Hace muchos años, cuando mi esposa y yo éramos estudiantes, teníamos una familia pequeña y pocos ingresos a nuestra disposición. Teníamos un carro que tenía el parabrisas rajado, la rajadura no era tan grave, pero como soy algo perfeccionista me molestó. La solución a largo plazo era reemplazar el parabrisas, que no estaba en el presupuesto. 

Viví con el parabrisas roto durante un par de años hasta que finalmente ahorramos lo suficiente como para reemplazarlo. El nuevo parabrisas era perfecto, y estaba demasiado feliz de deshacerme de esa falla antiestética.

Aproximadamente una semana después, me encontraba conduciendo por la autopista cuando pasé junto a un camión grande, la acción levantó una roca que cayó directamente sobre mi parabrisas. Dejó una gran grieta.

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¡Estaba enfadado! Pensé para mí mismo, e incluso abiertamente para nuestro Padre Celestial: 

“¿Es en serio? ¿No podría haberse evitado esto? ¿Qué tan difícil hubiera sido que esa roca no fuera a mi auto? ¿O que el Espíritu me haya inspirado a cambiar de carril? O, incluso, si esta roca era parte de algún plan eterno para mi crecimiento, ¿por qué no me sucedió una semana antes cuando todavía tenía mi parabrisas roto?”

Ahora, con 20 años de retrospectiva, me doy cuenta de que mis quejas eran algo mezquinas. Pero sí hace que uno cuestione el tiempo del Señor y nuestras pruebas. ¿Alguna vez has sentido lo mismo? 

Tal vez te estés esforzando por hacer lo correcto, dando de toda tu energía en el llamamiento que posees, pero luego las cosas salen mal. A veces tales desafíos parecen castigos debido a su tiempo. 

Si estuviéramos robando bancos o vendiendo drogas y luego terminásemos en la cárcel, podríamos suponer con toda razón que tal consecuencia puede ser el resultado natural de nuestras malas decisiones.

Pero cuando estamos pagando nuestros diezmos, aceptando la asignación para hablar en la reunión sacramental y acompañando a los misioneros en sus citas y de pronto el auto se descompone, podríamos preguntarnos: “¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer esto?”

viuda de Sarepta

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Me encanta la historia de la viuda de Sarepta encontrada en 1 Reyes 17. Era un tiempo de sequía, creando circunstancias desesperadas entre la gente. El profeta Elías también se vio afectado y en necesidad de alimento.

El Señor le ordenó que fuera a Sarepta, una de las regiones afectadas, y le pidiera ayuda a una mujer viuda. Elías encontró a la mujer y le pidió algo de beber; ella obedeció y le dio un vaso con agua. Luego le pidió un pedazo de pan. La respuesta de la viuda fue sincera y desgarradora:

“Vive Jehová, Dios tuyo, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja y un poco de aceite en una vasija; y he aquí que ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos y nos muramos.” (1 Reyes 17:12).

En otras palabras, “Lo siento, Elías. Mi hijo y yo estamos al borde de la inanición y sólo nos queda la suficiente comida para nuestra última comida. Vamos a comer y luego moriremos de hambre.” 

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Elías le pidió a la mujer que tomara sus últimos alimentos restantes y le preparara un poco de pan. Luego le prometió que, si lo hacía, su suministro de alimentos no se agotaría hasta que se terminara la sequía.

Durante mucho tiempo me he preguntado por qué el Señor envió a Elías a esa mujer en particular. Si la meta era alimentar a Elías, ¿acaso el Señor no tenía más opciones? 

Pudo haber terminado la sequía. Él pudo haber hecho que llueva pan del cielo como lo había hecho en el pasado. Pudo haber enviado a Elías a una persona acaudalada de Sarepta que tal vez tenía pan de sobra. Pero en cambio, lo envió a una madre viuda pobre que probablemente estaba en uno de los momentos más desesperados de su vida.

Sabemos cómo termina la historia, la mujer fiel siguió la guía de Elías y lo alimentó primero. Los milagros vinieron: 

“Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías.” (1 Reyes 17:16). 

La mujer y su hijo se salvaron milagrosamente de la sequía mortal.

Estoy seguro de que la viuda probablemente se preguntó por qué había sido elegida, de entre tantas, para que pasase por ese desafío en particular. 

Podemos tener las mismas preocupaciones cuando las dificultades nos golpean. Podemos preguntarnos por qué hemos sido llamados a pasar por esas pruebas, especialmente en momentos inoportunos. 

¿Por qué se te pide que ores en público cuando tus síntomas de ansiedad son particularmente altos? ¿Por qué se te pide que prestes servicio en un refugio para personas sin hogar cuando estás tan deprimido que apenas puedes levantarte de la cama? ¿Por qué se te piden que compartas tu testimonio cuando acabas de leer algo que sacudió el fundamento de tus creencias?

Como en la mayoría de las intervenciones celestiales en nuestras vidas, el tiempo lo es todo. El Señor ejecuta Su increíble plan con una precisión asombrosa. Aquí hay dos verdades del Evangelio que pueden ayudarnos a comprender mejor por qué Su sincronización perfecta a veces nos parece extraña.

1. Estamos aquí para ser probados

La mayoría de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días están familiarizados con el concepto de que esta vida es una época de prueba. 

La mayoría de nosotros no nos quejamos demasiado cuando las pruebas son fáciles, pero cuando las pruebas son difíciles, tendemos a mirar al cielo y decir: “¿Por qué a mí, Señor? ¿Acaso no he sido obediente? ¿Qué he hecho para merecer esta mala suerte?”

Nuestro Padre Celestial, siendo siempre paciente, probablemente sólo sonríe y nos dice que nos mantengamos fieles. Pablo le instruyó a los hebreos:

“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe como hijo.” (Hebreos 12: 6).

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La sabiduría común sugiere que el castigo proviene del odio y que los azotes son un signo de rechazo. Sin embargo, en la perspectiva del Señor, el castigo proviene del amor y el azote indica aceptación. Esta doctrina subraya muchos de los ejemplos bíblicos de hombres y mujeres fieles que soportaron grandes pruebas.

Algunos podrían decir que estas personas fueron llamadas a soportar tales pruebas a pesar de su fidelidad. Yo diría que fueron llamados a soportar tales pruebas debido a su fidelidad. De hecho, creo que cuanto más fieles somos, más pruebas y desafíos probablemente soportemos.

Esto es parte de un proceso de refinación que en última instancia resultará en que nos volvamos como el Salvador. En pocas palabras, aquellos que expresen el deseo de ser más como Jesús serán sometidos al fuego refinador que les ayudará a alcanzar su objetivo.

2. Las más grandes pruebas involucran circunstancias extremas

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Cuando estaba en la universidad, llevé un curso de levantamiento de pesas. Uno de los exámenes prácticos fue determinar nuestro “máximo rendimiento” en cualquier ejercicio dado. Ya sea que se tratara de press de banca, flexión de brazos o cualquier otro ejercicio, la prueba consistía en ver cuánto podíamos levantar en una sola repetición.

Recuerdo que mis brazos temblaban mientras me esforzaba por levantar el peso máximo, lo que representaba mi mejor marca personal. Hubo pesos más pequeños que fácilmente podía haber levantado varias veces, pero esa no era la prueba. La prueba era para determinar mis límites. de 

¿De qué era capaz cuando realmente era llevado a mi máximo límite?

Abraham registró que uno de los propósitos de la creación de la tierra era proporcionar un tiempo y un lugar para que se nos pusiese a prueba.

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“Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar; y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare.” (Abraham 3: 24-25).

Observa cómo no se nos dice que se comprobará que hagamos algunas de las cosas que el Señor nos ordena. Se nos dice que se comprobará que hagamos todas las cosas que el Señor nos manda. 

¿Por qué el Señor manda a que las viudas hambrientas compartan su última comida? ¿Por qué le pide a los miembros con ansiedad que hagan algo que creen podría causarles un ataque de pánico?

Tal vez porque Él está tratando de probar nuestro máximo rendimiento. Él está tratando de determinar si haremos todas las cosas que Él manda. Él espera que confíes en Él y permanecerá a tu lado para ayudarte a cumplir lo que Él te ha mandado.

cielo

Afortunadamente, la mayoría de las pruebas celestiales no son tan grandes, pero de vez en cuando, tenemos aquellas pruebas difíciles que realmente nos llevan hasta nuestros límites. Recuerda la historia de Abraham cuando se le mandó sacrificar a su único hijo.

Tener ese hijo era su única oportunidad de cumplir el glorioso convenio que el Señor había hecho con él muchos años antes, y sin embargo, ahí se enfrentó con la decisión de quitarle la vida a su único descendiente. He oído decir que el Señor sabía lo que Abraham haría, su obediencia no fue una sorpresa para Dios.

Quizás la lección más importante que podemos aprender de esa experiencia es que Abraham necesitaba aprender algo sobre sí mismo. Necesitaba darse cuenta de la verdadera naturaleza de su compromiso y el deseo de seguir a nuestro Padre Celestial. Pienso que estamos en situaciones similares.

Cuando somos llamados a pasar por pruebas muy difíciles, pienso que el Señor ya conoce el resultado. Pero necesitamos descubrir por nosotros mismos de qué estamos hechos. ¿Cuál es el alcance máximo de nuestra fuerza espiritual? 

Sólo podemos descubrir eso a través de esas pruebas extremas que nos enseñan más sobre nosotros mismos de lo que sabíamos anteriormente.

A todos los que se esfuerzan por hacer lo correcto, no se desesperen cuando tengan pruebas y desafíos. Cuando tengas pruebas en momentos especialmente inoportunos, no te desesperes. Date cuenta de que esto es una manifestación del amor y la aceptación de tu Padre Celestial hacia ti.

Comprende que esta es una oportunidad para que demuestres tu nivel de compromiso. Reconoce que aprenderás cosas sobre ti mismo que fomentarán tu confianza, fortalecerán tu fe y purificarán tu espíritu. Si buscamos la ayuda del Salvador y usamos todas nuestras fuerzas para lograrlo, pasaremos tales pruebas con gran éxito.

Este artículo fue escrito originalmente por Dr. David T. Morgan y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Latter-day Saint Psychologist: When Trials Seem to Come at the Worst Times