El élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, compartió en su libro “To My Friends” consejos para poder dejar atrás nuestros errores y aceptar el poder de la expiación en nuestras vidas a través de una entrevista privada con él.

Como puedes suponer, en el transcurso de más de un cuarto de siglo como Autoridad General, me he reunido, conversado y en algunas ocasiones tuve que entrevistar a cientos de personas que han tenido problemas, personas que han sido probadas o que están tristes o que se sienten estancadas en su progreso debido a una transgresión en sus vidas. 

El propósito de esas visitas y entrevistas siempre ha sido quitar esa carga de sus vidas.

Si necesitas quitar de ti una carga, quiero que me imagines conversando contigo de manera personal, privada y a puerta cerrada. Quiero ayudarte si me lo permites.

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El Camino hacia el perdón

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Antes que nada, no te sientas abandonado, olvidado o herido de manera irreparable si es que has cometido un error, incluso si ese error es muy grave. Todos han errado, con algunos errores, por supuesto, siendo más graves que otros. El apóstol Pablo personalmente lo sabía: “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom 3: 23).

Por mucho que nuestro Padre Celestial nos haya advertido contra el pecado y que constantemente nos advierta a no cometerlos, Él sabía desde los concilios preterrenales del cielo, que no haríamos todo bien.

Así que planeó y prometió que habría una solución a nuestros problemas, descrito en las Escrituras como “el camino”.

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Esa forma de salir de nuestros problemas, “el camino, y la verdad y la vida” (Juan 14: 6), es la expiación de Su perfecto y totalmente obediente Hijo, el Único que no cometería transgresión alguna cuando estuviese a la tierra. Solo ese Hijo era lo suficientemente digno y, por lo tanto, capaz de quitar nuestros pecados de nuestros hombros y ponerlos sobre los Suyos.

Gritamos de alegría ante tal propuesta, y desde ese momento amamos a Cristo (o ciertamente deberíamos haberlo hecho) porque Él nos amó primero. Pero para aprovechar al máximo la Expiación y obtener el perdón de esos pecados, tenemos que hacer algunas cosas muy sencillas. Estamos en deuda debido a este regalo. 

Debemos tener fe en Cristo y creer en Su poder redentor. Debemos ser honestos con nuestros errores: confrontarlos, confesarlos, realmente lamentarlos y abandonarlos. Luego, debemos prometer con sinceridad vivir como Cristo tanto como nos sea posible, eso incluye seguir las ordenanzas salvadoras del evangelio.

Poder creer para ser perdonados

Predicar como Jesucristo

Hay dos problemas comunes en todo esto: no creemos que podamos arrepentirnos y cambiar, o por el contrario no creemos que podamos ser perdonados y que se levante esa culpa de nosotros incluso si cambiamos. 

Hablemos de esas suposiciones erróneas.

Primero, abordemos el temor de que no podemos cambiar, no podremos dejar de cometer esos errores, en parte porque lo hemos intentado en el pasado y hemos fallado…

No estoy seguro de cuáles son tus pecados más graves. Algunos pueden ser sexuales y entre los más serios que Dios mismo ha nombrado. Otros pecados pueden ser menos serios pero siguen siendo malos.

Cualquiera que sea la lista de pecados, es muy probable que sea larga cuando sumamos todas las cosas insensatas que hemos hecho, dicho o sido. Y mi mayor temor es que no creas que puedes escapar de ellos, que estás convencido de que tu culpa y tus constantes errores se mantendrán para siempre.

Un ejemplo de esperanza

vídeos del Libro de Mormón - Alma hijo

Creer que nunca escaparemos de nuestros pecados es una perspectiva debilitante y puede enfermarte el alma. Déjame darte un conocido ejemplo del impacto que tienen tal culpa en un hombre.

Podemos preguntarnos: ¿Y si Alma no hubiera cambiado? Él había cometido serios errores, más serios quizás de lo que sabemos. Se lo describe como “un hombre muy malvado e idólatra”, uno que buscaba “destruir la iglesia” y que se deleitaba en rebelarse contra Dios.

Él era, en resumen, “[el] más vil de los pecadores”. La acusación más fuerte vino de sus propios labios cuando le dijo a su hijo Helamán: 

“Me había rebelado contra mi Dios… Había asesinado a muchos de sus hijos, o más bien, los había llevado a la destrucción;… mis iniquidades habían sido tan grandes que el solo pensar en volver a la presencia de mi Dios atormentaba mi alma con un increíble horror”.  -Alma 36 : 12-13

Puede que él no haya sido Macbeth, pero esa es una descripción alarmante de la posición de un hombre ante Dios. Pero se arrepintió. No sin la angustia, el sufrimiento y el temor, no sin “pasar mucha tribulación, [arrepintiéndose] casi hasta la muerte”.

Él pagó el precio en su totalidad y pudo volver al camino con la fuerza del amor de Cristo. Y cada vida en adelante, tanto en el Libro de Mormón como en nuestra generación, se ha fortalecido debido a la vida que Alma llevó…

“Quiero ser salvo”

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Permítanme decir algunas palabras sobre la otra duda que tenemos: el temor de que, incluso si cambiamos, no seremos perdonados por nuestros pecados y errores en la vida, y, por lo tanto, el daño es irreparable y el cambio realizado no significa nada.

Permítanme admitir que a veces nos sentimos así porque otros, irónicamente, a los que llamamos nuestros amigos, no nos dejan sentir que podemos ser perdonados.

Incluso si admitimos nuestros errores, los confesamos y queremos arrepentirnos, queremos cambiar, ¿podemos ser perdonados? ¡La respuesta es sí, sí, sí! De eso se trata la expiación de Jesucristo…

Todos tenemos que arrepentirnos, y todos tenemos la obligación de perdonar. Los verdaderos amigos, los verdaderos amigos Santos de los Últimos Días se ayudarán mutuamente a arrepentirse. Una línea de la carta de W.W. Phelps al Profeta tocó mi corazón:

“Yo quiero ser salvo, si mis amigos me ayudan”.

Por casi cincuenta años desde la primera vez que leí esas palabras, pensé que la frase tal vez contenía la expresión más sincera del verdadero propósito de la amistad que jamás se haya escrito. 

Los amigos, los verdaderos amigos, sacan a la gente del pecado, no los llevan a él. Se ayudan mutuamente a arrepentirse y perdonan los errores del pasado en el proceso. Sé un verdadero amigo para aquellos que necesitan tu fuerza e integridad.

Una expresión de compasión y misericordia

Una de las parábolas más alentadoras y compasivas de todas las escrituras sagradas que representan la necesidad del arrepentimiento y el poder del perdón es la historia del hijo pródigo, en la que el padre preocupado, al ver a su hijo regresar, “fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello y le besó” (Lu 15: 20).

Dios nos bendice para ayudarnos unos a otros a “volver en sí”, tal como lo hizo el hijo pródigo según las Escrituras. Dios nos bendice para ayudarnos unos a otros a volver a casa. 

“Yo quiero ser salvo, si mis amigos me ayudan”.

escuchar al Salvador

Estoy agradecido por el mejor amigo que cualquiera de nosotros podría tener, en el tiempo o la eternidad, el Señor Jesucristo, que ha hecho posible que tengamos el arrepentimiento y que es la personificación majestuosa del perdón mismo.

No sé si Él querrá echarse sobre nuestro cuello y besarnos, pero por su misericordia y compasión expiatoria, sé que desearemos caer a Sus pies y besarlo. Podemos cambiar este mismo día si es necesario. Podemos aceptar Su Expiación y arrepentirnos de nuestros pecados en anticipación a nuestro encuentro con Dios.

Fuente: ldsliving.com