Élder Andersen: “Los cielos obran a nuestro favor, eso no se puede negar”

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Élder Andersen:  “A veces, nuestro Padre Celestial nos da, junto con una bendición, una intensa confirmación espiritual de que los cielos han obrado en nuestro favor.”

Tal vez me pasa sólo a mí, pero ¿has escuchado alguna vez la Conferencia General y pensado que cada discurso toca un tema similar? Es cuando vuelvo a escuchar los discursos que me asombro al descubrir que a veces el tema que escuché no se encontraba realmente en todas los discursos, en realidad era justo lo que necesitaba escuchar en ese momento.

Hubo una ocasión en donde encontré frases repetitivas dentro de un discurso de la Conferencia General de abril de 2020. Es la frase del discurso del élder Neil L. Andersen: “Yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía” (José Smith —Historia 1:25).

jose smith

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El élder Andersen usa versiones similares de esta frase cinco veces en su discurso:

  1. Al relatar la experiencia de José Smith.
  2. Al compartir la historia del presidente Russell M. Nelson al ser guiado durante una cirugía.
  3. Cuando enseñó cómo Beatrice Magré y el grupo con el que estaba fueron bendecidos después de que un líder perdió sus lentes en el mar.
  4. Al describir el testimonio que recibió Floripes Luzia Damasio antes de su bautismo.
  5. Al compartir su propio testimonio del Libro de Mormón en su enseñanza a Alice Audubert.

Una nota al pie de ese discurso, el Élder Andersen nos da una idea aún más profunda de la importancia de esta frase y cómo estos momentos verdaderamente dan forma a nuestros propios “recuerdos espiritualmente decisivos”:

“Siempre me han impresionado las palabras que se encuentran en José Smith—Historia: “… había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía” (José Smith—Historia 1:25). 

Él tendría que comparecer ante Dios y reconocer que esos acontecimientos en la Arboleda Sagrada realmente sucedieron en su vida, y que su vida no podría volver a ser la misma a causa de ello. 

Hace unos veinticinco años, escuché por primera vez una variación que hizo el élder Neal A. Maxwell de esa frase. Él dio el siguiente ejemplo: 

“Hace mucho, en mayo de 1945, viví un momento así en la isla de Okinawa, a los dieciocho años de edad. Ciertamente no hubo heroísmo de mi parte, sino que fue una bendición para mí y para otras personas durante el bombardeo de nuestra posición por parte de la artillería japonesa. Tras repetidos bombardeos que sobrepasaron nuestra posición, la artillería enemiga al fin marcó su objetivo. 

Tendrían que haber abierto fuego en ese momento, pero hubo una respuesta divina a por lo menos una oración asustada y egoísta. El bombardeo se detuvo… Había sido bendecido, y sabía que Dios sabía que yo sabía” (“Becoming a Disciple”, Ensign, junio de 1996).

Élder Andersen

El élder Maxwell añadió no solo que él sabía, y no solo que Dios sabía, sino que Dios sabía que él sabía que había sido bendecido. Para mí, eso eleva simbólicamente la responsabilidad un grado más. 

A veces, nuestro Padre Celestial nos da, junto con la bendición, una intensa confirmación espiritual de que los cielos han obrado en nuestro favor. No se puede negar. Permanece con nosotros, y si somos sinceros y fieles, eso moldeará nuestra vida en los años venideros. “Había sido bendecido, y sabía que Dios sabía que yo sabía que había sido bendecido””.

Al leer esta nota al pie, muchas frases resonaron en mí:

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“La Primera Vision de José Smith” por Kenneth Riley

• “[José] tendría que comparecer ante Dios y reconocer que esos acontecimientos en la Arboleda Sagrada realmente sucedieron en su vida”.

• “La vida de [José] no podría volver a ser la misma a causa de ello”.

• “Eso eleva simbólicamente la responsabilidad un grado más”.

• “Los cielos han obrado en nuestro favor.

• “Si somos sinceros y fieles, eso moldeará nuestra vida en los años venideros”.

¿No te hace preguntarte cuáles son estos momentos en tu vida? ¿Cuáles son los momentos, tus momentos, en los que has sabido algo y que Dios también lo sabía?

Salvador soledad Élder Andersen

En lo personal, al reflexionar sobre aquellos momentos de mi vida, como dijo el élder Andersen, sentí “que había sido bendecido” al ver cómo “los cielos [han] obrado a [mi] favor”. Esos momentos continúan moldeando mi vida, y debido a eso, siento ese creciente sentido de responsabilidad.

Entonces, ¿cuáles son tus momentos decisivos? 

Tal vez es en este tiempo, donde la vida pausado un poco, donde puedes tomarte un minuto para escribirlos y atesorar la santidad de aquellos “momentos espiritualmente decisivos” de tu vida. 

Como el presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió en un artículo hace muchos años: 

“He aprendido que no recibimos experiencias espi­rituales impresionantes y fuertes muy frecuente­mente, y cuando lo hacemos, son por lo general para nuestra propia instrucción o corrección… Yo creo que debemos reservarnos todas estas cosas y meditarlas en nuestro corazón”

Al reflexionar sobre cómo hemos escuchado al Señor en nuestras vidas, creo que encontraremos más respuestas a la pregunta del presidente Nelson: “¿Cómo lo escuchas?”

Este artículo fue escrito originalmente por Lindsey Williams y fue publicado originalmente por ldsliving.com bajo el título “Found in the Footnotes: The Moments “When Heaven Intervenes on Our Behalf”

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