Es muy difícil cuando nuestra oración sincera sobre algo que deseamos mucho no se responde de la manera en que queremos. Es especialmente difícil cuando el Señor responde que con un “no” a algo que vale la pena y nos daría gran gozo y felicidad. Ya sea que se trate de recuperarse de una enfermedad o de la soledad, el regreso de un hijo que se ha alejado de la Iglesia, hacer frente a una discapacidad, o la petición de un día más de vida para una persona querida que está falleciendo, parece tan razonable y tan consistente con nuestra felicidad y el tener una respuesta favorable. Es difícil entender por qué el ejercer nuestra fe sincera, de una vida fiel y obediente, no produce el resultado deseado.

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En esos momentos, preguntas como: “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?” “¿Por qué tengo que sufrir esto ahora?” “¿Qué he hecho para pasara esto?” te llevarán a callejones sin salida. Por el contrario, pregúntate, “¿Qué voy a hacer?” “¿Qué debo aprender de esta experiencia?” “¿Qué puedo a cambiar?” “¿A quién debo ayudar?” “¿Cómo puedo recordar mis muchas bendiciones en tiempos de prueba?”

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El sacrificio voluntario de los deseos personales profundamente arraigados a favor de la voluntad de Dios es muy difícil de lograr. Sin embargo, cuando oras con convicción verdadera pidiendo, como por ejemplo: “Por favor, hazme saber Tu voluntad” y “Que se haga Tu voluntad”, estás en la posición más precisa para recibir la ayuda máxima de tu amoroso Padre.

Esta vida es una experiencia de profunda confianza: confianza en Jesucristo, confianza en Sus enseñanzas, confianza en nuestra capacidad de ser guiados por el Espíritu Santo para obedecer esas enseñanzas para nuestra felicidad actual y para una existencia eterna, llena de gozo. Confiar significa obedecer voluntariamente sin conocer el final desde el principio (Proverbios 3:5-7). Para producir un fruto, tu confianza en el Señor debe ser más poderosa y duradera que tu confianza en tus propios sentimientos y experiencias personales.

Ejercer la fe es confiar en que el Señor sabe lo que está haciendo contigo y que puede lograr tu bienestar eterno, aunque no puedas entender cómo va a realizarlo. Somos como niños en nuestra comprensión de los asuntos eternos y su impacto en nosotros aquí en la mortalidad, sin embargo, a veces actuamos como si lo supiéramos todo. Cuando pases por pruebas para Sus propósitos, Él te ayudará mientras confías y ejercitas fe en Él.

Cuán agradecido estoy, personalmente, de que nuestro Salvador nos haya enseñado que debemos concluir nuestras oraciones más urgentes y sentidas, cuando pedimos lo que es de suma importancia para nosotros, con “Hágase tu voluntad” (Mateo 26:42). Tu disposición a aceptar la voluntad del Padre no cambiará lo que en su sabiduría ha elegido hacer, sin embargo, ciertamente cambiará el efecto de esas decisiones en ti de manera personal.

Esa evidencia del ejercicio adecuado de nuestro albedrío le permite a Sus decisiones producir bendiciones mucho más grandes en tu vida. He descubierto que debido al deseo de nuestro Padre de que crezcamos, Él puede darnos impresiones suaves, casi imperceptibles que, si estamos dispuestos a aceptar sin quejarnos, se agrandarán para convertirse en una impresión más clara de Su voluntad. Esta revelación viene por nuestra fe y nuestra voluntad de hacer lo que Él pide, aunque deseáramos algo más.

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Nuestro Padre Celestial te ha invitado a expresar tus necesidades, esperanzas y deseos con Él. Eso no debe hacerse en un espíritu de negociación, sino más bien como una voluntad de obedecer Su voluntad sin importar la dirección que tome. Su invitación de “Pedid y recibiréis” (3 Nefi 27:29) no garantiza que obtendrás lo que deseas, garantiza que obtendrás lo que necesitas, como lo juzga un Padre que ama de manera perfecta y que desea tu felicidad eterna incluso más que tú mismo.

Reconocer la mano del Señor en tu vida y aceptar Su voluntad sin quejas no elimina inmediatamente las luchas que vendrán para tu crecimiento, pero soy testigo de que es la mejor manera para que encuentres fortaleza y comprensión. Eso te liberará de los callejones sin salida de tu propio razonamiento y permitirá que tu vida se convierta en una experiencia productiva y significativa, cuando no sepas cómo continuar (DyC 24:8).

El plan del Señor es que puedas vivir con Él y ser grandemente bendecido. La velocidad con la que calificas está determinada generalmente por tu capacidad para madurar, crecer, amar y dar de ti mismo. Él te está preparando para llegar a ser como Él es. No puedes entender completamente lo que eso significa, sin embargo, Él si lo sabe. Mientras confías en Él, busques y sigas Su voluntad, recibirás bendiciones que tu mente natural no puede entender aquí en la tierra.

Este artículo fue escrito originalmente por Richard G. Scott, extracto del libro “21 Principles” y fue publicado por ldsliving.com bajo el título: When God Says “No” to Something We Deeply Want: Powerful Insights from Elder Scott