Voy a ser sincero. Cuando escuché por primera vez sobre Seminario, pensé que era simplemente otra clase de la Iglesia o que era opcional. Algo bueno, sí, pero no indispensable

Después de todo, iba a la iglesia los domingos, conocía las historias de las Escrituras y sabía responder muchas de las preguntas típicas de la Escuela Dominical. Desde mi perspectiva, ya tenía una base espiritual bastante sólida. Entonces: 

¿Por qué tendría que dedicar más tiempo a algo relacionado con la Iglesia?

Y si además tenía que levantarme más temprano, la idea sonaba todavía menos atractiva.

Lo que pensaba antes de ir

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Creía que Seminario sería como una clase donde alguien habla y nosotros escuchamos.

Pensaba que iba a ser aburrido, repetitivo y que probablemente podría invertir ese tiempo en dormir un poco más.

También pensaba que no lo necesitaba tanto. Después de todo, era joven, tenía toda una vida por delante y sentía que podía fortalecer mi testimonio más adelante.

Pero con el tiempo entendí que las decisiones espirituales más importantes no se toman cuando la vida es fácil, sino cuando llegan los desafíos.

Lo que descubrí cuando empecé a asistir

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Lo primero que me sorprendió fue darme cuenta de que no era el único que tenía preguntas.

Había otros jóvenes tratando de entender las Escrituras, fortalecer su fe y encontrar respuestas para situaciones reales que enfrentaban cada día.

Seminario dejó de sentirse como una obligación y comenzó a convertirse en un espacio donde podía acercarme más a Jesucristo.

No aprendí únicamente historias de las Escrituras. Aprendí cómo esas historias podían ayudarme en mi propia vida.

Porque la semana es más difícil de lo que parece

Imagen: masfe.org

Seamos honestos, ser joven hoy no es sencillo y sinceramente aveces cuesta levantarse. 

Tenemos presiones en el colegio, redes sociales, dudas, expectativas, problemas familiares y decisiones que pueden influir mucho más de lo que imaginamos.

Por eso descubrí que Seminario no existe para ocupar tiempo en mi agenda. Existe para ayudarme a enfrentar mejor todo lo demás.

Hubo momentos en los que llegué a Seminario sin muchas ganas y terminé encontrando exactamente lo que necesitaba escuchar. 

Cuando comienzo mi día estudiando el Evangelio, veo las cosas de una manera diferente.

No significa que desaparezcan los problemas, sino que no los enfrento solo, Dios puede enseñarnos cosas muy importantes cuando decidimos estar donde Él nos ha invitado a estar. 

No hace falta ser perfecto para ir

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Algo que me tomó tiempo entender es que Seminario no es para los jóvenes que ya tienen un testimonio perfecto.

Es para jóvenes simplemente normales que tienen preguntas y que de alguna forma están intentando acercarse más al Salvador.

Además es para quienes a veces sienten fe y otras veces sienten dudas. Seminario es un lugar para aprender a seguir a Cristo.

Por eso, luego de un tiempo de estar asistiendo, empiezas a notar cambios en ti. Seminario puede ayudarte a conocer las Escrituras, pero sobre todo a conocer a Jesucristo.  

Entonces, ¿por qué sigo yendo?

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Porque cada vez estoy más convencido de que necesito a Jesucristo en mi vida. 

Hay días en los que una escritura, un comentario o una impresión del Espíritu llegan exactamente cuando los necesito.

Además, mi testimonio no se fortalece de la noche a la mañana, se fortalece poco a poco, decisión tras decisión.

He descubierto que, aunque a veces cueste salir de la cama, siempre regreso a casa sintiendo que valió la pena. 

Si todavía te preguntas para qué sirve Seminario, quizá la mejor respuesta sea esta:

No voy porque me obligan. Voy porque quiero conocer mejor al Salvador y porque necesito Su ayuda para enfrentar la vida que tengo hoy.

Video relacionado

También te puede interesar