Es probable que muchos hayamos escuchado una idea muy común dentro de la Iglesia: mientras más ocupado estés sirviendo, más fiel eres.

Y, siendo sinceros, no es difícil llegar a esa conclusión. Si pasas el domingo de reunión en reunión, preparando clases, coordinando actividades, resolviendo problemas del barrio o cumpliendo con varios llamamientos, pareciera que estás viviendo el día de reposo de la mejor manera posible.

Después de todo, ¿qué podría ser más «santo» que servir al Señor? Sin embargo, aunque yo también he creído en esa idea, hace un tiempo vino una pregunta a mi mente: ¿es posible que el exceso de servicio me impida vivir plenamente el día de reposo?

Cuando el servicio reemplaza la adoración

Imagen: masfe.org

No hay duda de que servir en la Iglesia es parte de lo que hacen los buenos seguidores de Jesucristo ya que Él mismo dedicó Su vida a servir a los demás y nos enseñó que quien quiera ser grande debe convertirse en servidor (Mateo 20:26-27).

El problema es que muchos malinterpretamos esa enseñanza y comenzamos a medir nuestra espiritualidad únicamente por cuánto servimos y, sin darnos cuenta, podemos caer en la idea de que el domingo es una «carrera para cumplir responsabilidades».

Terminamos una reunión y ya estamos pensando en la siguiente. Salimos de una clase para preparar otra. Atendemos asuntos administrativos, respondemos mensajes, organizamos actividades y, cuando finalmente termina el día, llegamos a casa agotados.

Lo más irónico es que el día de reposo se hizo para ayudarnos a recargar energías, así que vale la pena preguntarse: ¿realmente descansó nuestra alma?

Porque una cosa es servir al Señor y otra muy distinta es vivir tan ocupados haciendo cosas para Él que ya no tenemos tiempo para estar con Él.

El día de reposo no es una competencia

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En ocasiones pareciera que en el domingo hay una gran competencia.

Hay quienes creen que tener varios llamamientos es señal de una mayor consagración. Otros sienten culpa cuando no aceptan responsabilidades adicionales o cuando necesitan descansar.

Incluso algunos llegan a pensar que dedicar tiempo a otras actividades personales durante el domingo significa que están haciendo «menos» por el reino de Dios. Pero las Escrituras nunca presentan el día de reposo como una competencia para favorecer a quién sirve más.

Cuando el Señor estableció el mandamiento del día de reposo, enseñó que debía ser un día diferente y apartado para Él. En el Antiguo Testamento incluso ordenó que descansaran no solo las personas, sino también los siervos, los animales y toda la comunidad.

«Mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas».

El propósito de Dios con este mandamiento nunca fue llenar la agenda de actividades que nos mantengan turbados con otro tipo de trabajo.

A veces el llamamiento puede robarnos lo más importante

Imagen: masfe.org

Quizá la parte más difícil de admitir es que un llamamiento también puede convertirse en una distracción espiritual. No porque el llamamiento sea malo, sino porque a veces dejamos que ese llamamiento ocupe un lugar mayor del que debe ocupar.

¿Cuántas veces llegamos a casa tan cansados después de cumplir nuestras responsabilidades que ya no tenemos ánimo para leer las Escrituras con la familia?

¿Cuántas veces nuestros hijos sienten que todo reciben nuestro tiempo menos ellos?

¿Cuántas veces terminamos el domingo habiendo hablado con decenas de personas en la Iglesia, pero sin haber tenido un momento tranquilo para orar sinceramente?

Esa es una paradoja en la que debemos reflexionar. Podemos pasar todo el día haciendo cosas relacionadas con la Iglesia y aun así haber descuidado nuestra relación personal con Jesucristo.

El Señor no nos pidió estar ocupados todo el domingo

Imagen: masfe.org

Hay una diferencia entre estar ocupado y estar consagrado en la obra de Dios. Estar consagrado llena tu corazón y estar ocupado solo llena el calendario.

A veces creemos que decir «sí» a cada responsabilidad demuestra mayor fe, cuando quizá también sea un acto de fe reconocer nuestros límites y reservar tiempo para aquello que el Señor también considera sagrado: nuestra familia, nuestra adoración personal y nuestro descanso espiritual.

No deberíamos sentir culpa por sentarnos a conversar con nuestra familia un domingo por la tarde, ni por leer las Escrituras sin ninguna asignación ni por caminar con nuestro cónyuge mientras hablamos del evangelio.

Todo eso también forma parte de santificar el día de reposo.

Descansar también es un acto de fe

Imagen: masfe.org

Jesucristo hizo una invitación que muchas veces pasamos por alto:

«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar».

Ese descanso no es únicamente físico, sino que es el descanso del alma. Y, curiosamente, podemos perderlo incluso mientras hacemos muchas cosas buenas. El verdadero propósito del día de reposo es recordar a quién pertenecemos. Si nuestros llamamientos nos ayudan a acercarnos más al Salvador, entonces están cumpliendo su propósito.

Pero si terminamos tan absorbidos por ellos que ya no encontramos tiempo para nuestra familia o para nuestra relación con Dios, quizá sea momento de detenernos y recordar que el día de reposo no se trata de quién hace más sino de quién permite que Cristo renueve su alma.

Fuente: addfaith.org

Video relacionado

También te puede interesar