuando llega el Día de la Madre, tantas personas sienten ganas de agradecer cosas que nunca supieron expresar bien.

Nuestra mamá nunca necesitó regalos perfectos, ella necesitaba escuchar que sí notábamos sus esfuerzos. El amor más profundo está en detalles pequeños que recién valoramos años después.

Por ejemplo el mensaje que enviaba preguntando si llegamos bien, la ropa doblada encima de la cama, las oraciones silenciosas y las veces que fingió estar tranquila para no preocuparnos.

Y quizá por eso una frase tan simple puede tener tanto peso:

“Mamá, ahora entiendo un poco más todo lo que hiciste por mí”.

Las madres también necesitan sentirse amadas

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Dentro de la Iglesia hablamos mucho sobre el servicio de las madres. El presidente Russell M. Nelson enseñó que no hay rol en la vida más esencial que el de la maternidad.

Pero a veces admiramos tanto la fortaleza de las madres que olvidamos que ellas también necesitan apoyo.

Hay madres que sienten presión por ser espiritualmente fuertes todo el tiempo. O por mantener a la familia unida incluso cuando ellas mismas están agotadas. 

Aunque muchas veces sonrían y sigan adelante, también hay momentos donde necesitan que alguien les recuerde que están haciendo más de lo que creen.

Jesucristo mismo mostró una sensibilidad especial hacia quienes cuidaban y servían a otros. Él veía a las personas más allá de lo que hacían por los demás. Veía sus cargas personales.

Nosotros también necesitamos aprender a mirar así a nuestras madres.

Cosas que hoy desearíamos decir más seguido

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Hay personas que todavía pueden abrazar a su mamá hoy, otras la extrañan profundamente. Algunas tienen relaciones cercanas. Otras están intentando sanar heridas difíciles.

Pero aun en historias distintas, hay deseos que suelen repetirse.

Decir “te amo” más seguido, tener conversaciones más honestas y preguntar cómo se siente ella. Porque llega una etapa donde entendemos que nuestra mamá también fue joven alguna vez, que tuvo miedo y que también necesitó que alguien la abrazara.

Por eso, quizá uno de los regalos más sinceros que podemos dar hoy es presencia real y decirle cosas que tal vez llevamos años guardando.

Cosas que deseamos para mamá

luz de las naciones 2024, madre e hijo
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Más que un regalo bonito o una publicación en redes sociales, es importante que recuerden que su valor nunca dependió de hacer todo perfecto.

Dentro del Evangelio, creemos en un Dios que trabaja con mujeres reales y madres reales.

Es importante mirar a mamá con más gratitud y más paciencia. Mientras crecíamos, probablemente hubo muchas cosas que ella quiso darnos y no supo cómo explicar y ahora que entendemos un poco más la vida, nosotros también tenemos que decirle:

“Gracias por amarnos incluso mientras tú también estabas aprendiendo a seguir adelante”.

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