Nota del editor: La siguiente experiencia pertenece a Robyn, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
Una de las posibles lecciones más poderosas del Evangelio se encuentra en una cita del profeta Lehi expresada a sus hijos y que, en realidad, encierra una de las enseñanzas de vida más grandes:
«Es preciso que haya una oposición en todas las cosas». (2 Nefi 2:11)
Esa escritura nos recuerda algo muy importante: no es el éxito lo que nos cambia, sino el dolor. Quizá muchos se pregunten, ¿por qué es esto así? Lo que quizá no todos recuerdan es que el dolor, bien entendido, puede ser el inicio de una sanación real.
Ignorando el dolor

Una de las personas que quizá conozca bien esta perspectiva del dolor es Robyn, una Santos de los Últimos Días que tuvo una experiencia espiritual cuando le tocó enfrentar una lesión en el tendón del cuádriceps.
Al principio, aunque ella sentía mucho dolor por la lesión, optó por adaptarse a la situación ya que con años de experiencia en entrenamiento físico, estaba acostumbrada a modificar sus ejercicios, evitar molestias y seguir adelante.
Pero, por más que intentó, esta vez no funcionó.
Lo que empezó como una molestia leve fue creciendo hasta volverse un dolor dificil de sobrellevar que se incrementaba cada vez que Robyn intentaba hacer actividades simples como subir escaleras, levantarse de una silla o incluso dormir.
Fue entonces cuando Robyn tuvo que afrontar la realidad y aceptar que no podía resolver esa situación ella sola. Entonces, decidió buscar ayuda profesional sin saber que esa simple iniciativa, marcaría el inicio real de su proceso de sanación.
Un proceso inesperado que lo cambió todo

Cuando finalmente Robyn pudo encontrar ayuda, descubrió que el plan de recuperación era más simple, más lento y muy distinto a todo lo que ella pensaba e incluso implicaba trabajar directamente sobre la zona del dolor, algo que Robyn había estado evitando.
Su primera reacción fue de duda ya que temía perder fuerza, retroceder o empeorar la lesión por seguir ese plan, pero necesitaba sanar así que eligió confiar en ese proceso.
Sin embargo, con el tiempo ocurrió algo inesperado. Robyn no solo sanó, sino que su cuerpo se fortaleció más allá de lo que había logrado antes.
Y ahí surgió una verdad poderosa: a veces, el camino que parece una pérdida es en realidad el camino hacia un mayor crecimiento.
Un nuevo significado para el dolor

Así como pasó con Robyn, todos experimentamos dolor físico, cargas emocionales, patrones mentales y heridas espirituales que son necesarios. Y, cuando pasan, a veces sentimos la presión de vivir alrededor del dolor en lugar de enfrentarlo, como Robyn.
Pero no todo dolor requiere que nos sacrifiquemos y lo veamos nosotros solos. En el contexto del Evangelio, este proceso se relaciona con el arrepentimiento, el cual es un cambio de dirección que nos permite volvernos hacia Dios y confiar en que Él conoce nuestro dolor y puede sanarlo.
Así como el cuerpo de Robyn se fortaleció luego del dolor, lo mismo puede ocurrir en lo espiritual porque cuando elegimos confiar en Dios en lugar de nosotros mismos, Él transforma nuestras circunstancias en paz.
Desde esta perspectiva, el dolor deja de ser un enemigo, y se convierte en una invitación a sanar de verdad confiando en Dios. Y tal como descubrió Robyn, ese proceso restaura lo roto y, al final, construye algo más fuerte de lo que jamás imaginamos.
El propósito del dolor en el plan de Dios

Las Escrituras enseñan que el dolor, en muchas ocasiones, cumple un propósito importante y pueden moldearnos para algo mayor como pasó con José Smith cuando el Señor le declaró:
«Todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien».
Esto sugiere que el dolor, aunque sea real y a veces abrumador, no tiene la última palabra porque puede ser el medio mediante el cual Dios nos enseña, nos refina y nos acerca a Él.
En ese sentido, sanar no siempre significa evitar el dolor, sino atravesarlo con fe, porque es precisamente cuando dejamos de resistir el dolor y comenzamos a confiar, donde ocurre nuestra transformación.
Así como el cuerpo de Robyn necesitó pasar por un proceso incómodo para fortalecerse, nuestra alma también crece cuando decidimos confiar en el verdadero Sanador.
Fuente: Leading Saints
