Exigir que los líderes de la Iglesia, pasados y presentes, nos muestren solo una máscara de seudo-perfección angelical es negar la afirmación más básica del evangelio: Que la gracia de Dios obra a través de nuestra debilidad. Necesitamos Profetas, no ídolos.

Vivir del Pasado

Es fácil pensar que las cosas están peor de lo que solían ser. La gente ha pensado esto por miles de años. No es difícil ver el por qué.  Los recuerdos de lo que sufrimos en el pasado se desvanecen, mientras que los problemas de hoy son tan apremiantes en comparación.

Nefi pensó lo mismo en Helamán 7, justo cuando él acaba de regresar a su país natal después de servir una misión sin mucho éxito.

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Entristecido por la dureza del corazón de su pueblo, Nefi clamó a Dios. Luego, en un comportamiento que es sumamente humano, se lamentó de vivir en un día en que los hombres se encuentran caídos y no tienen fe.

La edad de oro en que las personas eran un “pueblo fácil de tratar, firme en guardar los mandamientos de Dios, y tardo en dejarse llevar a la iniquidad” había pasado hace mucho tiempo y nuestro mundo actual es un desastre.

La angustia de Nefi por su pueblo es genuina, pero su versión de la historia Nefita ya no es la misma. ¿Las cosas realmente eran diferentes para el Nefi original? O ¿Eran más fáciles?

Nefi

La familia de Lehi arribó con seguridad a la tierra prometida y cuando apenas estaban estableciéndose en el lugar, Nefi dijo: “Y aconteció que el Señor me advirtió a mí, Nefi, que me apartara de ellos (ellos siendo la mitad de su familia, algunos de los que habían querido asesinarlo antes) y huyese al desierto, con todos los que quisieran acompañarme.” (2 Nefi 5:5)

Existe una especie de falso confort al consolarnos con la idea de que, aunque nuestros días son terribles, el mundo una vez fue bueno. Esta modesta comodidad se convierte fácilmente en una excusa o recriminación. Por un lado, nos excusamos de dar todo lo que Dios exigió a las generaciones anteriores porque, a diferencia de nuestros antepasados casi-angelicales, somos simples mortales, distraídos, frágiles y débiles. Podemos gritar: “¡Bien por ellos!” animando con entusiasmo aquella grandeza distante como una forma de justificar nuestra falta de acción en la actualidad.

Por otro lado, podríamos usar estas historias de una edad de oro como una espada en lugar de un escudo. Podríamos ponernos a trabajar arduamente culpándonos nosotros y a los demás por no ser casi-angelicales y un ejemplo que perdure en el tiempo (como lo fueron en verdad) y castigarnos nosotros por ser, a cambio, ansiosos mortales.

Las diferencias que existen se dan en la vida que nos toca vivir y van desde salvar hasta condenar, sin embargo estas variaciones se aplican a nuestras diferentes formas de ser imprudentes y ansiosos. La diferencia la hacemos nosotros.

¿Cómo Trabaja Dios A través de los Débiles?

Estas son las buenas y las malas noticias. Si bien es aterrador pensar que Dios obra a través de mortales débiles, parciales y limitados como nosotros, lo único más aterrador sería pensar que Él no lo hace.

Esta regla se aplica tanto a la historia de nuestra  Iglesia como a las historias de lugares antiguos y lejanos. Es algo falso afirmar que Dios trabaja a través de personas prácticamente perfectas o que Dios no funciona en lo absoluto. El evangelio no es una celebración del poder de Dios para trabajar con personas perfectas. El evangelio es una celebración de la voluntad de Dios por trabajar hoy, en nuestro mundo, en nuestras vidas, con personas que claramente no lo son.

Jesucristo sermón

Exigir que los líderes de la Iglesia, pasados y presentes, nos muestren sólo una máscara de seudo-perfección angelical es negar la afirmación más básica del evangelio: Que la gracia de Dios obra a través de nuestra debilidad. Necesitamos Profetas, no ídolos. Nuestros profetas y líderes no resultarán ser lo que tú quieres que sean. No son, de hecho, ni siquiera lo que Dios quiere que sean. Sin embargo son reales y Dios realmente puede trabajar a través de sus imperfecciones para extender su amor perfecto a nosotros.

Nuestros manuales de la Iglesia y las historias de la Iglesia a veces son leves con esa buena noticia. Con buenas intenciones, ellos se preocupan por tu fe. A veces se parecen demasiado a ese amigo de un amigo que realmente sólo quiere agradarte, entonces pretende que sólo le gustan las mismas cosas vanas que cree que haces.

Sin embargo, Dios es más fuerte que eso. Las escrituras ciertamente también lo son.Tal como la Biblia lo aclara, si Dios puede obrar a través de mentirosos, ladrones, adúlteros, asesinos, prostitutas, recaudadores de impuestos y mendigos, ciertamente puede evitar (o incluso terminar) la práctica clandestina de poligamia de José Smith, los grandísimos experimentos en teocracia de Brigham Young o la enfermedad mental de George Albert Smith.

Comprendiendo la Semilla de Mostaza

En la parábola de la semilla de mostaza, Jesús inocentemente hizo una comparación con el Reino de Dios: “Es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció y se hizo árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.” (Lucas 13:19).

Esta es una linda historia, pero nos hemos olvidado de las semillas de mostaza. Hubiera sido más claro para la audiencia de Jesús que esta parábola estaba destinada a molestarlos.

planta de mostaza

La gente tiene grandes ideas sobre cómo se supone que debe ser el Reino de Dios, pero las diminutas semillas de mostaza que Jesús describió no se convierten en imponentes cedros. Por lo general, no son mucho más altos que los arbustos que están cubiertos de maleza. Por lo tanto, la audiencia de Jesús habría sabido que las plantas de mostaza generalmente no se cultivan en jardines. Al cultivarlo en un jardín, es más probable que dediques tu tiempo a quitarle la maleza.

En lugar de ser un cultivo comercial, las plantas de mostaza se parecen más a las malas hierbas resistentes que pueden acapararse de todo el terreno. Lo que Jesús quería con esta parábola era dar una advertencia. Jesús quiso decir: “No esperes que el reino de Dios se vea como un roble macizo. Por el contrario, debes esperar que se parezca más a una hierba que, sin que tengas la intención de hacerlo, invade tu jardín y ahuyenta las historias que esperabas contar después.”

En algún momento, Dios te pedirá que sacrifiques en su altar no sólo las historias sobre tu propia vida, sino también tus versiones de Sus historias.

Tus versiones finamente coloreadas e iluminadas y la historia de la Iglesia deben, como todas tus historias, deben ser puestas a Sus pies; mientras que las problemáticas, vibrantes e inconvenientes verdades que caracterizan el verdadero trabajo de Dios con personas reales tendrán que pasar a ser las protagonistas. Si no lo haces, ¿cómo podría el trabajo de Dios hacer lo mismo en tu vida desordenada, llena de ansias e inconvenientes?

Cuando Dios toque tu puerta, no te acerques sigilosamente a mirar a través de la mirilla para ver si Él se ve como pensabas que lo haría. Mas bien, acércate con rapidez a la puerta y ábrela. Te sorprenderás.

Este artículo fue escrito originalmente por Adam S. Miller y fue publicado por ldslivind.com el título: “The Only Thing Scarier Than God Working Through Imperfect Leaders Is to Think He Doesn’t