OPINIÓN: La alarmante verdad detrás de la película “Cuties”

cuties Netflix

Terapeuta y crítico de cine Santo de los Últimos Días comparte la alarmante verdad detrás de la película “Cuties” y lo que significa para los padres, hombre y mujeres jóvenes de hoy.

Digo lo siguiente para proporcionar un contexto en cuanto a mi punto de vista, no para jactarme. Asimismo, comparto mi opinión como terapeuta profesional y como crítico de cine.

Como terapeuta de parejas y familias, tengo un sólido conocimiento sobre lo que es una sexualidad sana y relaciones sanas. Como estudiante de psicología, tengo conocimiento en cuanto al desarrollo cognitivo de niños y adolescentes. Pasé cuatro años trabajando con pacientes que eran culpables de delitos sexuales contra menores. Entiendo gran parte de cómo funcionan sus mentes.

Como crítico de cine, he realizado cientos de reseñas para canales de televisión e Internet, llegando a cientos de miles de personas. He estudiado cine como una pasión personal toda mi vida. Tengo muchos amigos cercanos que trabajan en la industria cinematográfica. Entonces, aunque de ninguna manera soy un experto en nada de esto, tengo una idea de lo que estoy hablando.

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No creo que la directora de “Cuties”, Maïmouna Doucouré, pretendiera explotar a las jovencitas y crear un contenido que limita con la pornografía infantil con su película “Mignonnes”, título original de la película en francés. Pero creo que eso es exactamente lo que sucedió, y ella debería tomar responsabilidad de la mayor parte de eso, pero no del todo.

Algo que sé sobre la comunicación humana es que a menudo existe una brecha entre la intención y el resultado. A veces esa brecha es un abismo. Nuestro mensaje comienza como queremos en nuestra mente, pero puede parecer o sonar diferente cuando tratamos de comunicarlo.

Nuestra audiencia recibe nuestro mensaje no con una alineación perfecta de nuestras intenciones, sino con sus propias percepciones, prejuicios, esperanzas, inseguridades y temores.

Nuestro mensaje pasa por sus filtros. También puede pasar por filtros más deliberados y nefastos con el fin de moldear, controlar o alterar el contenido una vez que sale al público.

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Una cosa que descubrí al intentar cerrar la brecha entre mi amor por las películas y mi propia cultura religiosa, la cual es especialmente cautelosa y sensible a los medios populares, es que el contexto del contenido es importante.

Por ejemplo, los consumidores se preocupan por el potencial de la violencia en las películas que puede mitigar nuestra compasión, haciéndonos más agresivos o motivarnos a la violencia en la vida real.

Pero cuando vi “La lista de Schindler”, la brutalidad inquebrantable de los nazis y la creciente compasión y valor de Oskar para actuar realmente me motivaron a ser un mejor hombre. De ninguna manera esa interpretación mitigó mi compasión o me hizo más agresivo. Me conmovió. Fue intencional. El contexto del contenido era importante.

Dicho esto, una vez que una obra de arte o entretenimiento sale de las manos de los artistas a las del público, ya no es de ellos. Ahora interactúa con su audiencia, la cual le aportará sus propias percepciones, experiencias y emociones. Significará cosas diferentes para diferentes personas.

A esto se le llama “la muerte del artista”, en la que la obra ahora pertenece al público. Quizás no legalmente, pero cultural y personalmente. Cualesquiera que sean las intenciones originales del artista, el arte ahora le pertenece a las personas, que determinarán lo que significa y representa, sin importar cuántos comentarios del director aparezcan en el material adicional de un DVD.

En 1994, el director Oliver Stone produjo “Asesinos por naturaleza”, una historia muy violenta sobre unos asesinos en serie que se enamoran. Tenía la intención de ser una sátira, centrándose en la adoración de la violencia en los Estados Unidos y los terribles vicios de la gente.

Stone tenía la intención de hacer pensar al público y cuestionar sus propias obsesiones malsanas. Pero una pareja de adolescentes afirmó que la película los inspiró para emprender una ola de crímenes y asesinatos, exactamente lo contrario de lo que Stone pretendía.

Se podría discutir sobre lo que es “de buen gusto” o “esencial para la historia” de manera infinita. Incluso si se consideran temas como la intimidad. Converso abiertamente con las parejas sobre su vida sexual todos los días por motivos de trabajo.

Sé que la sexualidad es parte de nuestra humanidad. Pero lo que no se puede negar es que una vez que cierta película u obra sale al público, las personas la verán desde su propia perspectiva, una que a menudo es desagradable.

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Halle Berry y Billy Bob Thorton interpretaron una escena de sexo bastante gráfica para la película “El pasado nos condena”, película que en el 2002 la hizo ganar un Oscar. No he visto la película, pero leí sobre ella y conversé con quienes la vieron.

En el contexto de la película, la escena trata de dos padres solteros en duelo que se aferran el uno al otro en busca de consuelo y apoyo emocional después de la muerte de sus hijos.

Se trata de un hombre que supera su racismo para amar a una mujer de color. Se trata de una mujer que encuentra esperanza y consuelo en los brazos de alguien que se vuelve más sensible y compasivo.

Bueno o malo, de acuerdo o en desacuerdo con la inclusión de la escena, esa era la intención de los narradores. Les daré el beneficio de la duda al respecto. Conozco personas que han visto la película que dicen que el momento ni siquiera es sensual dentro del contexto, porque era crudo y desgarrador. Estoy seguro de que otros no estarían de acuerdo.

Pero los sitios de pornografía han tomado esa escena, sin el contexto de la película original, y la han publicado en sus sitios para atraer y provocar a los espectadores. No se trata del personaje de Berry, su trayecto emocional o la poderosa actuación de la actriz. Se trata de “tenemos a Halle Berry desnuda en nuestro sitio, ven a verlo”. 

La “muerte del artista” significa que los espectadores ven el arte como desean verlo, y muchos lo ven en términos tan vulgares, degradantes y deshumanizantes.

Y así sucesivamente pasa con cientos (miles) de películas y programas cuyos artistas pueden haber tenido otra intención en el mejor de los casos, pero su arte fue totalmente arrebatado. Sin mencionar los innumerables casos donde sabían exactamente lo que estaban haciendo y lo que pasaría y que lo lograron de todos modos. Lo que me lleva a “Cuties”.

Estoy dispuesto a creer que la directora primeriza, Maïmouna Doucouré, se basó, como ella afirma, en sus propias experiencias para crear una crítica feminista de la hipersexualización de las mujeres en los medios de comunicación de nuestra sociedad, su juicio sobre las mujeres en función de su atractivo sexual y los impactos negativos que todo esto tiene en las jóvenes que no lo entienden del todo, pero que aprovechan para recibir aceptación y atención.

He leído críticas de críticos que dicen que, en el contexto de la película, las escenas de las niñas que muestran demasiada piel y twerking en el escenario son deliberadamente perturbadoras, como una llamada de atención para los espectadores y una advertencia a lo que les estamos haciendo a nuestros hijos con nuestra cultura enfocada en el sexo. 

Está destinada a hacernos entrar en razón, tal como la violencia en “La lista de Schindler”.

Una mirada al póster francés de la película (a la izquierda) y al póster estadounidense de la película (a la derecha) muestra la diferencia entre la intención del artista y las sórdidas ideas del equipo de marketing de Netflix. La directora estaba mortificada, criticó, como cualquier otra persona, sobre cómo se comercializaba su película, y Netflix se disculpó.

Pero realmente, ¿qué esperaba Doucouré? La “muerte del artista” ocurrió incluso antes del estreno de la película, ya que otros tomaron su trabajo y lo pervirtieron desde el principio, promocionando la película como el sueño ideal de un pedófilo. Netflix generó controversia y ha fracasado a lo grande, ya que los suscriptores están abandonando el barco a un ritmo alarmante.

En cuanto a Doucouré, no está libre de culpa. Independientemente de sus intenciones, puso a las niñas menores de edad en trajes diminutos y les pidió que realizaran pasos de baile sexualizados.

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Claro, millones de críticos y amantes del cine como un arte pueden ver su película y apreciar su mensaje tal como ella lo pretendía y deseaba, que quedarán perturbados ante la situación. Pero millones más aislarán los momentos “sensuales” para avivar su depravada lujuria. 

No lo verán como una crítica a una cultura obsesionada con el sexo, como tampoco lo vieron los dos adolescentes de los 90 que vieron a “Asesinos por naturaleza” como una crítica a su amor por la violencia.

Simplemente será el combustible para el fuego de sus fantasías perversas, inmorales y atroces. No todos actuarán sobre estas fantasías en el mundo real. Pero algunos lo harán. No culpo a la cultura pop por el comportamiento humano, pero la vida puede imitar al arte y viceversa.

Lo que hace que la película de Doucourés sea imperdonable es que fue lo suficientemente ingenua y arrogante como para pensar que el bien potencial que podía hacer su arte era mayor que el daño potencial que podría causar.

Las actrices menores de edad de “Cuties” no pueden comprender lo que causan sus actuaciones provocativas en ciertas personas. No pueden entender que los pervertidos ahora saben quiénes son y cómo se ven con muy poca ropa.

No pueden predecir cómo afectará esta película a sus vidas en los próximos años. ¿Pensarán en esto cuando sean mayores y se sentirán devastadas porque fueron convencidas o se les permitió hacer esto? ¿Sentirán que fueron utilizadas y que eran demasiado jóvenes para dar un verdadero consentimiento?

Maïmouna Doucouré puede ser una adicta a la pornografía infantil, como parece pensar mucha gente. Pero personalmente, no creo que lo sea. Sin embargo, hay una arrogancia e ingenuidad al pensar que porque es arte y las intenciones son buenas, debe estar bien. Se puede argumentar a favor de esa filosofía cuando se trata de artistas adultos que pueden dar su consentimiento, pero no con niños. Nunca.

Al tratar de exponer y criticar nuestra sociedad sobreexualizada, Doucouré contribuyó a ello. Como Obi-Wan le dijo a Anakin: “Te has convertido en aquello que buscabas destruir”.

manos

Netflix, como una biblioteca pública, tienen todo tipo de material y puedo elegir lo que más me conviene. Asimismo, cualquier cine, tienda de videos o biblioteca tendrá tanto películas que atesoro así como material que encuentro ofensivo. No hay razón para cerrar ninguno de ellos; es mejor apoyar las cosas buenas.

Pero una película como “Cuties”, con tanto potencial para dañar a los inocentes, que puede ser explotada por espectadores con motivos menos que puros, con actrices menores de edad que no pueden entender completamente lo que estaban haciendo, me da mucho que pensar. 

La campaña publicitaria de Netflix mostró que, sean cuales sean los motivos de la cineasta, su arte es un arma cargada y Netflix no tiene problemas para disparar. Así que sí, en lo personal, cancelaré mi cuenta de Netflix. Quizás no exactamente por las mismas razones que otros. Pero lo suficientemente cerca. Es una pena. Realmente amaba Stranger Things.

Fuente: thirdhour.org

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