“Las falsas doctrinas son como una enfermedad espiritual. Sin nuestro conocimiento, estas ideas falsas pueden crecer dentro de nosotros.”

Cuando era más joven tenía una “tradición” muy desagradable. Cada dos veces al año me enfermaba de la garganta y cada vez que trataba de pasar algo, sentía un dolor inmenso y me ardía la garganta constantemente. En cada ocasión, mi madre me llevaba al doctor, quien identificó el problema como faringitis estreptocócica.

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Visitarlo rápidamente para saber mi diagnóstico se convirtió en parte de mi “tradición”. Después de años de enfermarme y curarme, al final me extrajeron las amígdalas. No sólo la semana siguiente fue una de las mejores de mi vida, sino que desde ese día nunca volví a tener faringitis estreptocócica.

Las falsas doctrinas son como una enfermedad espiritual. Sin nuestro conocimiento, estas ideas falsas pueden crecer dentro de nosotros, infectando la verdad hasta que las falsas doctrinas se conviertan en parte de cómo actuamos. 

Si no identificamos adecuadamente lo que nos está enfermando, nunca se corregirán de forma permanente y nos puede llevar a un resultado aún peor.

Por otro lado, si podemos identificar el problema, la solución puede ser no sólo liberadora sino también sanadora. Aquí hay tres enfermedades espirituales que quizás no sepas que tienes y cómo deshacerte de ellas.

La perfección mortal

fe

Infección/falsa doctrina: Creencia en la perfección mortal en lugar de la perfección eterna.

Síntomas posibles: Estar presto a juzgar, difícil de complacer, excesivamente autocrítico.

Creo que son pocos los Santos de los Últimos Días que realmente afirman que creemos que podemos obtener la perfección eterna mientras estamos en la mortalidad. 

Los discursos como “La Inminencia De La Perfección” por el presidente Russell M. Nelson y “Sed, pues, vosotros perfectos… con el tiempo” por el Elder Jeffrey R. Holland niegan absolutamente esa idea. Sin embargo, muchos de nosotros nos esforzamos por actuar de acuerdo con esta creencia, a lo que el Elder Holland expresó:

El consejo del Élder Holland para los misioneros retornados

“En la Iglesia oigo a muchos que luchan con este asunto, diciendo: “No soy lo suficientemente bueno”. “Tengo tanto que mejorar”. “Nunca estaré a la altura”. Oigo que lo dicen los adolescentes, los misioneros, los nuevos conversos y los miembros de hace muchos años…”

Las declaraciones del Elder Holland me hace pensar que muchos de nosotros realmente creemos que podemos ser perfectos en esta vida.

Si realmente creyéramos que la perfección es un proceso, nuestras acciones se parecerían más a clases de piano que a un examen final universitario. Nuestros errores nos darían enfoque y dirección, no nos desanimaran como si fueran nuestra calificación final. Seríamos menos críticos con las elecciones de los demás y, a cambio, reconoceríamos sus esfuerzos por mejorar.

Diagnóstico: Aquí hay algunas preguntas para ayudarte a reconocer si realmente no crees lo que se dice sobre la perfección.

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1. ¿Cómo reacciono cuando mis planes no se cumplen?

2. ¿Cuáles son los primeros pensamientos que tengo cuando me entero de que alguien ha cometido un error?

3. ¿Con qué frecuencia me castigo por cometer un error?

4. ¿Cuán dispuesto estoy a perdonarme a mí mismo? ¿Cuán dispuesto estoy a perdonar a los demás?

Posible cura: Si creemos que podemos ser perfectos, entonces el primer paso para librarnos de esta aflicción es reconocer nuestro propio crecimiento continuo al mismo tiempo que nos acercamos al Salvador del mundo a través del arrepentimiento.

Lee las anotaciones antiguas de tu diario personal y anota cómo solías ser en comparación con cómo eres ahora. Compara tu yo pasado con tu yo actual y pon en perspectiva lo mucho que has avanzado, así como las mejoras que ha hecho.

Dios

Si te sientes especialmente motivado, identifica un área en la que ya no eres tan bueno como solías ser y llévaselo al Señor. Utiliza el poder de Cristo y esfuérzate para mejorar en esa área. 

Este ejercicio no tiene la intención de desalentarte, sino de ayudarte a reconocer tus debilidades a medida que confías en el poder expiatorio de Jesucristo.

Otras posibles curas: Lee Mosíah 2:18-26 y busca cada día una cosa por la que puedas pedir perdón. O antes de juzgar a alguien, pregúntate qué pudo haberte hecho actuar como lo hiciste, y luego supón que fue eso lo que les sucedió (a veces esto se conoce como el beneficio de la duda).

La salvación por medio de las obras

después de los terremotos en México

Infección/falsa doctrina: Creer en la salvación por medio de las obras en lugar de la salvación por medio de las obras y la gracia.

Síntomas: Darse por vencido, preocupación con Santiago 2:26, ​​consciente de sí mismo, con exceso de trabajo

Conozco a un hombre, lo llamaremos Darren, quien, en su juventud, sufrió esta dolencia. En su misión, Darren a menudo se encontraba discutiendo con los investigadores sobre el tema de la salvación. Convencido de que la Iglesia no creía en ser salvados por la gracia, hablaba sobre lo  importaba que eran las obras de una persona.

Por suerte, uno de los compañeros de Darren finalmente pudo ayudarlo a ver el error de esta creencia, pero no lo culpo por pensar de la manera en lo hizo. Como su compañero probablemente explicó, creemos que las mujeres y los hombres son salvos por la gracia de Jesucristo. 

Artistas y Cristo

Todos nosotros, sin importar nuestros pecados, resucitaremos y seremos presentados ante nuestro Padre Celestial algún día.

No todos los síntomas serán tan extremos como los de Darren, pero aún así están presentes. Según mis propias observaciones, los síntomas se manifiestan con más frecuencia como sentimientos de ira, tristeza o desesperanza. 

Conozco a muchos que simplemente han renunciado a tratar de vivir el Evangelio porque sienten que plantea expectativas poco realistas.

Sin la doctrina de ser salvos por la gracia, entonces tendrían toda la razón. Es cierto que “la fe sin obras es muerta” (Santiago 2:26), pero eso es porque la fe sin obras no es fe.

El Elder Dallin H. Oaks explicó la correlación entre la doctrina de la gracia y las obras cuando dijo: 

aprendizaje

“El quedar limpios del pecado mediante la expiación de Cristo está condicionado a la fe del pecador, la cual debe manifestarse mediante la obediencia al mandato del Señor de arrepentirse, bautizarse y recibir el Espíritu Santo (véase Hechos 2:37-38).”

La obediencia no es el acto; es el resultado de nuestra fe en la gracia de Jesucristo.

Diagnóstico: Aquí hay algunas preguntas que pueden ayudarte a reconocer si piensas demasiado en las obras.

1. ¿Cuál es tu actitud en general hacia el arrepentimiento?

2. ¿Por qué vives las normas del Evangelio? (No por qué deberías)

3. Cuando cometes un error o pecado, ¿cómo te afecta?

4. ¿El vivir el Evangelio y obedecer sus preceptos te causa felicidad?

Posible cura: Si luchamos con la idea errónea de ser salvos por gracia, nada nos curará más rápido que un estudio exhaustivo de Jesucristo con un énfasis en la gracia. 

El Elder Dieter F. Utchdorf dijo:

Dios

“El tratar de entender el don de la gracia de Dios con todo el corazón y la mente nos da aún mayor razón para amar y obedecer a nuestro Padre Celestial con mansedumbre y gratitud… 

De modo que nuestra obediencia a los mandamientos de Dios es el resultado natural de nuestro amor y gratitud perpetuos por la bondad de Dios. Esta forma de amor y gratitud genuinos entrelazará de manera milagrosa nuestras obras con la gracia de Dios.”

Estoy dispuesto a decir que si nuestras obras se entrelazan con la gracia de Dios, entonces nuestras creencias en torno a ellas seguirían su ejemplo.

Otras posibles curas: Cuando cometes un error, hazte la pregunta: “¿Se sorprendió Cristo cuando cometiste este error o ya pagó el precio por ello?” (Vea Alma 34:10,12) y reflexiona sobre lo que significa tu respuesta, escribe una nota para ti mismo todos los días (puede ser un versículo de las escrituras, algo de tu propia creación, lo que sea que funcione para ti) que te recuerde la doctrina de la gracia, o estudia cómo se ve la intención de nuestros corazones ante los ojos de Dios.

Una definición simple del orgullo

Infección/doctrina falsa: Creer en una definición simple de orgullo, que a veces no te incluye a ti mismo.

Síntomas: Egoísmo, terquedad, independencia extrema, complejo de superioridad

Los síntomas de orgullo son algunos de los más difíciles de reconocer porque, si tienes problemas con el orgullo, no vas a creer que tengas un problema. Por eso es que es la más mortal de todas las enfermedades espirituales.

Escucho hablar mucho sobre el orgullo, pero las conversaciones que he tenido con los miembros de la Iglesia me llevan a creer que muchos de nosotros no entendemos cómo puede ser el orgullo  algo multifacético.

Generalmente escucho el orgullo resumido con esta frase: “El orgullo es cuando alguien piensa que es mejor que otro”. Tomando esa definición, no sé cuántos de nosotros cabemos en esa descripción. No creo que haya muchas personas en este mundo que conscientemente vayan pensando que son mejores que los demás.

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Sin embargo, el orgullo subyace en cada cosa mala que hacemos. La forma más común que he visto proviene de la obsesión que parece que tenemos cada vez más en cuanto a independencia. Rechazaremos la ayuda necesaria, tanto espiritual como temporalmente, por el hecho de ser independientes.

No queremos que otros sepan que tenemos defectos, que nuestras vidas no son perfectas (¿recuerdas la enfermedad espiritual de la perfección?), O nos engañamos pensando que podemos manejar algo que no podemos. 

De todas las maneras en que nos rebelamos en contra nuestras oportunidades de crecer, cambiar y aprender tanto temporal como espiritualmente, todas ellas provienen del orgullo.

Diagnóstico: Estas preguntas pueden ayudarte a saber cuál es tu concepto de orgullo.

1. ¿Rechazas la ayuda más de lo que la aceptas?

2. En cualquier situación dada, ¿en quién te preocupas más, en ti mismo o en los demás?

3. ¿Hasta qué punto irías para preservar tu independencia?

4. ¿De quién aceptarías, de manera voluntaria, un consejo? Qué consejo rechazarías? ¿Por qué?

perdonarte

Posible cura: El ministrar es una manera asombrosa en que podemos comenzar a curarnos del orgullo. No estoy hablando sólo de ministrar a esas personas a las que te han asignado; sino de permitirte ser ministrado.

Acude a tus maestros ministrantes; hazles saber lo que necesitas, diles cómo pueden ayudarte y no te avergüences de tus desafíos. Si los dejas ayudarte, no sólo te fortalecerán, sino que también les darás a tus maestros la oportunidad de aprender y crecer a partir de la experiencia. “Por lo cual, consolaos los unos a los otros…” (1 Tes. 5:11).

Otras posibles curas: Acepta las críticas de cualquier persona (asegurándote de que son críticas constructivas) y haz un esfuerzo por cambiar. También puedes pedir ayuda cada vez que lo necesites o cada vez que hagas algo por ti mismo, puedes hacer algo por otra persona.

Este artículo fue escrito originalmente por Derek Lange y fue publicado por ldsliving.org bajo el título “7 Famous Authors Who Wrote About Latter-day Saints