Durante la conferencia general de 2014, el Élder David F. Evans, Setenta Autoridad General, tuvo la oportunidad de ofrecer la oración al inicio de la sesión del domingo por la tarde. Ante miles de personas en el centro de conferencias y otras, viéndolo y escuchándolo en todo el mundo, el Élder David F. Evans dijo “nos sentimos muy agradecidos por esta oportunidad de tener fe en nuestra fortaleza.”

Y, así de rápido, como se dio cuenta cuando uno de sus ex misioneros le envió un mensaje por Facebook. Más tarde, ese día, se convirtió en un meme.

Poco después, el Élder David F. Evans tuvo una reunión en la sede de La Iglesia, que incluyó al Élder David A. Bednar del Quórum de los Doce Apóstoles. El Élder Bednar le dijo que debía escribir un mensaje sobre lo que oró. “La gramática es incorrecta,” le dijo el apóstol, “pero, la idea es correcta. A menudo, necesitamos ‘tener fe en nuestra fortaleza’ para que nos convirtamos en lo que Dios siempre deseó.”

El discurso que el Élder David F. Evans dio en la devocional organizada en BYU- Hawái, el 25 de setiembre, es ese mismo mensaje.

Mientras observaba a la audiencia de estudiantes reunidos en el Centro de Actividades George Q. Cannon, les dijo que poseían muchas fortalezas: inteligencia, diligencia, disciplina personal en los estudios, fe y más. “Con cada una de estas fortalezas llegan las tentaciones de hacer mal uso de los mismos dones o fortalezas que Dios nos dio,”  dijo el Élder David F. Evans.

Se centró en las tres maneras de “tener fe” en las fortalezas.

  1. Ministrar

La excelencia académica y el logro de objetivos financieros y de otro tipo, pueden ir acompañados de una de dos respuestas, dijo el Élder David F. Evans. “(Ya sea) una sensación de gratitud cada vez mayor por las bendiciones de Dios en nuestras vidas, o, en muchos casos, una sensación de orgullo ‘lo logré,’ junto con la separación gradual de Dios y el Espíritu.”

Con mucha frecuencia, una persona que ha alcanzado grandes cosas se convence de que es completamente autosuficiente y de que lo logró sin las bendiciones, la ayuda o la guía de Dios.

David F. Evans

El Élder David F. Evans dando la mano a un estudiante de BYU-Hawái.

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“Si no nos aseguramos de reconocer a Dios, tener humildad y prestar servicio, las fortalezas de la diligencia, el enfoque, la educación y los logros vendrán con la consecuencia y el costo involuntarios de una menor empatía y preocupación por los demás, el excesivo enfoque en el desarrollo personal e incluso, el egoísmo,” advirtió el Élder David F. Evans. “Esta vida es mucho más que eso.”

Para oponerse a la tentación de llegar a ser egoístas, el Élder David F. Evans dijo que uno debe cumplir estos dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo. Esto se puede alcanzar a través de la ministración. El acto más importante de la ministración es ayudar a los demás a construir y preservar la fe.

“Puedes ayudar a un amigo a mantenerse centrado en el Evangelio y profundizar su fe en el Salvador y Su evangelio restaurado. Puedes ser el amigo que ayude a alguien a resolver sus preguntas personales sobre La Iglesia o el Evangelio, todo el tiempo manteniéndote activo, guardando tus convenios, leyendo diariamente el Libro de Mormón y continuar orando.”

  1. Servir en una misión

El Élder David F. Evans explicó que esta generación actual se centra más en el servicio a la comunidad y ayudar a los necesitados, que cualquier otra generación de la que tenga conocimiento. Como estudiantes, este es el tiempo para aprender a amar a Dios y a sus semejantes, y guardar los mandamientos de Dios.

“Uno de los mandamientos del Señor es para los hombres jóvenes capaces y dignos de calificar para el sacerdocio de Melquisedec, recibir su investidura y luego, salir y servir a Dios como uno de los misioneros del Señor,” dijo el Élder David F. Evans. Si bien, las mujeres jóvenes no tienen la misma responsabilidad del sacerdocio que los hombres jóvenes de servir en una misión, también se les anima a contribuir como misioneras.

David F. Evans

El Élder David F. Evans, Setenta Autoridad General, a la izquierda, caminando hacia el Centro de Actividades George Q. Cannon con el presidente de BYU-Hawái, John S. Tanner, en el centro, y su esposa, la hermana Susan W. Tanner, la segunda desde la izquierda.

“Para aceptar el llamado a servir, necesitarás agregar fe a tus fortalezas y objetivos académicos. Necesitarás la fe para saber que no solo el servicio a la comunidad que eliges es lo que valora el Señor,” dijo el Élder David F. Evans. “Sino que, en este momento de tu vida, necesitarás ser lo suficientemente humilde para aceptar Su llamado a servir en algún lugar del mundo, de la manera en que Él elija.”

“Para aceptar el llamado a servir, tendrán que estar dispuestos a sacrificar algunas oportunidades,” dijo. Pero, agregó, “lo que les puedo prometer es que si son fieles ahora y después de su misión, Dios recompensará su obediencia, fe, preparación y trabajo con una misión que influenciará todo lo que hagan en su vida, para siempre.”

  1. Volver a casa

Muchos de los estudiantes de BYU-Hawái son de diferentes partes del mundo. Asistir a una universidad de La Iglesia les ha ofrecido oportunidades educativas que probablemente no están disponibles en sus países natales.

“El Señor les ha dado estas bendiciones extraordinarias para que puedan aprender y luego, regresar y edificar Su Iglesia en el lugar en que Él les dio la vida, la cultura, el idioma y la nacionalidad,” explicó el Élder David F. Evans.

Algunos estudiantes compartieron su preocupación de regresar a casa y no encontrar oportunidades para ellos. El Élder David F. Evans se reunió con muchos graduados de BUY-Hawái que culminaron sus estudios y luego, regresaron a casa. En una serie de cuatro videos que presentó a la audiencia, Tserennyam Kukhbaatar de Mongolia, Jackie Chan de Hong Kong, Samnang Sea de Camboya y Sesi Liningsih Suryono de Indonesia explicaron las dificultades de regresar a sus países natales para construir sus vidas y familias, y las razones por las que lo hicieron.

David F. Evans

El Élder David F. Evans dando la mano a una estudiante de BYU-Hawái.

“Pensé mucho sobre lo que podría decir después de escuchar a estos maravillosos graduados de BYU-Hawái que regresaron a casa,” dijo el Élder David F. Evans. “La única motivación común para contactarlos fue la impresión del Espíritu de que Dios deseaba que regresaran a casa y ayudaran a construir Su Iglesia ahí.”

Cada una de estas personas, debió “tener fe” en sus fortalezas para comprometerse a regresar a sus países natales. Se puede decir lo mismo con respecto a los estudiantes actuales de BYU-Hawái, dijo el Élder David F. Evans.

“Mi testimonio es que Dios, nuestro Padre Celestial, los ama, desea que añadan fe a los dones y las fortalezas que Él les ha dado y que regresen a casa y ahí, se reúnan con los demás a medida que contribuyen con la edificación de Su Iglesia y expanden el Evangelio en su país.”

Con la fe sumada a las fortalezas y a medida que elijan seguir a Dios en todas las cosas, “les aseguro que Él los guiará a donde ustedes no pueden ver ahora, pero Él sí,” testificó el Élder David F. Evans. “A medida que miren hacia atrás en sus vidas, se sentirán agradecidos de que Él los haya guiado a hacer esas cosas que Él siempre supo que quisieron hacer. Esto requerirá fe, más fe, y más humildad, pero será maravilloso.”

Artículo originalmente escrito por Valerie Johnson y publicado en ldschurchnews.com con el título “The blooper in general conference that turned into this powerful message.”